Paulina Núñez

Paulina Núñez
“NO ME ACHICO ANTE NADA, SÉ LO QUE QUIERO Y LO QUE VALGO”

LA DIPUTADA HABLA DE SUS PLANES DE MATERNIDAD, DE SU VIDA EN ANTOFAGASTA, DEL CAMINO QUE HA RECORRIDO PARA LLEGAR AL CONGRESO Y LEVANTA LA VOZ POR LAS CAUSAS QUE AFECTAN AL PAÍS. 


Texto  Carolina Méndez Foto Sebastián Utreras  Producción Nazareth Bastías 

Pide un té solo en un café de Vitacura, aunque si quisiera se podría tomar un helado con crema o comer un gran pastel de manjar y no subiría un gramo. Genéticamente, la diputada y Vicepresidenta de Renovación Nacional, Paulina Núñez, dice “tener la suerte” de comer todo lo que quiere sin engordar. “Toda mi vida he sido flaca, de chica era una pelea eterna con mi mamá desde que me sentaba a la mesa. Era mala para la comida de casa, pero me encantaba la chatarra. Estaba tres horas sentada frente al plato y después me volvía a sentar con la comida recalentada”, cuenta la diputada por el distrito 4 (Antofagasta, Taltal, Sierra Gorda y Mejillones) de 1,68 mt. y 50 kilos vestida con unos pantalones pata de elefante verde opaco.

Paulina es de vitrinear, no le gustan los malls y prefiere recorrer tiendas al aire libre en calles como Alonso de Córdova y Nueva Costanera. “La verdad es que soy trapera y mis fetiches son los pantalones”, dice con algo de culpa reconociéndose como “buena para la talla” y para el baile.

Pero de vanidosa, dice, tiene poco. Se maquilla casi nada, cuenta que debió hacerlo cuando comenzó a dar entrevistas con su llegada al Congreso, hace tres años. “Me pongo una buena crema en la mañana, encrespada de pestañas y se acabó; nunca me vas a ver con sombra o el ojo delineado”, confiesa con su sonrisa amplia que la acompaña toda la entrevista.

Y añade: “de repente escucho que explote más eso de lo bonita, porque en muchas fotos o en la tele salgo como enojada. Y es que nunca ando con escote ni con mini, prefiero ropa más anchita que deja para la imaginación”, comenta riendo la diputada quien viaja de lunes a miércoles al Congreso (donde integra las comisiones de Defensa, Energía y Minería de la Cámara de Diputados) y que los jueves se va a Antofagasta, su ciudad natal.

Se reconoce acelerada, “de andar a mil por hora”. Su asesor, Sebastián Zúñiga, periodista y jefe de Comunicaciones de RN, cuenta que cuando él va, ella ya viene de vuelta. “No solo es de iniciativas, es muy ejecutiva, es de concretar las ideas en poco tiempo”, afirma.

¿Quizá por tu estilo de trabajo 24/7 es que no engordas?
Yo creo que mi metabolismo anda a mil; las ideas en mi cabeza para intentar mejorar las cosas en Chile no paran.

A lo Cameron Díaz

El tatarabuelo paterno de Paulina, Manuel González, era santiaguino y a los 18 años se fue de Santiago a Antofagasta para combatir en la Guerra del Pacífico. Descendencia patriota que la diputada dice llevar en la sangre. Aunque su gran influencia para llegar al mundo político, cuenta, viene de su abuelo, Guillermo Núñez, contador y militante del Partido Nacional, quien murió de cáncer en 2011. “Él siempre me aconsejó que peleara por mi región”, cuenta la abogada de la Universidad Católica del Norte (2008), que fue Secretaria Regional Ministerial durante el primer gobierno de Sebastián Piñera (2010 a 2013) y que comenzó a militar en RN a los 23 años.

Nació en Antofagasta, estudió en el colegio de monjas Santa María y a los 16 años ya sabía que quería ocupar un escaño en el Congreso. “Siempre fui muy metida, de opinar en temas contingentes, de tomar decisiones. No esperaba que me vinieran a buscar, me ofrecía sola”, recuerda la parlamentaria quien fue scout (de los 6 a los 24 años), presidenta de curso varias veces y Vice Presidenta del Centro de Alumnos en tercero medio.

Además, en 2004 se convirtió en la primera presidenta de derecha en la facultad de Derecho de la Universidad del Norte. “Siempre quise dedicarme a la política. Soy una convencida de que se pueden hacer cambios, pero para eso no podría mirar desde la Tribuna, debía jugar desde la cancha”, dice.

