Waldemar Méndez

CON EL ESTILO DIRECTO QUE LO CARACTERIZA COMO COMENTARISTA, WALDEMAR MÉNDEZ CONFIESA QUE EXISTE UNA GUERRA FRÍA ENTRE EL PERIODISTA Y EL EX FUTBOLISTA. Y CON LA ECUANIMIDAD QUE TAMBIÉN ES SELLO SUYO, OPINA QUE ES COMPRENSIBLE QUE UN JUGADOR QUE VIENE DE UN MEDIO DE POCA CULTURA, SE PONGA SOBERBIO SI DE REPENTE SE ENCUENTRA CON 15 MILLONES DE EUROS POR AÑO. “PERO INDEPENDIENTE DE ESO -CONCLUYE- PARA MÍ SON TIPOS QUE LE HAN GANADO A LA VIDA”.


Texto Manuela Jobet Fotos Sebastián Utreras

En un juego donde simular es un arte, donde el encargado de impartir justicia no siempre lo hace en forma “ciega”, en el que la línea entre tener carisma y ser divo se cruza permanentemente, y donde al talentoso se lo exime del trabajo duro, encontrar a alguien honesto, justo, humilde y trabajador es una refrescante novedad.  

Waldemar Méndez (47) lleva 25 años en Chile. Llegó a los 17 a perseguir su carrera de arquero en un medio menos competitivo que el argentino. Su estatura no le iba a permitir ser un portero destacado, pero “en lo futbolístico no me arrepiento de nada de lo que hice. Fui súper serio, profesional y desarrollé una carrera en relación a mis capacidades, tampoco tenía para mucho más”. Es así como siempre pensó en su vida después del fútbol, una en la que no viviría a expensas de lo que una carrera exitosa y prolongada en Europa puede costear. Se capacitó para ser un comentarista deportivo sin tener las anchas espaldas de alguien con más nombre. Y su estilo directo, su análisis justo y su poco afán por los reflectores lo posicionan hoy como uno de los mejores del medio.

Hay muchos argentinos haciendo carrera en Chile, ¿pensaste que ibas a jugar tanto tiempo acá? Cuando me salió la oportunidad dije voy, voy y pruebo a ver cómo me va. Si no me salía me iba a ir a estudiar chef a España. La venida a Chile fue darme una última oportunidad a ver si me resultaba, y a partir de ahí empecé un camino que no ha tenido fin. Un poco  cosas del destino. Yo no era un jugador reconocido en Argentina, y lo que soy acá en Chile es producto de lo que fue saliendo y de lo que fui construyendo. Me fui apoyando fuera del fútbol como persona, tratando de respetar lo que hago, de respetar al de al lado, siendo lo más educado posible. Cuando llegué, yo mismo me molestaba cuando veía que los argentinos se tomaban Reñaca gritando, eso lo encontraba desubicado. A mi no me va eso de llevarme el mundo por delante, menos si estoy en otro país. Yo te respeto lo más que puedo y trato de defenderte lo más que puedo.

¿Funciona todo muy distinto en Argentina?
Para mi Chile sigue siendo un medio que no es futbolizado. El país te entrega la garantía de que si estudias, vas a tener un futuro, y me parece que está bien que sea así. En Argentina puedes ser doctor y terminar manejando un taxi o atendiendo en un restorán, porque el país no te ofrece esa garantía. Chile, su crecimiento y lo bien que está en el contexto sudamericano, te ofrece seguridades que el fútbol no te otorga, o que es muy difícil ganar. Acá no tienes canchas en ninguna parte, no ves a los chicos jugando fútbol. En Argentina y Brasil juegan en cualquier plaza, en la playa. Acá hay una visión totalmente diferente de esto, y a la larga hace que aceptes más o menos la actividad. Yo creo que en Chile no validan al futbolista como alguien que tiene estudios, siendo que pueden alcanzar iguales o mejores condiciones económicas. Las seguridades y el marco que te otorga este país, ofrece mayores garantías.

