Patricio Fernández

EL POETA, ESCRITOR, POLEMISTA Y FUNDADOR DEL THE CLINIC SE ENCONTRABA DE VISITA, UNA VEZ MÁS EN CUBA, LA MISMA SEMANA EN QUE OBAMA LLEGABA A LA ISLA RETOMANDO UNAS RELACIONES CORTADAS POR MÁS DE 50 AN?OS, Y EN QUE TOCABAN GRATIS EN LA HABANA LOS MISMÍSIMOS ROLLING STONES. UNA DE LAS CARAS MÁS VISIBLES DE LO QUE ELLOS ENTENDÍAN COMO LA DECADENCIA DE OCCIDENTE. FUE EN ESE MOMENTO EN QUE PATRICIO FERNÁNDEZ DESCUBRIÓ QUE EL MUNDO HABÍA CAMBIADO. Y DECIDIÓ ESCRIBIR “CUBA: VIAJE AL FIN DE LA REVOLUCIÓN”, UN EXTRAORDINARIO LIBRO AMOROSO Y TRISTE A LA VEZ. Y ES QUE EN LOS TRES AÑOS EN QUE LO ESCRIBIÓ, FUERON MUCHAS MA?S LAS COSAS QUE CAMBIARON. PARTIENDO POR ÉL. HOY PARECE TOMAR DISTANCIA FRENTE A TODO. Y ABRAZAR LA DUDA.


Texto Pablo Mackenna Fotos Alberto Galán

Toda isla es una posibilidad. Un tablero donde se pueden jugar todas las partidas. Todo viaje es una posibilidad. La concreción del sueño de un mundo nuevo. Pero algo siempre falla. En Viaje al fin de la noche (Louis-Ferdinand Céline), del que Patricio Fernández se presta del título para su última novela, su antihéroe deambula por un mundo resquebrajado siempre al borde del abismo; en El señor de las moscas de Golding o la misma La tempestad de Shakespeare ya veremos en qué se transforman un grupo de niños o adultos liberados de ataduras frente a sus peores demonios en ese tablero ajustado. Cuba fue un sueño colectivo. Qué duda cabe. El sueño imposible de un puñado de hombres que luego fue el sueño de una isla y el de un continente. Pero Cuba es Cuba. Música y caña, ron y mujeres. Patricio Fernández viaja unas 15 veces a Cuba en los últimos 25 años (entre 10 y 20 me dirá para horror de mis matemáticas) para ser testigo del fin de este sueño, uno que la verdad nunca cuajó, que tuvo mucho de trampa y subsidio, del amoroso y del técnico. Pero viaja también a descubrir qué sostiene la sonrisa de ese pueblo, cómo se vive con las alitas cortadas, el corazón henchido, y un amor propio inversamente proporcional a sus expectativas en el futuro.

Patricio es un testigo, toma nota, entrevista, mira, siente, y en esta entrevista de a poco transforma este viaje, en el espejo de su propia vida. El de un pije devenido en izquierdoso desilusionado, el de un poeta devenido en periodista.  El de un terrorista que llegó tarde al tiempo de las armas y atentó con las palabras. El que hizo del humor político una herramienta contra el horror y los poderosos, y que terminó, en su sentir, cuestionado y traicionado por su propia banda, los trabajadores de “The Clinic”. Porque como decía un cubano “aquí todos bailamos con la fea”

Tu nuevo libro se llama Cuba: Viaje al fin de la revolución. Pero Cuba parece seguir igual. ¿Representa acaso el estado actual de la isla algo más global?
Ir estos últimos años a Cuba es como ir al Vaticano para ver la caída de la Iglesia. Cuba es la madre de todas las guerrillas latinoamericanas, el mejor representante del sueño del socialismo utópico. Es mucho más que la muerte de un modelo que, por lo demás, estuvo tan apalancado primero por la Unión Soviética y luego por Venezuela, que ni siquiera se puede decir que en algún momento haya funcionado.