Y agrega: “si me hacen ir a hablar con Obama o el Papa, voy convencida de que puedo lograr lo que quiero. No me achico ante nada, sé lo que quiero y lo que valgo”.

Comenta que es tan segura, que aunque canta pésimo, lo hace igual. “Soy como la Camerón Díaz en la película “La boda de mi mejor amigo”, cuando canta patética; yo también lo hago horrible, pero sé que al final cantando mal igual me puedo llevar el aplauso; me gusta el karaoke”, cuenta entre risas.

También se define como perseverante, constancia que mostró cuando apunta de “porrazos” y sin vergüenza, aprendió a esquiar a los 30 años en las Termas de Chillán. “No me di por vencida, derribé todos los miedos y hoy me tiro confiada por todas partes; soy cero mañosa”, confiesa.

Recién salida de la universidad, el año 2008, entró a trabajar como abogada litigante del área minería al estudio de abogados Cariola, Diez Pérez-Cotapos, donde estuvo dos años. Con sus sólidos argumentos convenció al bufete para que la trasladaran a Antofagasta (2009) para hacerse cargo de la oficina de abogados en esta ciudad. “Para ese puesto tenían candidatos con varios posgrados, con más de cuatro idiomas, pero yo era la única que podía ofrecerles algo diferenciador: era local, de Antofagasta, conocía los tribunales y a todos los jueces, porque mi papá es abogado también, integró la Corte de Apelaciones varios años, eso era un valor agregado”, dice.

Y aunque nunca jugó a las muñecas, este juguete la ayudó a llegar a Valparaíso el año 2014. La primera vez que hizo campaña como diputada, en 2013, llamó la atención de la opinión pública con una creativa estrategia comunicacional que se le ocurrió a un amigo que la acompañó a visitar un club de adultos mayores en Antofagasta. Esa tarde, una señora le comentó: “qué linda, parece una muñequita”. A su amigo esa frase lo inspiró para idear las muñecas que imitaban físicamente a Paulina, delgadas y morenas. “Yo esa vez le dije: “¡estás loco! me van a colgar, me dirán que voy a peinar la muñeca, que voy a jugar con las muñecas en el Congreso”, recuerda riendo.

El éxito anterior fue tal, que para su actual campaña a diputada ya mandó a fabricar 25 mil muñecas con cintura de avispa a China. “Son barbies morenas, parecidas a las anteriores, pero en vez de usar jeans, ahora llevan vestidos color azul rey, son más formales”, cuenta.

Y dice: “Esta vez quiero, ojalá, sacar la primera mayoría como diputada en mi región, porque es una zona roja, de izquierda”.

En el Congreso ha participado de nueve comisiones investigadoras: presidió una de ellas sobre la contaminación en Antofagasta; a principios de este año viajó a Brasil por un eventual financiamiento irregular de la política a las campañas de MEO y de la presidenta Bachelet e interpeló al Ministro del Interior Mario Fernández, por la demora en la ley de migración y extranjería.

Tu rol fiscalizador en el Congreso te ha valido ser catalogada como una mujer fuerte, incluso en la revista Paula te llamaron “La Muñequita de Hierro”…
La verdad es que no me gusta que me llamen así, me incomoda, solo hago mi trabajo. Me ha tocado estar en la oposición y el Gobierno lo ha hecho muy mal. Aunque cuando escucho gente de mi sector que me dice: “me llegó a dar pena el ministro (Fernández) a propósito de su débil desempeño en la interpelación; me da rabia, porque creo que un ministro sí puede alzar la voz para poder cambiar algo. Con la fiscalización al Gobierno no escatimo.

¿La interpelación al Ministro Fernández ha sido uno de los hitos más importantes de tu carrera?
A veces pierdo la proporción, pero estuve al frente de un Ministro del Interior y vengo llegando al Congreso. Yo creo que sí, que ha sido lo más trascendente, pues logramos que se ingresara este proyecto. Entendí porqué el Gobierno había demorado tanto el ingreso y es porque no conoce nuestra realidad regional y no entiende el tema. Chile no se ha dado cuenta que estamos recibiendo una ola migratoria con una ley del año `75. Este será el gran tema después de la Araucanía en Chile.

Algunos políticos de izquierda dicen que estás contra la migración…
Cuando la izquierda se queda sin respuesta lo que hace es encasillarnos en lo que más les acomoda y en el caso de las migraciones, es hacernos creer que estamos contra las migraciones o que queremos criminalizar la migración. El problema es que nosotros no tengamos regulado el efecto migratorio. En Antofagasta hemos enfrentado solos una ola migratoria que llegó para quedarse. Yo no pretendo con una ley de migración y extranjería echar a todos los que no me gustan, sino regularlos.

