Peter Gordeno de Depeche Mode

SOLIDEZ SÓNICA

PESE A QUE MUCHOS ASÍ LO QUISIERAN, POCOS PUEDEN DECIR QUE EFECTIVAMENTE MOLDEARON SÓNICAMENTE A TODA UNA GENERACIÓN. SIN EMBARGO, EL TECLADISTA DE DEPECHE MODE PETER GORDENO, NO SOLO PUEDE DECIRLO, SINO QUE POSEE UNA INTERMINABLE LISTA DE CREDENCIALES Y TESTIGOS QUE RESPALDAN SU PROEZA.


 Galo de la Huerta Foto Pato Mardones

Como parte de la icónica banda Depeche Mode, a la que se sumó en 1998, Gordeno se consagró como una estrella en la industria de la música británica por su capacidad de entender y nutrir la identidad de los artistas con quienes ha trabajado sin aplanar ni complacer, sino alcanzando un delicado balance intermedio. A su haber están, entre otras, canciones tan icónicas como el cover Miss Sarajevo de George Michael, ocasión en la que además trabajó con el piano en que John Lennon compuso Imagine, el cual Michael compró el año 2000 y luego donó al museo de The Beatles en Liverpool. Nos juntamos en el bar del Hotel Conservatorioum -a un costado del Vondelpark de Amsterdam- en el marco de su más reciente gira por Europa y Estados Unidos. Afuera está nevando, pero en el interior del hotel cuatro enormes chimeneas hacen del setting el lugar perfecto para una buena conversación acerca de legado, tecnología y melodías.

A la hora acordada se abre el ascensor del hotel y de su interior emerge Peter tal cual se le ha visto siempre sobre el escenario, como si no le pasaran los años: vestido de negro, pelo alborotado y de primera impresión, algo apático. Su acento es inconfundiblemente británico y su cadencia es pausada. Pero lo que parecía apatía, de inmediato se derrite cuando se menciona la palabra mágica: música.

No pareces cansado, y sin embargo estás en pleno tour. ¿Cómo es la vida de gira?
Estoy acostumbrado y me lo tomo con la mayor tranquilidad posible. El estrés puede arruinar la experiencia sobre el escenario y el público se da cuenta de inmediato. Para nosotros es clave sentir cada público de manera auténtica, particularmente en el marco de una gira. Llevamos ya 14 meses en este tour, pero hemos disfrutado cada lugar al máximo. Originalmente terminábamos en Sudamérica, pero el último disco ha tenido muy buen recibimiento por parte del público, por lo que decidimos sumar una serie de apariciones en festivales europeos.

Hay más gente viva en este minuto que quiere ver a Depeche Mode que nunca antes. ¿A qué crees que responde este fenómeno?
El fan base varía mucho de lugar en lugar, sin embargo, es cierto que en este minuto hay una intersección generacional en torno a la banda. Es inusual que esto suceda, pero creo que se debe en gran medida a que Depeche es en parte responsable de ciertos aspectos de la identidad musical que hoy está vigente.

¿Existe alguna ‘fórmula’ al respecto?
La industria musical es sumamente dinámica, y por lo mismo, se castiga mucho la edad de una banda o un artista. Muchas veces se quiere encasillar a artistas con recorrido y experiencia en la categoría de ‘patrimonio musical’, lo cual no es necesariamente malo, pero eso aún no nos sucede a nosotros. Estamos en un filo muy singular, y creo que se debe a que no nos esforzamos por encajar en tendencias y ajustarnos a ‘lo que gusta’. Si lo hiciéramos no seríamos Depeche, así de simple. De vuelta a tu pregunta, creo que no hay una fórmula propiamente tal, sino que simplemente se logra manteniendo una identidad sin prostituirse a una tendencia. Las tendencias son peligrosas porque es fácil adoptarlas como propias, aún cuando no lo son.

Bandas como Depeche Mode han tenido que vivir el proceso adaptativo de la tecnología. ¿Cómo ha sido ese proceso?
Hoy la tecnología juega un papel fundamental en la vida de un artista o banda. En este sentido, es interesante entender el involucramiento que tenía mi generación con la música versus el que tienen las nuevas generaciones. Recuerdo perfecto haber esperado meses a que saliera un disco y el proceso que eso significaba. Ahorrabas, corrías a comprarlo y escuchabas las mismas 10 canciones durante meses. Tu música era tuya, invertías y le sacabas el jugo a tu inversión. Para un millennial eso sería impensable: estar atado a un disco durante meses, tener que respetar la curaduría de un disco, el orden de las canciones y el por qué fueron dispuestos de cierta manera. Ese orden también queda en la memoria. Al estar “financially invested” existía un respeto por el producto y la manera en que fue pensado para el público.

¿Cuál fue el primer disco que compraste?
Uno de Stevie Wonder, a los 12 años. Ese fue el primer disco que vino de mi bolsillo, la primera música que escuchaba activamente. Ese disco además me convenció de que esto era lo que quería hacer, me abrió las puertas a la música.

¿Te parece que la nueva forma de consumo va en desmedro de la industria?
No sé si ésa sea la palabra. Lo cierto es que las cosas son muy distintas hoy en día. Incluso en cuanto al proceso de maduración de una canción. Uno la escuchaba y re-escuchaba y después de un mes el disco era algo completamente distinto. Maduraba, evolucionaba. En la descomposición de un disco hay canciones que se pierden porque requieren mayor tiempo de maduración. No complacen al oído de inmediato, sino en segundas derivadas. La forma de consumo actual no permite ese tiempo de maduración. En la posibilidad de ser curador de tu propio contenido se pierde la influencia de un externo. Nos volvemos ecos de nosotros mismos, y pese a que contamos con muchísimas más instancias de exploración, inevitablemente nos limitamos a nuestro propio gusto, a nuestras propias barreras y por lo mismo, a callejones sin salida. Puede parecer óptimo, pero a la larga uno termina por aburrirse del eco de su propio gusto.

¿Hay alguna figura hoy en día que consideres una promesa?
Tiendo a desconectarme de cosas que se suman a una tendencia en lugar de crearla. En ese sentido existe un factor clave de timing, no solo de la música propiamente tal, sino de uno mismo como ser humano y consumidor musical. De momento no me viene nada a la cabeza, pero no por eso significa que no exista, sino tiene que ver conmigo mismo.

 

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