En tu libro da la sensación de que te enfrentas a un pueblo totalmente drogado, entregado, como en metadona, pero que a la vez se conforman con cosas simples y son felices a su modo. No sé si funcionó el modelo político, pero hay un modelo humano, de escala de expectativas, de disfrute, que no deja de ser bonito.
Estoy de acuerdo. Una de las cosas que concluí ahí, es que la pobreza no es grave siempre y cuando la pobreza no se llame marginación. Al revés, puede ser buena y agradable. Ningún político se lo podría proponer a su pueblo, es producto de algo que no se consigue. En Cuba tú vives con lo que hay y no con lo que se te da la gana. Pero la vida con lo que hay tiene un descanso, un reposo; quizás lo que estás diciendo es como de contentamiento, pero hay una condición de habitar. Tú no sacas nada con ir detrás de algo, ¿para qué?, ¿para conquistar qué?

En el libro nombras a Max Marambio, un personaje interesante, gap de Allende muy cercano a Fidel que se enriqueció en la isla y que cayó en desgracia. ¿Qué pasó allí?
Max fue un hombre cercanísimo a Fidel, conoce el teje y maneje del poder de manera muy íntima. Conoce a varios de los protagonistas de la historia cubana de la última década, muy bien. A mí me ayudó mucho para entender esos teje y maneje del poder. Pero allá está caído totalmente en desgracia. Yo no sé qué pasó exactamente con las empresas que manejaba, pero te digo: un cubano sentiría mucha preocupación si vuelve a la isla después de un viaje y se filtra que estaba afuera con Marambio.

¿Todavía operan esas lógicas?
Por supuesto, el sueño puede haber desaparecido, pero el sistema, el poder del estado sobre las personas y la información, está muy anquilosado.

Tú dices que la revolución se acabó. Pero con la irrupción de Trump todo lo que se vislumbraba tras la visita de Obama, la apertura al mundo, las inversiones, se disipa.
Se pueden demorar más los cambios, pero la revolución acabó. Esa ansia, un movimiento, una aspiración de estar construyendo un tipo de justicia o un tipo de sociedad, se acabó. Puede seguir el modelo, pero lo que hay ahora es una sobrevivencia. Un cierto hastío. Pero no hay una contrarevolución. Eso no es Cuba. Aquí no cae el muro y se vuelven locos todos comprando. Porque no es tanto más lo que quieren tampoco. Yo no veo a Cuba convirtiéndose en un mall de Miami.

No entiendo bien cómo lo van a hacer, porque me dio la sensación de que nadie trabaja en esa isla.
Piensa que leí hace unos días que Cuba estaba importando azúcar. El azúcar llegó a llamarse el oro blanco y Cuba le vendía al mundo entero. Es de locos. La isla ha estado siempre subvencionada desde el bloque socialista en un principio y desde los dos millones de cubanos que partieron al exilio y mandan dinero para sus familias. Hay cosas muy particulares con respecto a esta revolución. Los mismos que arrancaron, los verdaderos disidentes no están volviendo para pelear por la democracia como sucedió en Chile pidiendo cabezas.

¿Es este un fracaso total?
Es que nosotros solemos hablar del fracaso y estamos en esa parte del cuento. Pero se pueden hablar cosas muy bonitas. Aquí había un sueño real, un sueño que por lo demás estaba emparentado en todo el continente con una cosa cristiana. No era el marxismo-leninismo que veíamos del Partido Comunista. La teología de la liberación, la vida cristiana de las ollas comunes, del encuentro de los pobres, varias de las guerrillas incluido el movimiento sandinista, eran enteramente cristianos. Ése es el mundo que conocí cuando salí a mochilear por América y así nació este sueño cubano. Y luchando contra la dictadura y la corrupción de Batista.

Tú te defines en el libro como un mochilero izquierdoso pero estudiaste en el colegio Manquehue y en tu familia no era necesariamente el modelo. ¿Cómo derivaste allí?
Yo era un adolescente muy tímido y religioso, iba a la iglesia en los recreos, me sentaba y rezaba. Y recuerdo un día una situación para mí epifánica: en una confesión me tocó un cura extranjero austriaco o alemán, y yo le digo que siento el pecado social de vivir en este mundo de riquezas y bienestar mientras existía tanta pobreza. Y el cura me dice:  por supuesto, ¿acaso no sabes que vives en medio de una dictadura atroz, lleno de explotaciones. Te invito este sábado a la población donde vivo y trabajo”. Y recuerdo esa ida a la población como mi primer viaje. Era por allá lo que hoy sería La Florida, en un lugar que se llamaba campamento Arturo Prat. Llegué a una parroquia, a un centro comunitario donde había una olla común. Vi a la gente y escuché sus historias. Y sigo yendo. Algo profundo cambió en mí. Luego empecé a ir a las marchas. Y se vienieron las lecturas guiado por mi profesor Ignacio Rodríguez que era del Mapu. Tuve suerte, pero en mi casa eran democratacristianos y muy cercanos a curas sociales como Percival Cowley. Tampoco vivía en una burbuja.

