Traje de baño con nariz

COMO NOS CAMBIA LA VIDA UN CHARQUITO DE AGUA. UN CHAPUZÓN, UN PIQUERO, UNA SIESTA POST PLAYA NO TIENEN PRECIO. PERO CLARO QUE DE POCO SIRVE UNA PISCINA O LOS MÁS DE CUATRO MIL KILÓMETROS DE COSTA CHILENA SI NO SE CUENTA CON LA INDUMENTARIA AD-HOC PARA APROVECHARLOS. Y OJO, QUE NO NOS REFERIMOS A CUALQUIER TAPARRABO; PORQUE NADAR, RETOZAR EL SOL O HACER ESCALOPA ES UN ARTE, Y COMO TODO ARTE, LA FORMA ES TAN IMPORTANTE COMO EL FONDO. 


Texto Richard Sharman Ilustración Ignacia Hofmann

El traje de baño es una especie de marcapasos de la moda. Abran cualquier álbum de fotos, revista o registro veraniego del pasado y podrán de inmediato identificar la década, o incluso el año en que se tomó tan solo pesquisando los trajes de baño de moda. ¿El traje de baño surfista?, muy 2000; ¿el preppy? muy 2010; ¿el preppy rallado?, muy 2013; ¿el corto-corto brillante? muy 70’, y así sucesivamente.  No obstante, podrán sin falta encontrar un infiltrado atemporal y desvergonzado, sea cual sea la década. Hablamos, por supuesto, del traje de baño con nariz. No hace falta mayor introducción que su nombre para de inmediato invocar la desafortunada imagen de algún familiar culpable de la trompa de lycra.

No se equivoquen: el traje de baño con nariz no es algo vintage, old school, setentero ni ‘de natación’. No, no. Es síntoma, únicamente, de total falta de empatía con el espectador. Un mal innecesario y una dosis fálica no solicitada.

La buena noticia es que evitarlo es sumamente sencillo, y no hay que sacrificar absolutamente nada de comodidad para lograrlo.

Si no quiere traje de baño tipo short, recurra al speedo tipo trunk que otorga movilidad, comodidad y además compasión con el prójimo.

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