Pablo Illanes

ES EL GUIONISTA DE FICCIÓN MÁS IMPORTANTE DE LA TELEVISIÓN CHILENA. SUS HISTORIAS HAN SIDO SINÓNIMO DE ALTA SINTONÍA Y HAN TRASCENDIDO LA PANTALLA. HOY, PERDONA NUESTROS PECADOS ACUMULA MÁS DE UN AÑO LIDERANDO EL HORARIO PRIME Y TIENE A TODO EL MUNDO CON LOS PELOS DE PUNTA PENSANDO EN VILLA RUISEÑOR. EL CEREBRO DETRÁS DE LA TELENOVELA NOCTURNA MÁS EXITOSA HABLA DE SUS OBSESIONES, DEL TRIUNFO Y EL FRACASO, DE LOS ÚLTIMOS CAPÍTULOS Y DEL FUTURO.


Texto Carlos Loyola Lobo Fotos Pato Mardones Producción Dominga Sivori

“Me quedan 20 capítulos por terminar de un total de 160-170 y tantos y despierto obsesionado con que se me olvidó algo, pegado con el rollo de la continuidad, que son elementos que le dan coherencia al relato. La cabeza humana está preparada para teleseries de 90 capítulos pero no de 170, ese es el problema. No hemos tenido descanso, no nos hemos desconectado, ha sido bien agotador. Yo pensaba que no iba a ser tanto pero hoy ya siento la batería baja. Es natural, ando con dolores de huesos, no estoy durmiendo bien. Tomo desayuno siempre, porque hay dos cosas que nunca hay que hacer: escribir con frío y con hambre. A estas alturas, faltándome 20 capítulos ya no hago compromisos, no voy a cumpleaños, no veo a mis amigos, no salgo a comer, no voy al gimnasio. Nada. No salgo de mi casa. La prioridad ahora es terminar. Un capítulo se puede escribir, aunque es relativo, entre una semana y 10 días. Los diálogos son muy difíciles en teleseries de época, por los modos de hablar, las palabras que se usaban o no, etc. Y luego de esa edición, se corrige otra vez, entonces el abandono del capítulo nunca llega”.Tiene 45 años, ha escrito sobre escolares en discotecas, asesinos en serie, adolescentes perdidas, machos en crisis
y hoy, un pequeño e inventado pueblo del sur de Chile a inicios de los años sesenta no lo deja dormir en paz. Tampoco al resto de los chilenos. Pablo Illanes Tapia carga con un abundante número de triunfos televisivos, unos pocos tropiezos, además es autor de tres novelas, ha dirigido dos películas, escribió la alabada serie Prófugos para HBO y su nombre ya es marca registrada. Las teleseries de Pablo Illanes son sinónimo de thriller, de retorcidos dramas familiares, de malvados sanguinarios y de cifras de ratings impensadas para los tiempos que corren en televisión. Por estos días, Pablo escribe como expiando culpas, pagando pecados. De este nuevo éxito, de su corolario como guionista, de la televisión y del momento personal que está viviendo hoy habla acá, dejando por un momento en vilo el destino de Armando Quiroga, María Elsa y el Padre Reynaldo.

¿Qué te pasa cuando lees sentencias como que eres “el rey del rating” o “el guionista estrella”? ¿Cómo lo enfrentas, cómo te caen?
Te voy a ser muy sincero, cuando era más chico me encantaba. Encontraba que para eso había nacido, pero ahora me da lo mismo. Lo bueno que te da entrar a los 40 años es que tanto los piropos como las críticas te resbalan un poco, aunque siempre depende de quién vengan, pero no me siento mejor o peor persona si las recibo o no, no es algo que me quite el sueño. Pasa que empiezas a competir contigo mismo y a tomarte menos en serio todo, entras en una etapa en que miras las cosas, quizás con un poco de cinismo, pero sobretodo de decir “esto soy y esto hago”. Agradezco a la vida haber vivido fracasos porque los grandes tropiezos son los que te hacen remover la conciencia y ver qué estás haciendo mal. Y muchas veces en esta industria esos fracasos no se entienden bien, porque no tienen que ver el rating ni que la culpa es de la gente, sino que a lo mejor algo que hiciste no se entendió o no encontró su público y que no se manejó antes de salir al aire, entonces ese es un trabajo a considerar a futuro en la televisión chilena en general.

