Verónica López

40 AÑOS DE REVISTAS

EL LIBRO DE VERÓNICA LÓPEZ, RECIENTEMENTE PUBLICADO, RECORRE 40 AÑOS DE REVISTAS FUNDADAS POR LA PERIODISTA. CONTIGO, COSAS, SEMANA, MASTERCLUB, CARAS Y EL SÁBADO DE EL MERCURIO, SON ALGUNAS DE ELLAS. CAROLINA GARCÍA HUIDOBRO, RECUERDA EN ESTAS PÁGINAS CÓMO FUE COMENZAR AL ALERO DE ESTA GENIAL PERIODISTA.


Texto Carolina García Huidobro Fotos Archivo personal Verónica López

Llegué a la revista Caras en el verano de 1989 poco después de su inicio y lo recuerdo como uno de los mejores momentos de mi vida. En esa casa de la calle San Crescente era imposible no sentirse viva y hasta un poco protagonista de la apertura de Chile al mundo y de un mundo que derribaba murallas que parecían imposibles. Caras era un lugar de trabajo soñado para los tiempos que vivíamos, el espacio de vanguardia donde los chismes del couché y las fotos de los más elegantes comulgaban a sus anchas con el análisis político y el espesor intelectual. Donde ser joven y confiar en el futuro no era antagónico con mirar y respetar el pasado. Donde el periodismo coqueteaba con la literatura; y la política y la cultura volvían a estar de fiesta.

Recién salidas de la universidad, con varias del equipo nos sentíamos tan honradas de poder compartir la pauta con periodistas y escritores de la estatura y experiencia de Elizabeth Subercaseaux, Malú Sierra, Claudia Donoso, Marcia Scantlebury, Marco Antonio de La Parra o Antonio Skarmeta, entre muchos. Ninguno llegaba a las reuniones a dictar cátedra, sino a compartir un espacio creativo y plural que ansiaba tomarle el pulso al Chile de ese momento. ¡Cómo valoraba y me desafiaba cada vez que “la Mane” Wood -primera y decisiva editora general- se sentaba frente a mí para corregir y comentar en detalle cada texto! En esa casa de dos pisos estilo francés, se respiraba libertad y ganas de recoger de una manera habilosa este espíritu de los tiempos que desvelaba a ese mundo ochentero sin internet ni celular.

Caras tuvo la gracia de definir una identidad muy clara: se la jugó por interpretar las ansias de apertura, pluralidad y diversión con una nueva propuesta gráfica y editorial que asombrara a los lectores. Una estética donde el diseño de Ignacio Pérez Cotapos y las fotos de Ana María López, Marcelo Agost, Iván Petrowitsch y Julio Donoso hacían que los protagonistas de la actualidad lucieran gloriosos. La revista también fue una escuela de trabajo y buen periodismo para muchos profesionales que luego han sobresalido y dejado una marca en otros espacios y medios. En Caras se trabajaba mucho y bien, y lo pasábamos mejor…. La persona que “tramó” todo esto, el cerebro y motor de este exitoso proyecto editorial y comercial, la voluntad entusiasta que eligió a las personas adecuadas, que aglutinó experiencia y juventud, osadía y respeto, esa fue la Vero López. Ella cargaba kilos de conocimiento del negocio de revistas: antes como fundadora de Cosas y de Semana, en Colombia. Con esa experiencia a cuestas fue atrevida y generosa a la vez, y le abrió la puerta a tantos profesionales que nadie conocía, dejando brillar a otros sin hacer cálculos mezquinos, haciendo escuela en meritocracia. Un mérito mayor.

La Vero ha sido una emprendedora que ha asumido riesgos y desafíos con un tesón y entusiasmo a prueba de balas. Nunca la he visto tirar la esponja, desanimarse o decir “estoy cansada”. Formó Caras, la dejó volando alto con Paula Escobar a la cabeza, y luego partió todo de nuevo iniciando Revista Sábado de El Mercurio; lo mismo pasó con su último proyecto, Antílope.

Siempre tramando algo nuevo, lejos de la zona de confort, ésa ha sido la productiva trayectoria de Verónica López. Y su norte no ha estado sólo en el negocio, donde por lo demás ha conocido el éxito. Sin duda, ha buscado dejar algo más en las páginas de esas revistas y sobre todo en sus equipos. Eso es un sello propio, una escuela de periodismo.

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