BAJO PERFIL

LA TUVO EL TENIS HACE ALGUNOS AÑOS DE LA MANO DE RÍOS, GONZÁLEZ Y MASSÚ. TAMBIÉN EL FÚTBOL CON UNA CAMADA DE JUGADORES IRREPETIBLES Y DE PRIMER NIVEL QUE LLEVÓ A CONSEGUIR DOS TÍTULOS DE AMÉRICA, ALGO INÉDITO EN LA HISTORIA DE LA ROJA. AHORA TODO PARECE INDICAR QUE LE LLEGÓ EL TURNO AL GOLF DE TENER SU PROPIA GENERACIÓN DORADA.


Hay evidencia de sobra para sostener este presagio, fundamentalmente por dos jóvenes amigos de 18 y 19 años que están dando que hablar. Joaquín Niemann es el amateur #1. Este año recibió la medalla McCormack al golfista más destacado del año (honor que por primera vez recae sobre un latinoamericano), y clasificó para jugar en 2018 en el US Open y The Open Championship, dos de los cuatro majors del circuito profesional. Otro de los torneos denominados grandes es el Masters de Augusta, acaso el más tradicional de los certámenes, y donde sólo dos chilenos habían jugado en sus más de 80 años de historia. En abril de este año, Tomás Gana se transformó en el tercer golfista nacional en hacerlo.

Hay un factor común en estos jóvenes talentos que explica su exitoso presente y auspicioso futuro: su entrenador.
Eduardo Miquel fue destacado por la prestigiosa revista Golf Digest como uno de los mejores entrenadores del mundo. Pero él se mantiene lejos de los reflectores y rebota el brillo a sus pupilos. “Tengo la suerte de trabajar con jugadores muy disciplinados y que le ponen mucha pasión también”, dice en relación a una de las claves de su éxito. ¿La otra? Trabajo y dedicación. Miquel dirige y entrena en su escuela del Club de Polo y Equitación San Cristóbal, así como en el centro de alto rendimiento de la FCHG durante doce horas diarias. Aprovecha al máximo la luz de día y recorre junto a sus alumnos los 18 hoyos y las zonas para trabajos específicos. Aparte de Niemann y Gana, su academia cuenta con jóvenes promesas y otros más consolidados exponentes como Benjamín Alvarado, Guillermo Pereira, Claudio Correa, Antonia Matte y Jan Hellema, entre otros.

Miquel, de 36 años, lleva 10 como coach pero casi toda su vida como jugador. A sus golfistas, trata de transmitirles no sólo todos sus conocimientos técnicos, sino que la experiencia de saber qué siente un jugador bajo presión en ciertos momentos clave. La paciencia en esto es una de sus virtudes, algo de lo que carecía en su época de jugador, por lo exigente y autocrítico que era consigo mismo.

Hay muchos factores en la carrera de un deportista que determinan su éxito al largo plazo y al más alto nivel. Uno de ellos es la materia prima. Otro, el constante perfeccionamiento que sólo un entrenador de elite puede dar. En este caso, Chile cuenta con ambos factores para soñar con una generación dorada con Eduardo Miquel como el arquitecto de esta obra que recién está solidificando sus cimientos.

Una generación dorada no solo nace, también se construye.