¿Cuándo te diste cuenta que ibas a escribir un libro?
Recién en el primer viaje que hice en 2015. Cuando salieron Obama y Raúl Castro hablando por televisión diciendo que iban a restablecer relaciones. Ahí lo decidí.

¿Cómo pensaste en ese minuto que iba a terminar esto?
Yo estaba convencido de que estaban lanzado una flecha al infinito.

Si yo en 2015 te entrevisto volviendo de ese viaje y ya pensando en escribir El fin de la revolución y te pido que me hagas un retrato especulativo de Cuba a 2018, ¿qué me habrías dicho?
Yo hubiera pensado que hoy día iba a estar mucho más colonizado por el mercado. No te podría decir respecto del régimen, porque en ese entonces Fidel Castro todavía estaba vivo, pero yo hubiera pensado que hoy ibas a ver un nivel de actividad comercial mucho mayor que la que hay; un país mucho más cambiado respecto de su historia de lo que es hoy. Eso te hubiera dicho. Pero es que aquí pasó un accidente que no estaba en los planes de nadie, no estaba en los planes de un puto cubano y menos de Raúl Castro que ganara Trump. Y se chingó el fin del bloqueo que era lo que venía.

En tu libro no está el testimonio del “gusano”, el disidente que vive en Miami, ni del que trabaja en las altas esferas del gobierno, ¿por qué los dejas afuera?
Porque no son la vida misma cubana. Unos atacan el régimen sin contemplaciones y los otros lo defienden, pero tú sabes que están cuidando un puesto. No existe la convicción de antaño.

Y sin embargo de los entrevistados, nadie es realmente oposición de la manera en que lo entendemos nosotros.
Y es que los disidentes se fueron de Cuba. Yo me habría ido probablemente el año 92 con la edad que tengo.

Pero tú dices que, si hubieras tenido 30 años más, probablemente hubieras peleado en la sierra.
Sin duda.

¿Cómo lo puedes decir con tanta seguridad? Hay que tener cojones y arrojo para hacer la revolución. ¿O sea en Chile con 30 años más serías probablemente un detenido desaparecido?
Pero de todas maneras. Intuyo que si no estoy muerto, es milagro. Es porque uno hace suya una cierta historia. Por supuesto que esto no lo puedo firmar, porque en qué condiciones, dónde hubiera nacido, cómo hubiera crecido y con quien hubiese estado, no lo sé. Pero es lo que te digo, con Salvador Allende habría estado, ¿quiere decir con eso que al día de hoy defiendo todo lo que hizo Allende en ese momento? No, pero sí reconozco que hubiera estado ahí.

¿Qué buscas con este libro?
Mira, yo no voy a enterrar a un cierto padre, no voy a festejar el fin de una cosa espantosa y atroz, no. Yo voy a ver el fracaso de algo a lo que le tengo afecto, a un padre de distinta categoría, no un castrador de mierda. A mí me conmueve este fracaso y veo el contrapunto, algo que también triunfa.

¿Te enamoraste de Cuba?
Yo creo que sí, mucho.

¿Tu relación con Cuba es algo que va a permanecer?
Yo espero que sí. Me enamoré mucho, hay gente a la que quiero mucho, pero también es cansadora. O sea, si me preguntas si quiero ir a cada rato a Cuba, no. Si yo tendría un departamento en Cuba –cosa que pensé mucho pero como soy incapaz de aplicarlo, no lo hice- sí, me encantaría.

Que divertido, una de las preguntas que traía era absolutamente inmobiliaria. ¿Vale la pena invertir?
Sí, pero lo que pasa es que aún es muy complejo. Complejo de riesgoso. Tiene que haber un acto de confianza con un cubano y con lo que los quiero, no sé. Han tenido que aprender a sobrevivir con triquiñuelas.