Desde afuera te ves como un profesional consolidado, ¿te sientes así?
No, porque siempre he actuado a partir de la inseguridad y eso me ha dado la capacidad de explorar otras cosas. Si estuviese tan seguro no saldrían las cosas como salen, pero como soy inseguro me pongo más obsesivo, entonces la posibilidad del costalazo me aterra tanto que me dedico más tiempo o le meto más cabeza o investigo más, busco más referencias. En general no soy una persona que vaya por la vida pensando que ya la hice, siempre pienso que puede venir el terremoto.

¿Prefieres que una teleserie como Fuera de control haya quedado como un objeto de culto antes que haya sido tan exitosa en términos de rating?
Ahora me gusta que sea de culto, pero en ese momento estuve un año con una depresión absoluta, no quería escribir más teleseries después de Fuera de control. La teleserie tuvo 19 puntos, lo cual hoy es un éxito, pero en ese tiempo no. Lo que pasó con Fuera de control fue terrible porque me desangré por esa teleserie, había mucho de biográfico en la historia, entonces lo primero fue pensar “¡no les gustó mi vida!” y el resultado no fue catastrófico, pero sí tuvo un costo personal grande.

¿Te compromete el éxito acumulado en la creación de un nuevo proyecto?
Trato de que no sea así, pero cuando se trata de televisión, lamentablemente siempre eres lo último que hiciste. Psicológicamente el peso es inevitable, sobre todo después de un proyecto como Perdona nuestros pecados, que no es algo que se dé todos los días. Trato de no hacerme mucho cargo, desde Adrenalina en adelante, de no cargar con fórmulas, básicamente porque soy una persona que se aburre fácilmente de las cosas, entonces cuando pasa lo que pasó con ¿Dónde está Elisa?, donde hubo un boom del thriller, sentía un poco esa responsabilidad porque no creo que la industria nacional dé para tanto. En Chile aún existe esa adolescencia de imitar lo que hace el canal de al lado. Un editor de libros célebre como Mario Muchnik, creador del sello Seix Barral, tiene un libro de memorias llamado Lo peor no son los autores.

¿Qué es lo peor para un guionista, los actores? ¿El director de la teleserie? ¿El canal donde trabajas?
Qué difícil la pregunta. A veces, no en mi caso actual porque con Nicolás Alemparte, que es el director de Perdona nuestros pecados, el trabajo ha sido maravilloso y nos hemos complementado bien en lo creativo, pero pasa que a veces son los directores por un tema de pocas sensibilidades afines. También los actores, pero en Chile es el director el que atiende problemas individuales de cada actor y uno no se entera de mucho. En Canal 13 fue complicado durante un tiempo. Tenías que preocuparte de que la quisieran hacer, de que hubiese plata para hacer la, que la distribuyeran, la promovieran y la exhibieran bien. En el caso de los actores, no todos responden a lo mismo y estos pequeños problemas personales como que no hacen desnudos o que no están de acuerdo con alguna condición física del personaje, lo entiendo, pero lo que no entiendo y que no pasa en Chile es cuando se sienten superio res a los demás. En otros países como EEUU y México, los actores son estrellas, independiente de su procedencia, y te empiezas a enfrentar con más que caprichos, con instancias donde hay egoísmo y vanidad. Desde la actriz compañera de set que no me gusta, hasta el vestuario o exigencias de guión. Acá uno no se hace cargo, pero en Estados Unidos me mandaban a la pelea con la Kate del Castillo –Dueños del paraíso (Univisión, TVN)- y era un desastre.