Me imagino que el proyecto minero-portuario Dominga tampoco te dejó contenta…
Este gobierno ha sido tan nefasto que rechazó un proyecto que iba a fortalecer la inversión y la región, con tal de enlodar la figura de Sebastián Piñera. Hicieron una mezcolanza de temas, pero no les resultó. Que Piñera era dueño de Dominga, que era un proyecto que dañaba el medio ambiente, que había conflicto de interés. Al final del día, esa operación política tuvo como costo la salida del equipo económico; y nosotros seguimos creciendo, la gente se da cuenta que mienten para enlodar a Piñera y no perder el poder.

Eres la única mujer que integra el denominado “Grupo Delta” de Sebastián Piñera, donde cinco parlamentarios son voceros y enfrentan las críticas contra el ex Mandatario, aunque has dicho que tu meta no es ser parte de un gabinete de Piñera…
Mi aspiración es ser senadora por mi región, me gusta el poder legislativo, desde ahí se hace política. Piñera es una persona que se ha sacrificado harto por Chile, la gente cree que quiere llegar a la presidencia por poder. Yo le creo que haya vuelto a asumir una candidatura presidencial porque no puede ver que Chile esté mal. Él valora mucho a la gente que lo defiende, porque es como mono porfiado, le pasan pegando. ¡Y cómo no! Si mucha gente de nuestro sector mira el techo y se queda callada cuando esto ocurre.

También votaste contra el aborto en sus tres causales. ¿Cómo te afectó la aprobación de esta ley?
Cuando preparé mi discurso, antes de votar en el Congreso dije: “El día que me vaya del Congreso me iré tranquila, pues tengo mis principios claros y hay cosas que no puedo transar”. La aprobación me dolió y me dio mucha pena. Para mí, el único que da y quita la vida es Dios; no me cabe en la cabeza que alguien pueda venir a intervenir. Siento impotencia además que disfracen la real intención de permitir un aborto generalizado en Chile a través de tres causales que hacen sentido en un porcentaje de chilenos.

Como parte de la Comisión de Defensa estuviste a favor de derogar la reserva de la publicación de la Ley Reservada del Cobre en el Diario Oficial…
Sí, la idea es que se sepan los recursos que se entregan, es tiempo de trasparencia, este presupuesto se debe conocer. Creo que sí hay que poner gastos reservados, porque estamos hablando de la defensa nacional de un país. Algunos creen que es mejor comprar más subsidios habitacionales en vez de más aviones, pero por algo Chile ha estado en paz, porque tenemos una defensa fortalecida. Con esos recursos se capacita nuestra gente, se adquiere armamento y se mantiene la defensa nacional, cuestión clave para Chile.

¿Qué te parece el debate sobre el secreto de la Comisión Valech?
Lo de la Comisión, el gobierno lo ocupa políticamente porque estamos en un año electoral. Los gobiernos de izquierda, cuando ya están en el suelo usan este tipo de recursos. Encuestas en el suelo y vamos con el tema de los Derechos Humanos. Yo he luchado estos tres años por el tema de los exonerados políticos. La Contraloría dijo que había tres mil compadres que no tenían los requisitos para optar a ese beneficio. Los abogados que han defendido los derechos humanos son lo que más plata han ganado.

De barrios, “chupete” y “al apa”
Paulina nació en el barrio Gran Vía de Antofagasta (en el lado sur de la ciudad), donde vivió ahí hasta los diez años, luego se cambió a otra casa en los Jardines del Sur donde sus padres viven hasta hoy. “Tengo muy buenos recuerdos de mi barrio de infancia, de muchos amigos, porque todos salíamos a jugar a la calle, era todo muy sano, nos entreteníamos con un elástico, una pelota, cambiábamos esquelas, nos disfrazábamos y pasábamos de casa en casa a tomar té”, recuerda.