¿Cómo explicas que Cuba para el mundo haya sido siempre la hija linda del socialismo, la que no se toca, la que no se cuestiona? ¿Cómo se armó esa mística?
Fidel por un lado. Su estatura. El sostiene todo. Todos se quieren sacar la foto con él: Lavín, Bachelet, Allamand, todos. El año 59 se calcula que cerca del 95% de la población aplaudió la llegada de los barbudos a La Habana. Los ricos lo aplaudieron mucho y de hecho, toda la revolución fue con ayuda de los hacendados, que prestaron apoyo. Esta gesta fue de una épica impresionante, antes de Fidel Castro no hay guerrillas en América Latina. O sea, esta gesta removió el continente.

Esa gesta abre la puerta a la imaginación, de que unos pocos, pueden cambiar el mundo.
Esta gesta se llama el realismo mágico, esta gesta se llama poesía latinoamericana. Este libro para mí no solo es mostrar la caída. Ni explicarla. El libro se va armando con las historias y con una sola convicción: que esto se acababa. Estoy contando las pequeñas cosas de ese mundo que mañana no será. Quiero contar para no olvidar.

Hay algo que me gustó mucho del libro. Esa cosa coral de las entrevistas pero que dan cuenta que hay algo común en la mirada en la isla. Todas las voces podrían ser la misma. En todos hay amor, cierta tristeza, desesperanza y respeto.
Qué bueno. Claro, yo en ese sentido el ejercicio que hice fue dejar que ellos hablaran. Lo que pasa es que Cuba es una idea y probablemente sobrevivió como tal. Para bien y para mal. Y de los dos bandos gente que nunca ha pisado la isla te habla con propiedad. O soy un conchesumadre fascista o un castrista de mierda. Yo me he llevado las dos sanciones con todo entusiasmo.

¿Son conscientes los cubanos de haber representado esto para el mundo?
Estos tipos tienen un orgullo que también merece ser desgranado, porque hay mucha trampa en eso. La verdad se creen la raja. Los cubanos pueden apoyar a Venezuela, pero no hay un puto cubano que crea que lo que está pasando en Venezuela tenga que ver con ellos.

¿Qué te pasa a ti con Ampuero?
A mí me gustó Nuestros años verde olivo, no lo encontré un asco. Pero en Ampuero veo mucha frivolidad. Y es que no me gustan los conversos. No por cambiar de opinión, porque para mí es una ley la posibilidad de cambiar de opinión. Pero ver la luz y considerar que la luz anterior eran tinieblas.

¿Es Cuba una dictadura?
Es que la palabra es incluso imprecisa. Cuba es totalitaria. Por ejemplo, en Chile, en la dictadura pinochetista, nunca se vivió el tema de falta de libertades que se vivió en el sistema cubano. Y Cuba nunca fue una dictadura criminal, no andan matando gente.  Esto está en las antípodas de la democracia, la opinión de la gente está muy desfasada de lo que acontece en el gobierno. El nivel de dependencia de los ciudadanos cubanos –que no le llamaría ni siquiera ciudadanos, creo que no se han ganado el título, sería población cubana- frente a la autoridad, es total. Entonces cuando me dices si es dictadura o no, es que te tendría que decir más, el nivel de controles es total.

Pero con un pueblo allanado a ser controlado
Es que no tienen experiencia democrática. Una cosa que me impresionó mucho, por ejemplo, es que en Chile cuando los exiliados volvían, los hacían a luchar por la reconquista de la democracia, prácticamente a todos. En Cuba, con la apertura, personas empezaron a volver pero a hacer negocios, no venían a luchar por la democracia. Eso es bien sorprendente, tipos que se fueron en los años 80, haciéndose pasar por homosexuales, subiéndose a barcos en los que iban como ganado. No existe lo que podríamos llamar un fervor democrático.