¿Fue una decisión pensada, o es parte de una postura más beligerante tuya o del resto de los guionistas instalar en la teleserie temas que han tocado en el país en los últimos años?
Hay discursos que están en los diálogos de los personajes, que hablan del clasismo que existe hasta hoy y la gente sabe leerlos bien y eso se debe a que la única herramienta que tenemos como guionistas son esas: el diálogo filoso, la representación de un personaje, esas son tus bombas y no tienes más que eso. Y hay que hacerlo delicadamente, sin ofender sensibilidades y también dentro del contexto de la historia. Cuando empezamos la teleserie teníamos dos tesis: una era que Chile no ha cambiado nada en los últimos 58 años; la otra era que los curas se deberían casar. Y con eso iniciamos el trabajo. Sobre lo primero, usamos a Villa Ruiseñor como especie de Chile metafórico, pequeño pero donde hay pilares: la Iglesia, el poder, la moda. Y la idea era destrozar este universo, lo moral que no era tan moral, el doble estándar. Todos los personajes se mienten a sí mismos, de alguna u otra forma y en el momento que ese engaño sale a la luz para ellos mismos se empieza a resquebrajar la moral del pueblo, y cómo lo hacemos, en el fondo es leer mucho los diarios, hay muchos personajes hoy que aún hablan como Armando Quiroga; hay una mirada frente a las mujeres, frente al pobre y a la clase trabajadora que no ha cambiado y nos hemos apropiado de eso, pero hay que mirar en qué sentido lo abordamos y a qué personaje le adjudicamos palabras que a veces son muy fuertes. Ahora tenemos todo un tema con los inmigrantes que viene en los siguientes capítulos y que está súper interesante pero nos hemos preocupado de hacerlo como un trabajo de joyería. En esos temas es muy fácil pasarse para el otro lado, caer en el absurdo, en lo inverosímil e incluso en la falta de respeto, entonces hay que actuar desde la responsabilidad, sobretodo porque lo está viendo mucha gente. Y el resultado es ese, que suena muy actual, mucho más contemporánea que una teleserie de hoy.

¿Te gusta que la gente te comente la teleserie, que te paren en la calle y que te den ideas?
Me encanta, porque es diferente a lo que pasa con los actores que tienen una sobreexposición particular, de hecho, la mayoría la ha pasado mal porque los fans son como ochenteros, muy combativos. En mi caso, la gente es muy buena onda, además la gente que me cacha son freaks por un lado o gente que le interesa el guión, el cine. A veces, cuando hay capítulos muy complicados, al día siguiente me joden. El otro día me encontré con una vecina y me pegó un coscacho en el ascensor, eso me molestó un poco, pero era una señora ya mayor que estaba deslumbrada por la violencia. En los aviones me reconocen mucho, las azafatas son mi público duro, me atienden increíble, me han regalado pijamas, copetes, eso es rico.

Según tu criterio y teniendo en cuenta el boom de Netflix y que la audiencia está más atomizada, porque está el celular, ven menos tele, leen mucho menos y los ratings en el mejor de los casos bordean los 20 puntos ¿Cuál crees que ha sido la clave del éxito de Perdona nuestros pecados?
El cliché dice que uno tiene que decir “trabajo-esfuerzo-dedicación”, pero creo que la clave del éxito es no mentir, no ofrecer algo que no es, no ofrecerle al público una comedia cuando es un drama y viceversa. Nosotros como equipo, desde el guión, a los actores, producción y técnicos, sabíamos lo que estábamos contando y eso se debe exclusivamente a que trabajamos un año antes de empezar a salir al aire. El tiempo en esta industria es importantísimo. Y en otros lados hay mucho de improvisar. El guión hay que madurarlo, darle vueltas, conversarlo, buscar referencias. Trabajamos con asesores: uno eclesiástico, uno histórico, uno psiquiátrico y siempre les estamos preguntando cosas. Por ejemplo, ahora estamos viendo el tema de la Ley de Sodomía en ese tiempo, que se aplicaba también a las mujeres, en Internet no está y es indispensable tener ese bagaje. No se puede improvisar en una ficción tan grande, una inversión como esta no es de un día para otro ni en tres meses, es de un año por lo menos, y sin duda ese tiempo nos ha dado la capacidad de entender mejor lo que estamos haciendo y eso es error y corrección. Improvisar es peligroso, por eso los costalazos de áreas dramáticas son tan grandes. Esta teleserie la ve mucha gente que prefiere Netflix. A nosotros con el Chascas Valenzuela nos decían al comienzo “no pongan flashbacks ni raccontos porque la gente no entiende” y ahora la gente se peina con eso, quizás no sabe cómo se llaman los recursos, pero entienden La casa de papel al revés y al derecho. Ha cambiado mucho el público y en parte es gracias a Netflix, que sin querer ha dado un acercamiento a las herramientas del guión a un público que no estaba tan familiarizado con eso. Se tiende a pensar que el público, representado siempre en la señora Juanita, es un poquito básico en todo y resulta que la señora Juanita se peina en las aplicaciones del televisor, en Netflix, entonces no hay que menospreciarlos a priori.