Cuando viaja a su ciudad, una vez a la semana, llega a su departamento pero va a comer a la casa de sus papás. Una casa de estilo moderno donde creció muy informada. “Se conversaban las noticias, llegaba todos los días el diario y se veía poca tele”, dice sobre esta casa donde su mamá “cocina increíble” y cuando va por el día se trae un strudel en su cartera. Su padre es abogado y coronel de justicia militar y su madre con sus dos únicos hermanos, Guillermo (26) y Ximena (30), están a cargo del restaurant Zukha, ubicado en la costanera de Antofagasta. Su familia paterna es de Antofagasta y por el lado materno son de Valdivia. Su mamá, Ely Urrutia (59) es de tez blanca y pelo claro; su papá Guillermo Núñez (60), es moreno como la diputada. En el colegio a su padre, le decían el “Mono” y a Paulina la “Negra”. “Soy muy parecida físicamente a mi papá, aunque soy una muy buena mezcla de los dos en lo perseverante, en lo positiva para enfrentar la vida y en lo buena para escuchar”, comenta.

De chica era la única de su familia que iba los domingos a misa en la iglesia de su colegio y luego en la Madre de Dios de Antofagasta. Se declara católica practicante, tiene una Virgen en su velador y se ha hecho muy amiga del sacerdote jesuita Felipe Berrios, a quien conoció hace dos años cuando él llegó en enero del 2015, a instalarse en el campamento Luz Divina VI en el sector de La Chimba en Antofagasta, donde convive a diario con la pobreza y la marginalidad. “La primera vez que lo llamé para saludarlo él me dijo riendo: “eres la única mujer que tengo en mi pieza”; pues los vecinos del campamento le colgaron un calendario que yo había entregado en mi primera campaña como diputada”, cuenta entre risas.

Y agrega: “Es que cuando me dijo eso que me tenía en su pieza pensé: “este cura es distinto, es bueno para la talla como yo”, y desde ahí dejé de decirle Padre, le digo Felipe. Hemos construido una muy bonita relación, lo adoro y lo reto cuando tengo que hacerlo y él me da varios consejos.

En otras entrevistas has dicho que hablas como antofagastina…
Sí, se me sale, me da risa cuando digo “chupete” por coyac y en Santiago me ponen cara rara cuando digo: “vamos a tota”, que acá es a lapa.

Tus declaraciones, en 2015, sobre Calama como la “la ciudad más fea de Chile y con peor calidad de vida” a Revista Paula, causaron indignación…

Lo planteé en negativo y fue un error, porque no transmití lo que realmente quise decir y es que Calama debe tener una mejor calidad de vida y debe ser mucho mejor a lo que han construido hasta hoy, de ahí se extrae el sueldo de Chile y eso no se ve reflejado.

En tu casa de infancia debe haber habido orden… tu padre como militar quizás fue más estricto…
Mi papá es lo menos militar que hay, él es abogado de profesión y entró al ejercito muy joven; la militar en mi casa es mi mamá (ríe). Crecí con full libertad. De los quince años, cuando empecé a salir, no me acuerdo de haber pedido permiso. Pero sabía mis límites y me portada bien. Mi viejo es muy ordenado y metódico, no nos pedía nota, pero que estudiáramos constantemente.

Tu papá, abogado, es Coronel activo y creciste en el régimen militar, del cual me imagino tu familia fue simpatizante…
Mi papá todavía está en ejercicio, por lo que no me voy a pronunciar sobre él en este tema. Aunque sí te puedo contar que mi abuelo, votó por el Sí. Yo hablo de dictadura, no me tiembla la boca y también estoy consciente cómo llegamos a esa dictadura. Hubo dos dictaduras, una de izquierda disfrazada de democracia y una de derecha. Las dictaduras no tienen color político, son abusos. Crecí en democracia y debemos cuidar nuestro país sin ideologías extremas, sin abusos.

De Cristián y la maternidad
Cuando su única sobrina y ahijada, Florencia (4), hija de su hermano Guillermo, ve a Paulina en televisión grita emocionada: “Ahí está la tía Pauli”. “Le sobran los brazos, es la única nieta, la única sobrina…cuando puedo me la llevo a mis actividades políticas”, cuenta la parlamentaria entusiasmada.

Su hermano Guillermo, sufrió a principios de 2016, una aneurisma que lo tuvo al borde de la muerte. Lo trajeron de Antofagasta en un avión ambulancia y estuvo cinco meses en el hospital de neurocirugía. “Ha sido la mayor pena de mi vida, pensé que se moría. Uno se entrega en las manos de Dios y de los doctores, pero haces todo lo que está a tu alcance y lo hicimos. Yo les suplicaba a los médicos, “no se nos puede morir”, recuerda.

En esos angustiosos momentos su pareja, el diputado de RN Cristián Monckeberg, fue su gran apoyo. Con él tiene catorce años de diferencia y están hace tres años juntos. A su pololo le dice “cariño” y él “mi flaquita”. La pareja disfruta salir por su barrio, ojalá caminando, comer en el Paseo El Mañío, ideal en algún restaurante de carnes que tenga una buena entraña, el corte preferido de Paulina.