Hay algo que es triste en tu relato. Y es la normalización de la prostitución entre los jóvenes y la complicidad de los padres.
Es que hay que entender que la sexualidad en Cuba es distinta que acá y desde siempre. Tiene que ver primero con la mezcla de razas y con el clima. Y con que el catolicismo allá tiene muy baja presencia; mucha mayor presencia tiene lo africano y la santería. Yo también creo que cuenta que es un lugar en que hay pocas diversiones, y esta es una de ellas, con historia y tradición de lugar donde el sexo florece. Y yo creo que hoy en Cuba en la primera noche, en un encuentro casual, es prácticamente imposible tener una relación sin pagar. Para un cubano también, es muy generalizado. Y hay algo que es entendible, la libertad sexual es total, o sea, la mina que está haciendo esto, ¿está haciendo un sacrificio? No, lo puede estar pasando súper bien, se está entreteniendo.

¿Qué pasa con la incidencia de enfermedades sexuales en Cuba?
El primer lugar del mundo donde se controló el Sida. Ni una posibilidad de que te den la pasada sin un forro.

Ya, pero que el padre te diga “usted quédese acá, traiga comida y sea feliz con mi hija de 18 años”, ¿no es violento?
Es que el sexo no tiene el mismo peso que tiene para ti. Te voy a poner un ejemplo ridículo solo para que se entienda lo que estamos hablando: ¿por qué eso es más ridículo que el padre que le dice al hijo de 18 años que vaya a la cosecha? Entiende que el sexo no es culposo.

¿Qué te dio pena en Cuba? Más allá de la visión histórica, no es una pregunta colectiva.
Hay una parte en esto que esconde una tristeza grande. Los cubanos son muy orgullosos, tan orgullosos que yo creo que hay cosas que no se las dicen ni a sí mismos, les cuesta mucho; y eso que está muy escondido ahí es una pena, y esa pena es la castración. Yo creo que hay un ámbito de que fueron sodomizados una noche y a la mañana siguiente no lo podían contar.

¿Sostienen ellos mismos el sueño porque es muy doloroso aceptar que aceptaron y que creyeron en él a pie juntilla?
No solo eso, sino que hay generaciones completas que entregaron honestísimamente su vida a un proyecto colectivo. Y al día de hoy ven que están mantenidos por sus hijos que se fueron, que se abrieron las fronteras y que se agilizó el intercambio de viaje, llegan tipos que ellos echaron como unas ratas, escupiendo e insultando. Cuba no es la historia del comunismo, no. Cuba tiene un personaje particular que se llama Fidel Castro, sí. Cuba es un sueño latinoamericano, también. Cuba es una historia de abusos, también. Cuba es un proyecto de redención humana, cristiana, también. Y le hizo la pelea al libre mercado, la estiró, pero perdió.

Yo rescato muchas cosas de este libro que no son políticas, son humanas: algo sucedió en este ejercicio que un pueblo entero se convirtió en un pueblo bien adorable. Ojalá uno pudiera hacer una mezcla entre libre mercado con ese espíritu.
Pero por supuesto, es lo que a mí me viene con esto, cuando empiezan a especular lo que queremos para este país.

Si Cuba hace bien la transición, quizás todo esto es para crear el paraíso, pero no creo.
No creo.

Pero te lo planteaste.
Es el tema que hablan muchos allá, que habla mucha gente. Es como la idea, si Cuba puede conservar sus logros dejando ingresar las libertades y el mercado.

¿Es tan cierto que la educación y la salud es de otro planeta o es un mito más?
Como todo en Cuba tengo la siguiente respuesta: para la mayoría sí, o sea, el promedio recibe una educación y salud superior.

Chávez se va a operar a Cuba, Chávez ¿no tenía en Venezuela un lugar que lo pudieran operar mejor que en Cuba?
Hay algunas cosas en las que están muy avanzados. Pero hoy si te quieres operar del corazón, vente a una clínica chilena si tienes plata. Pero Cuba es un paraíso al lado de Guatemala, El Salvador, Honduras.