¿Cómo trabajas la historia de cara al final?
El final ya lo tenemos pensado. Hay alternativas de final, pero hemos ido despejando la ecuación de a poquito. Ahora, es súper difícil hacer un final que deje contento a todo el mundo, pero en este caso el desafío es poder hacerlo. Es difícil de ir terminando todo, porque está pensada como una saga familiar, pero se va achicando el foco, en esta etapa no puedo sumar nada más, me tengo que amarrar las manos, es súper frustrante a veces. Aunque te parezca insólito, hemos tenido que dejar un montón de tramas fuera de la historia porque hay que terminar. Al aire, la teleserie debería terminar en agosto.

¿Cómo es tu rutina de trabajo diaria?
Empiezo a escribir a las 8 y media, 9. Leo los diarios todos los días, veo un rato de tele. Veo lo que dicen de Perdona nuestros pecados siempre, no se me pasa nada, lo que dicen los actores, lo que se comenta. Leo twitter y me enojo de repente. Por lo general en las mañanas siempre hago correcciones y como al mediodía empiezo el trabajo de desarrollar escenas y de eso me desocupo a las 9 y media, 10 de la noche. Eso sí, paro a almorzar y estoy todo el rato comiendo y tomando agua. A ratos hago elongación, hasta hace poco hacía Pilates pero ya no me queda tiempo para eso, pero al menos hago ejercicio estirando las articulaciones. Hace rato que no tomo alcohol ni fumo. Sábado y domingo es la misma rutina, porque cuando no lo hago se me acumula una cantidad de trabajo gigantesca. Pasa que uno tiene que dar la cara y mantenerse al pie del cañón, porque a estas alturas hay un equipo de producción que
está necesitando capítulos todo el tiempo. Esta es una teleserie súper difícil de hacer, hay mucho escenario, hay mucho exterior, todo eso la complejiza.

CONFESIONES, OBSESIONES Y PENITENCIAS

Fuiste hijo único. ¿En qué ayudó esa condición en la formación que tuviste, en tus gustos, en lo que te convertiste finalmente…?
Si hay una cosa determinante en mi vida más que todo lo anterior, fue haber sido hijo único. Mi caso de hijouniquismo fue bastante particular, porque a mi mamá la traumatizaron sus amigas antes de que yo naciera, entonces como tuvo dos pérdidas después que nací yo, se esforzó lo más posible por tratar a este hijo único como si
no fuera hijo único. Ejemplo: yo tenía 40 grados de fiebre e iba al colegio igual y eso fue bien duro a ratos. Fui el anti hijo único. Había un aluvión y era el primero que estaba en clases, no faltaba nunca. Pese a que no me faltó nunca nada y tuve la mejor infancia, del modelo de hijo único regalón, nada. Pero sí, el hecho de ser hijo único te obliga a construir tu propio mundo a temprana edad. A los cuatro años estaba escribiendo, vivía con mi abuela, mis papás trabajaban todo el día y la visión de la mujer, del juego y de la adultez lo aprendí a través de mi abuela y gran parte de la mirada que está presente en Perdona nuestros pecados tiene que ver con eso: el machismo, las relaciones interpersonales. Escribía y leía harto. Le contaba cuentos a una niña que me cuidaba y ella los escribía por mí. Lo otro que siempre me llamó la atención fue el cine, mi papá es muy cinéfilo, desde muy chico aprendí a valorar el cine como algo esencial en mi vida. Me pasó con Qué pasó con baby Jane, que la dieron en la tele por primera vez cuando era súper chico y tuve que pedir permiso especial para verla, y la daban como a la 1 de la mañana en tres tandas y me quedaba dormido. El bebé de Rosemary la vi cuando muy chico y no me gustó, después la vi cuando grande y es de mis películas favoritas. Mi papá me ordenaba ponerme una sábana en los ojos cuando habían escenas muy fuertes, pero escuchaba todo entonces era cómico. Me pasó con la primera teleserie para adultos que dio Canal 13 que se llamaba La señora, la protagonista era una actriz uruguaya, de unos 50 años que se metía con un tipo joven que era Gonzalo Robles. La promocionaban como la teleserie nocturna eroticona y yo me la sabía entera escuchando los audios, los diálogos y los efectos de sonido que cuando había una escena de sexo sonaban cadenas. Esa fue mi infancia con lo audiovisual.