La carrera del futbolista es corta y no todos logran enriquecerse. ¿Siempre pensaste en el futuro? Mis viejos siempre fueron, y son, de incentivarme a hacer lo que me gusta, pero con un grado de conciencia, de poner los pies en la tierra y tener claro que no todos llegan a ser Vidal o Messi. Que no todos tienen el futuro asegurado para siempre cuando dejan de jugar al fútbol. Es más, te diría que el 98% no está salvado para toda la vida, tienen que trabajar. Tiene que ver con ser consciente de que eres viejo para el fútbol, pero joven para la vida, porque te retiras a los 32 o 35 años y tienes mucho para hacer. Estás apostando por una carrera poco convencional, en la que solo algunos fenómenos logran destacar y lucrar como para toda la vida en tan corto tiempo. Mis viejos entienden la vida desde ese punto de vista.

El fútbol ofrece una movilidad social muy rápida, ¿qué análisis social puedes hacer de eso?
Cuando uno logra llegar a los niveles de Messi o Sánchez, el choque es muy potente en todos los aspectos. Primero, porque eres dueño de hacer lo que quieras porque tienes los recursos. Segundo, a veces no estás preparado culturalmente para enfrentar un lugar que te toca frecuentar. Tuve amigos que terminaron saludando a la Reina Isabel en Inglaterra y no tienen mucha idea de cómo proceder. Pero creo que eso a la vez te eleva el nivel personal al cual quizá estabas destinado. Yo creo que el fútbol es uno de los deportes que más gente pone al servivio de la sociedad, porque rescata a muchos de muy abajo. Muchas veces tenemos esta dicotomía de opinión quienes comentamos fútbol, vemos a un fenómeno como Vidal o Maradona, por poner dos ejemplos, que como jugadores son unos fenómenos, y los quisiera yo para mi equipo, pero en lo extra futbolístico no. Algunos son buenos futbolistas pero no buenos deportistas. Yo no solamente me ciño a lo que entregan dentro del campo de juego, sino también a lo que entregan fuera.

¿Influye también la edad?
La madurez biológica no siempre tiene que ver con la madurez futbolística. Hoy en día se les exige una madurez futbolística cada vez más anticipada. A los 16 o 17 años algunos ya valen millones de dólares, y sin embargo, a esa edad una persona común ni siquiera sabe lo que quiere para la vida. Muchas veces el error es de quienes les exigimos, obviando algunas carencias que pueden haber tenido de chicos, o alguna influencia que tuvieron en su entorno, con su familia, con su barrio, con las posibilidades económicas. Yo encuentro que es muy difícil pasar de ser un chico que no tenía para comer, a ser un tipo que se puede comprar lo que quiere. No debe ser fácil, incluso para una persona formada, encontrarse con 15 millones de euros por año. Es difícil no creerte el dueño del mundo a veces, y ser un poco soberbio. Es difícil ponerles a un tipo al lado al que le tienen que hacer caso si ellos ganan el doble y son multimillonarios. Independiente de estos defectos, que tienen más que ver con lo que les tocó vivir a ellos, para mí son tipos que le han ganado a la vida.

Compartes panel con Barticciotto y Borghi, ¿te costó abrirte espacio para llegar a eso?
Sí, porque en la televisión en general la valoración de la palabra de quien expone una idea viene de su recorrido como jugador, por su nombre, por lo que hicieron en la cancha. Lo digo por el Bichi, por Barti, por Dante (Poli), por el Loco Abreu, por Sergio Vargas. Yo no tengo ese recorrido. Ni siquiera he sido seleccionado, ni de Argentina ni de Chile, entonces mi valoración tiene que venir sí o sí por el conocimiento, y apoyada por el análisis. Un análisis sintético, concreto y que tenga un sentido común que te haga posicionarte en la opinión pública. Yo el respaldo me lo he ido ganando como comunicador solamente, porque como futbolista muy pocos me conocían.