Tanto ella como Cristián se inclinan por la decoración moderna y cada vez que viajan (han ido a Israel, Marruecos, Sudáfrica, Europa y las Islas Griegas) traen algún recuerdo para la casa. (Han traído un pájaro de patas azules de Galapagos, unas zapatillas Converse de cerámica de las Islas Griegas y unos camellos de Jerusalén). “Cristián es fanático de la música y sabe mucho. El Dj es él, mientras la decoradora y la cocinera soy yo”, ríe.

Cuando invita gente a su departamento, que es bien seguido, Paulina prefiere cocinar. “Me gusta hacer comida más casera como carnes a la olla o al horno y el salmón me queda exquisito. Me encanta cuando los invitados preguntan dónde compramos la comida y les cuento que yo la preparé”, dice con orgullo.

La pareja va todos los domingos a misa de doce a la Parroquia de la Inmaculada Concepción (en Alonso de Córdova) o a la iglesia del colegio Las Ursulinas en Vitacura. “No me acuerdo de Dios cuando estoy mal. En el día le converso, le hablo cuando voy camino al Congreso y rezo todas las noches”, comenta.

La parlamentaria todavía no tiene niños y dice que le encantaría ser madre. “Tengo tomada la decisión y vamos a tener un bebé”, cuenta en tono seguro. Tener hijos no pasa por una cuestión de edad, aunque las mujeres tenemos nuestro reloj biológico. El no haber sido mamá, no es por el tema político o por la edad, es porque no había encontrado el papá, pero lo encontré.

¿Qué tipo de madre te imaginas que serás?
Creo que una muy buena mamá, no creo que sea complicada y aprensiva. Amigas mías se complican porque llueve, yo les digo abriga a tu hijo y súbelo al auto. Me imagino que seré de mucho apego. Me sorprende cuando me dicen tienes que ser mamá por ti. A mí, me interesa formar una familia. Y una de las cosas que más me gustan de Cristián es que es un excelente papá de sus tres hijos. Es muy preocupado, de constantes llamados y de que todo ande bien con ellos. De ir a buscarlos, a dejarlos y de darles en el gusto. Además, los tres son un siete, armamos panoramas juntos; nos llevamos muy bien.

Quieres ser senadora. ¿Y cómo te imaginas compatibilizar esa carrera con ser mamá?
Yo no podré tener cuatro hijos, quiero tener uno o máximo dos seguidos, porque uno tiene que ser consciente. No podría tener niños para que me los criara la nana y no verlos, aunque claro quiero tener una persona que me ayude. Dejaría de trabajar el postnatal de seis meses cuando mi hijo(a) sea chiquitito, pero te aseguro que me acompañará a terreno, arriba del auto o del avión. El mejor ejemplo se los puedo dar siendo feliz yo, trabajando en lo que considero mi vocación.

Tu relación ya es pública, incluso en tu cuenta de Twitter escribiste: “Feliz con Cristián Monckeberg” …
Sí, estoy feliz con Cristián. Lo que más me enamora de él es que es buena gente, un hombre correcto y siempre preocupado de que yo esté bien. Nos acompañamos mucho. Yo soy muy de piel, de hacer mucho cariño, pegote, de besos y abrazos, y eso de a poco se lo he ido pegando, cada día más diría yo. Nos echamos de menos cuando no estamos juntos, porque a cada uno le toca viajar. Todo funciona cuando quieres a tu compañero de vida y yo lo adoro. Somos muy prendidos y si uno dice vamos el otro se suma altiro. Tenemos muchas cosas en común. Llegamos a la casa y no hablamos de política, hablamos de la vida, de cosas cotidianas y seguro del próximo viaje.

¿Eres romántica, de flores?
En casa siempre compro flores, cuando voy al supermercado, como quien saca la pasta de dientes yo saco flores. Me gustan de colores llamativos, me fascinan los tulipanes y los lirios. Como soy de zona desértica, siempre vi en mi casa flores naturales; mi vieja cuidaba su metro cuadrado de pasto como hueso santo. No soy muy de apego a las cosas materiales, me da lo mismo el auto, el celular, me gusta más eso de la flor, que la mesa esté llena de cosas ricas, de amigos y me fascina la sobremesa. También soy fanática de los chocolates, por eso siempre tengo algunos guardados en el velador. Me gustan los blancos y me duran, porque solo es uno al día.

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