FAMILY BUSSINES

SU CASA TIENE MÁS DE 100 PIEZAS Y EN SU COMEDOR RECIBEN DECENAS DE INVITADOS DIARIOS. LA CALIDEZ Y CERCANÍA CON LA QUE LOS SANZ ATIENDEN EL RECIÉN REMODELADO HOTEL BOUTIQUE BIDASOA Y EL CLÁSICO RESTAURANT PINPILINPAUSHA TIENE UN NIVEL DE DETALLE Y DEDICACIÓN QUE SÓLO PUEDEN ALCANZAR POR EL HECHO DE HABER CRECIDO EN ESTOS ESPACIOS.


Texto Manuela Jobet Foto Sebastián Utreras

El restaurante del hotel Bidasoa es, para sus silenciosos y egoístas fanáticos, un oasis en Santiago. Uno de los secretos mejor guardados de nuestra capital. Nadie quiere exponerse a perder su lugar en este reducto culinario extraordinario, por lo cual no se corre la voz.

Uno de los magnetismos del restaurante, más allá de su carta deliciosa, está en los personajes de la familia que lo maneja. Atractivos y simpáticos, cada uno de los hermanos y hermanas Sanz son, podría decirse, parte fundamental de la decoración. Siempre se puede ver ahí a alguno dando vueltas. Se les ve disfrutando, probando, compartiendo con los clientes y amigos, pero lo cierto es que están trabajando.

Más que un negocio, esto es para ellos su casa. Una tradición familiar que empezó en Chile hace 77 años con el icónico restaurant Pinpilinpausha –del que también son dueños-, y que hoy sigue corriendo por las venas de esta familia, que en unas semanas inaugurará la extensión del hotel Bidasoa encabezada por tres de los hermanos Sanz Raab: Mauricio, Maritxu y Andrea.

Todo lo que tiene Bidasoa es Sanz. Los platos de la carta -donde hay una generosa y gustosa parte dedicada a comida vegana, sin gluten y baja en carbohidratos-, así como la oferta de vinos que incluye un apartado sin sulfitos, son un concreto y fiel reflejo de una necesidad que parte de ellos mismos por mantenerse sanos en medio de una rutina de trabajo que no conoce de horarios. Manifiesto que también se traduce en la música que suena de fondo, en la decoración de cada rincón, en el ambiente. Nada está ahí al azar.

Emplazado en pleno barrio Vitacura, pese a la nueva escala que tendrá el nuevo proyecto –pasará de 35 a más de 100 piezas-, su sello está en no perder el status de hotel boutique, status que tiene como premisa la inclusión de sus dueños y que ahora se intensificará más aún cuando sus papás Mauricio Sanz y María Elena Raab, junto a dos de sus hijas, se vayan a vivir ahí. ¿Qué mejor? Atención personalizada las 24 horas, comida a la carta, room service, piezas decoradas por Grisanti+Cussen, jardín con una sensata piscina y un concurrido bar. El sueño de cualquiera. La tradición tiene un punto de encuentro con la innovación.

“Buscamos lugares que se note que tienen vida, espíritu, tiempo. Que entres a un living, a un comedor, a una barra y te des cuenta que hay un cuento que sale de lo común”, dice Mauricio. “Espacios atemporales que te hagan sentir que estás en un lugar único”.

La idea al final, es que quienes están ahí se sientan como en su casa. O mejor, entonces el desafío está en dar un servicio mayor. Prueba de ello es la florería que montarán el próximo año donde quienes vayan podrán degustar los más selectos espumantes mientras compran arreglos y ramos, o la barbería pensada para los hombres que quieran tener un nuevo look al tiempo que se toman un gin and tonic, para así seguir teniendo el sello de calidad y calidez que caracteriza sus emprendimientos.

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