¿Un buen comentarista tiene que haber sido necesariamente un buen futbolista?
Yo no voy a decir que el hecho de haber jugado te haga mejor que otros que no jugaron. Para mi ambos pueden aportar desde su formación. Digo esto porque existe una guerra fría entre el periodista y el ex futbolista. Yo creo que cada cual aporta desde su visión, desde su vereda, desde su formación. Lo que te hace ser un buen comentarista es estar leyendo permanentemente de los técnicos más importantes, lo que proponen, los movimientos que hacen. Estudiar la jugada que les permite ser diferentes y ganar el partido. Yo como comentarista tengo que tratar de descubrir eso. El fútbol no es matemático, no es exacto. Cuando uno va a comentar, tiene que lograr decir algo importante y potente de manera sintética. Eso es lo más difícil, y es independiente del conocimiento, porque tengo que calcular que lo debo decir en poco tiempo, entre área grande y área grande. Darle un valor agregado a esa imagen en un tiempo demasiado resumido y de forma potente para que valoren mi opinión. Eso es lo que te hace marcar la diferencia, en definitiva. Ser comentarista no es una carrera que se estudia, es algo que no cualquiera puede hacer, por más que hayas jugado. Ahora, tampoco porque seas el mejor promedio de la escuela de periodismo vas a ser un buen comentarista. Tienes que aprender a ser un buen comentarista con tus conocimientos.

¿Cómo es el ambiente del periodismo deportivo en Chile?
Es un poco como ser futbolista: todos te atienden, vas a un lugar y te sientan aunque esté todo reservado, llegas al aeropuerto y tienes un bus esperándote. Todo está al servicio tuyo y la televisión tiene un poco de eso también. El hecho de que sea un grupo tan reducido o cerrado, lo hace muy deseable para el entorno, entonces se vuelve un mundo de egos, competitivo, donde es difícil conocer a las personas realmente. Las personas se conocen fuera de la televisión, no dentro.

¿Crees que en todas partes funciona así el medio?
Creo que sí. Son lugares codiciados, porque la televisión te entrega un posicionamiento, una influencia que es muy difícil de lograr fuera de los medios. ¿Por qué Twitter tomó tanto auge? Porque una persona anónima, desde el living de su casa, puede tener cierta influencia u opinión. Nosotros, los que trabajamos en televisión, tenemos eso todos los días. Es un trabajo de exposición y creo que hay mucha gente que quisiera estar ahí. También es muy arriesgado, porque cuando lo tienes todos los días es como estar en el living de tu casa y a veces te olvidas de que te están escuchando. Uno tiene que guardar cierta compostura a nivel social, ser políticamente correcto, pero hay veces en las que no quieres ser políticamente correcto. O te olvidas que están las cámaras y dices algo que no hubieses dicho si estuvieses consciente de que te están viendo 100 o 200 mil personas.

¿Tienes amigos?
Tengo, pero de los grupos en que participo fuera de la televisión. Dante (Poli) es muy amigo mio, pero lo conocí antes de entrar en la televisión. De hecho, en Chile tengo muy pocos amigos. Soy de pocos amigos porque el amigo para mi es el que puede ir a mi casa si yo no estoy. Me cuesta mucho abrirme. En Argentina tengo tres amigos y acá te podría decir que dos, en 25 años. Es muy difícil tener gente del círculo de confianza de uno. Tengo gente conocida, compañeros de profesión con quienes me puedo llevar bien o más o menos, pero para mi un amigo es casi un hermano, o un hermano.

¿Cómo es tu relación con los jugadores y dirigentes?
Trato de no tener relación, ni contacto, ni nada. Muchas veces me piden que me consiga camisetas para algún evento de beneficencia, por ejemplo, y yo digo que no tengo contactos. Trabajo en esto pero no quiero tener contactos ni quiero que nadie influya en mi opinión. Si le pido una camiseta a Valdivia y me la regala, no quiero después tener que opinar en su favor o deberle algo. No quiero tener complacencia con nadie, quiero ser lo más honesto posible con lo que pienso y, para mí, eso se consigue sin tener una relación personal con alguien o cierto vínculo con dirigentes o jugadores.

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