¿Qué importarías? Y cuando digo “qué importarías”, te hablo desde el alma del cubano a la política. ¿Qué importarías para que nosotros incorporáramos a nuestra vida?
Yo creo que en primer lugar la presencia de lo colectivo. Eso tu lo podrías poner en una versión oscura que es que nadie puede brillar, lo que es frustrante, pero tiene una versión virtuosa y es que se entiende que tampoco nadie puede quedar demasiado fuera, o sea, eso está. A mí me resulta muy agradable y espero que esto no se entienda que estoy diciendo que da lo mismo lo enteramente material, porque eso es ridículo, pero la libertad del dinero, la poca presencia del consumo. No hay presencia del consumo porque no tienen nada que ir a comprar, no es un panorama ir a comprar, puede ser un panorama ir a amar –lo digo con cursivas-, puede ser un panorama ir a la playa, comprar una botella de ron, pero no es un panorama ir a comprar X marca. Eso me gusta.

Este libro ¿lo pensaste con pretensiones más allá de Chile?
Siempre. Nunca lo escribí para Chile.

¿Cómo crees que se lo van a tomar los cubanos?, ¿va a poder ser leído en Cuba?
En Cuba no importan libros. En Cuba hay pocos libros, solo hay libros que publican los cubanos y en Cuba. Esto no es un libro que lo va a publicar la editorial del Estado, pero es un libro que va a circular en un grupo de gente.

Si hace 15 años hubieses tenido que elegir una opción ¿eras escritor, director del Clinic, periodista
Escritor toda mi vida, sin nunca dudarlo ni un minuto.

En este libro que tiene de personal, que no es ficción, nunca nombras al Clinic. Nunca nombras al periodista y describes al escritor. Tu salida del Clinic ¿tiene que ver con un punto de inflexión?
Sí, el final de una era, de una etapa. Totalmente.  

¿Pero tiene que ver con abrazar esa vocación de una manera más radical? ¿Tiene que ver con creértela, o siempre te la creíste?
Siempre me la creí.

¿Qué es lo que cambia?
Lo que cambia es lo que termina. No siempre tengo claro qué es lo que comienza. No es la primera vez que me pasa en la vida, pero esta es grande, yo sé lo que dejo, y no es tampoco en un estado de nerviosismo máximo ni nada, pero es una etapa que termina.

Me interesa el tema de los límites del humor que ha estado tan cuestionado. Ustedes en The Clinic entendieron que el humor era una herramienta del lenguaje que está emparentada con la metáfora y que además abre mundos; es una aproximación al análisis y la crítica. Pero han tratado de ponerle un bozal al humor. ¿Qué te parece?
El valor del humor para mí, profundo e importante, es que habita en la duda. Sin duda no hay humor, no es posible. O sea, un tipo que escucha la revelación de Dios, no puede reírse de esa revelación. El humor es un descreimiento muy poderoso respecto hasta las cosas más potentes que tu se supone que puedas estar convencido. Pero al mismo tiempo, es el espacio de la tolerancia y el respeto. O sea, nunca el humor es reírse del otro, el humor final es reírse de uno y eso te pone en un territorio de una gigantesca igualdad.

Pero ¿sientes que hemos ido involucionando?
A mí me aterra esa cuestión, yo entiendo que el humor tiene un diálogo permanente e íntimo con la cultura. A mí me hace feliz que haya cosas que dejen de ser excusas de chiste, sí, me parece que es bueno. A mí me interesa reírme del poder, no de la debilidad. Reírme del que es más que yo, no del que es menos que yo. Y creo que eso estaba en los orígenes del Clinic. Uno podía provocar que el hijo del poderoso del que uno se reía, se riera contigo. Si yo consigo que él se ría conmigo, se generó una corrosión.

¿Te arrepientes de haberle hecho daño a alguien? Alguna, que tu dices “aquí me pasé dos cuadras”
Mira, el viejo Parra, Nicanor, decía una cosa que da para esto “si uno va caminando por un borde de un precipicio donde por un lado te vas a caer en la vulgaridad y otro en la solemnidad, siempre hay que caerse a la vulgaridad”. Yo creo que para ponerlo en el terreno que tú lo dices, más de una vez tenemos que haber sido injustos.

¿Eres de parar, de llamar cuando te diste cuenta, agarrar el teléfono y decir “la cagamos”?
Tengo muy poco problema para reconocer un error.

¿Lo has hecho? En términos personales, no en el pie de página.
Sí, es que a mí me ha importado mucho, mucho de verdad. Si se dice una cosa francamente injusta, que no es lo mismo que un chiste pesado, injusta incluso de mi peor enemigo, yo soy el primer tipo en tratar de arreglarlo.

