LA LARGA HISTORIA DE UNA PARTE PEQUEÑA, CERRADA Y LLENA DE CÓDIGOS MISTERIOSOS Y ABSURDOS DE LA VIDA SOCIAL DE UNA CIERTA CLASE CHILENA, LA MÁS PODEROSA Y A SU VEZ LA MÁS COMPLEJA, ES LA QUE HA ALIMENTADO LITERALMENTE JUAN PABLO JOHNSON LOS ÚLTIMOS 30 AÑOS. EL MÁS DESTACADO E INFLUYENTE BANQUETERO QUE HA EXISTIDO, EL QUE INVENTÓ UN ESTILO, SE RETIRA. REPASAMOS SU VIDA.


Texto Nina Mackenna Fotos Sebastián Utreras y Fernando Gómez

Pablo Johnson tiene 58 años y no tiene canas, ninguna. Se ha dedicado la vida entera a hacer los más fabulosos banquetes para sus clientes y las más fascinantes fiestas para sí mismo y sus amigos. Ha ejercido una profesión que, como la conocemos, la inventó él y cuyo nombre no existe en la RAE: la banquetería.

Habla bajo y calmado casi todo el tiempo, hasta que habla alto y se exalta, los ojos se le salen de las orbitas y alecciona a su interlocutor aleteando los brazos, con pensamientos que brotan de la guata, sin reflexión, sin cocimientos de fuego lento y largo, solo emergen, instintivas, sus ideas. Después de conversar con él un rato, se entiende que en su vida las cosas simplemente fueron sucediendo. Jamás fueron parte ni de un plan ni de algún trazado de hombre visionario, sin embargo, todos sus pasos han sido, muy a pesar de su intención, una especie de zancadas de gurú que consigue ver allí donde otros están ciegos.

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Reina Sur

LA CASA EN COLINA DEL BANQUETERO JUAN PABLO JOHNSON ES UN PROCESO, NO UN RESULTADO. POR LO MISMO ES QUE SU DUEÑO SE REFIERE AL ESPACIO COMO UNA CREACIÓN EN CONSTANTE EVOLUCIÓN, CUYA GÉNESIS ES INTUITIVA Y DE RITMO PROPIO. ES UNA CASA DE DIFÍCIL DEFINICIÓN, INCLUSO PARA SU DUEÑO, QUIEN LA OCUPA RELIGIOSAMENTE DE JUEVES A SÁBADO HACE 27 AÑOS Y DONDE SE HACEN ADEMÁS, LOS MEJORES EVENTOS DE SANTIAGO. EN UN ESFUERZO POR DEFINIRLA TIRAMOS AL AIRE DESCRIPTORES COMO “ECLÉCTICO”, “ORGÁNICO”, Y OTROS SIMILARES, PERO LO CIERTO ES QUE TODOS LE QUEDAN CORTOS.


Texto Richard Sharman Foto Vicente García Mekis

Reina Sur es el nombre de esta casona de más de 200 años, convenientemente ubicada a sólo media hora de Santiago. Las dos palabras de su nombre le vienen como anillo al dedo a su acampada sencillez, cuyos colores desgastados rinden tributo tanto al paso del tiempo como al campo chileno, quienes le acompañan perpetuamente. Es una casa siempre abierta a amigos, llena de plantas y colores que invitan no a la contemplación sino al uso, como actores sobre un gran escenario. Cada pieza tiene una historia, y absolutamente todo lo que hay en la casa, se usa. “No me interesa que la casa sea de catálogo, sino que la gente se sienta bienvenida, la use y participe de sus espacios. Es una casa para vivir, para celebrar”.

Tras pasear por sus largos pasillos e inusuales espacios, nos queda claro que la Reina Sur y su dueño comparten, por sobre todo, una característica medular: la generosidad.