¿Has perdido amigos por los contenidos del Clinic, que te duelan? O gente que respetabas y que…
No, según me he enterado, parece que hay gente que a uno no lo quiere. Me resulta muy sorprendente cuando me dicen eso, no lo puedo entender ¿Sabes una cosa Pablo?, honestamente yo no soy muy de culpa, pero la ética es algo que me importa muchísimo.

¿El Clinic es un diario ético?
Yo quiero creer que sí.

Tú ya no trabajas en el Clinic pero es tu hijo, ¿qué es el Clinic hoy?
No sé. Y tampoco sé bien lo que va a ser. Y a un cierto punto empiezo a no querer saber. Tengo 50 años y creo que una de las cosas que van pasando también, es que se pierde la sorpresa con el acontecer, es el juicio un poco retirado, la pasión y los énfasis recolocados.

¿Cuándo el Clinic dejó de ser trinchera?
Difícil encontrar el momento. Yo, a título personal, siento que las causas iniciales que hicieron nacer al Clinic, las grandes, las principales, están bien matizadas. Yo no creo que vivamos una tragedia y quien quiera pensar que Chile vive una tragedia, no conoce el mundo y no conoce la historia de Chile.

¿Cómo fue vivir en el Clinic el tema sindical?
Infernal. Una de las cosas más desagradables y violentas.

Ya, pero tuviste que ceder, ¿en virtud de la opinión pública o se transó en justo derecho?
No. En el fondo ¿qué fue esto?, fue una crisis de cambio, porqué te digo esto, porque con muchos más elementos de lo que te voy a decir, esta cosa pasó de ser una revista semanal que funcionaba de una manera, a ser un sitio web que funciona todos los días. Entonces cambió el funcionamiento y generó el despertar de unos reclamos. Y no, yo he vivido pocas situaciones más hostiles y dolorosas en mi puta vida, porque te ves expuesto y acusado de algo que es exactamente por lo que has combatido toda tu vida, y ante lo cual tú tienes la convicción de haber actuado bien.

Ya pues, pero frente a eso, ¿la opinión pública hace que termines negociando mal?
La opinión pública y la exposición en la que te ponen, más la convicción de que no quieres hacer que nadie se sienta abusado ni nada.

¿Te sentiste violado?
Totalmente. Violado y 100% extorsionado.

¿Cuáles son las tragedias de Chile hoy, las pequeñas tragedias de Chile?
Yo creo que en Chile hay que cuidar la democracia, el respeto a las distintas opiniones, creo que hay que aumentar, repartir el poder, me importa más que la plata.

¿No te parece que el capitalismo que triunfó necesita mayores controles y penas a los que abusen?
Sí, que los poderosos estén expuestos a la justicia como los más débiles. Mira, el Clinic nunca fue socialista –socialista lo digo en términos filosóficos-, siempre tuvo problemas con los de la izquierda más ortodoxa, desde el inicio. Todavía me acuerdo que llegó el comité central del Partido Comunista a reclamar, y yo los miraba y no entendía qué reclamaban, como que esto tenía que ser lo que ellos querían. Este es un ente que habita en la intersección.

¿Crees que la mística se mantiene?
No, la mística del Clinic tiene que ser reinventada.

¿Están en crisis?
Como todos los medios de comunicación del mundo, sí.

No seas tramposo…
Pero estoy partiendo. Como todos los medios del mundo sí, y con una cosa interna, dos veces más. Terminó en Chile una etapa en la que el Clinic fue bien protagonista. Peleamos por matar en todos sus aspectos la herencia pinochetista. ¿Está hoy en día tan claro como cuando el Clinic nació, quienes son los “buenos” y quienes son los “malos”? No, ya no. The end. Entonces tiene que volver a inventarse y ese invento no soy yo.

¿Pueden existir los Urrutia y las Maldonado en el Chile de hoy?
Por supuesto que pueden existir, todos podemos existir. Tienen que existir. Aquí hay que jugar con todas las cartas del naipe.

Tu estuviste con las FARC, ¿qué lecciones sacas tú, para Chile, del proceso de pacificación de Colombia y de perdón?
Yo te voy a decir cosas que me decía Pastor Alape, es interesantísimo ese paralelo de las Farc con Chile, porque para los comandantes de las Farc, la transición chilena había sido ejemplar, la admiraban, porque de alguna manera –y esto es lo paradójico- ellos están en el lugar de los milicos acá, y ellos entienden una cosa que yo también entiendo, que hay veces en que la justicia no es exactamente igual al derecho, porque hay valores que entran en juego y en conflicto. Esos cabrones se supone que estaban luchando por la justicia del mundo, y entremedio estaban matando a montones de personas, se corrompieron en montones de situaciones, pero los paramilitares, que eran la derecha armada, se corrompieron en las mismas y los narcotraficantes, otros cuantos. Entonces la violencia en Colombia es una situación existente. Y por todos lados.

Pero decidieron que la mejor manera de terminar esto era con un perdonazo a todos.
Así es

¿Qué lecciones sacamos nosotros?
Es que yo soy una persona que le tiene afecto a la transición chilena.

¿Consideras que fue una buena transición?
Muy buena.

¿Y el tema de los detenidos desaparecidos que no deja de sangrar?
Pero fíjate que ahí hay dos puntos. A una persona no le puedes pedir que deje de buscar el destino de un ser querido, es inhumano. A una sociedad, a una comunidad, en un cierto punto, parece que sí. Es una cosa tremenda y muy dura, pero es el destino, y te voy a decir porqué: fue algo que en algún momento de este proceso chileno pensé y yo creo que hoy lo estamos viendo emerger. De lo que una sociedad tiene que cuidarse, es que mientras busca lo perdido, no puede dejar de ver lo que aparece, y aquí empieza a ver un mundo… Aquí hay hijos ya, nietos, y una historia que continúa y que está mucho más llena personas nuevas que de desaparecidos. No es matemática, sino que una imagen de otro tipo, que buscando lo que desapareció, no puedes dejar de ponerle atención a lo que aparece, y ahí hay una cuestión que es importante. ¿Cómo se resuelve éticamente esto? Por otro lado, cuando tuvimos que buscar, hubo cierta inflexibilidad en determinados grupos de derechos humanos que no ayudaron.

En la historia de la violencia en América Latina, que es una de las cuestiones que a mí me ha dado mucho gusto conocer en los últimos años, adentrarse en la historia de este continente, más allá de nuestro rincón; en El Salvador, por ejemplo, en la década de los 80, en un país que tiene 7 millones de habitantes, murieron cerca de 100 mil personas. No hay un puto monumento a los muertos. En Chile, cuando hablamos de impunidad, tenemos parámetros medios perdidos. Mira España y el monumento a Franco y el valle de los caídos donde iban todos los chilenos pijes que iban a Europa en el tour de Cocha. Yo fíjate que no he tenido el gusto de conocerlo, nunca me ha interesado, pero debiera ir ahora antes que desaparezca.

¿Cuál es tu próximo proyecto?
Tengo varios libros en cierne. Uno tiene que ver justamente con estos comandantes de las Farc, a los que conocí en otras circunstancias y hoy quiero entrevistarlos acerca del fracaso, porque me consta que lo están viviendo de manera atroz.

¿En algún minuto pensaste en cambiar tu nombre en twitter y ponerte Chadwick
¿En qué sentido?

Como miles de personas que se lo pusieron riéndose de la cantidad de Chadwick que había en el gobierno. Que por lo demás son tus parientes.
No.

Pero habría sido divertido.
Puede ser. No se me ocurrió.

¿Te pondrías después de esto Pato Chadwick?
No, si soy Pato Fernández, ¿por qué me voy a poner Pato Chadwick?

La última pregunta.  Eres muy amigo de Gumucio y toca que acaba de publicar también su libro sobre Parra. No sé por qué siento que Gumucio escribió el libro que tenías que escribir tú, y tú escribiste el libro que tenía que escribir Gumucio.
Ja!, quizás nos intercambiamos los roles. Puede ser que tengas razón, porque el Rafa claro, es de tradición de izquierda, vivió el exilio, de niño, y de manera más cercana. Y yo ¡olvídate que te voy a decir que yo era más amigo de Nicanor! ¡No voy a caer en tu juego!

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