¿Cuáles son tus referentes, tus inspiraciones y tus íconos? ¿A quién le prende velitas Pablo Illanes?
Son miles. A John Waters lo admiro profundamente. A Douglas Sirk, que es el gran director de melodramas y que Perdona nuestros pecados bebe mucho de sus películas. Admiro muchísimo a Delia Fiallo, la guionista de telenovelas venezolana. Tuve oportunidad de conocerla en Miami hace tiempo atrás, a propósito de la versión norteamericana de ¿Dónde está Elisa? Y ella es toda una señora, de un talento impresionante. Me acuerdo de ella ahora que me alegan
por lo larga de la teleserie y esta señora escribía teleseries de 350 capítulos sola, donde entraba y salía gente del elenco. Esas son mega teleseries, con ella me saco el sombrero, sigue escribiendo, está forrada en plata y sigue siendo súper humilde, muy comprometida con el tema de la autoría. Otro director que admiro es un español llamado Jesús Franco que murió hace un par de años atrás, hizo 250 películas, todas de terror, de cárcel de mujeres, todo un personaje.

Fuiste de los guionistas convertidos en celebridad porque salías con los actores, de hecho tuviste de pareja a una actriz y aparecías en las páginas sociales. ¿Hay algo de esa época de lo que te arrepientas?
Sí, por supuesto. La exposición no es algo que le juegue mucho a favor a un guionista. Te estoy hablando de ir a Viva el lunes, que no sé si era tan necesario, tampoco era muy entretenido. No había la necesidad. En el fondo no era yo en ese minuto, me dejé llevar un poco, era muy chico, tenía 23 años y además te pagaban por ir, eran los tiempos que venía la Ursula Andress y la Cindy Crawford a Canal 13; no es que me haya arrepentido, pero sí me sentí avergonzado, pero por un tema de coherencia conmigo mismo, creo que no correspondía. Era fome para la gente también porque la cara de un guionista da lo mismo, son los actores los que tendrían que promover la teleserie.

¿Cuál es el lado conservador de Pablo Illanes?
Tengo muchos. Mi lado conservador va creciendo en la medida que voy envejeciendo. Soy muy conservador para amar, creo en la monogamia, no creo en el poliamor. Soy tremendamente celoso y soy muy posesivo también, pero lo reconozco, lo cual quiere decir que no lo soy tanto. Bueno y creo que por eso me inseguriza mucho el tema de estar con alguien, es un rasgo muy del hijo único, me cuesta mucho compartir. No juzgo a quien piense de otra forma en cuanto a cómo vivir el amor, pero sé que sicológicamente me afectaría mucho tener una relación de pareja bajo coordenadas tan de amor libre. En mi caso tiene que ver con el sentido de pertenencia, nuestra generación tiene una especie de carencia al respecto y estar en pareja te hace parte de algo. Pero ese es el lado más marcadamente conservador que tengo.

Anunciaste en las redes hace algún tiempo que te quieres casar con tu pareja. ¿Qué te lleva a tomar la decisión y qué momento de la vida te pilla esa idea de futuro?
Me pilla en un punto perfecto. Nunca pensé que me fuera a encontrar en un momento tan óptimo y fue básicamente porque él me lo propuso. Lo habíamos conversado pero nunca pensé que iba a ser tan pronto, aunque no es que me vaya a casar mañana ni pasado pero sí hay un compromiso y una exclusividad. Fue muy bonito, muy emocionante, superó todas las expectativas que tenía al respecto y fue distinto a lo que yo había imaginado de la propuesta de matrimonio. Y mi respuesta fue inmediata, nunca la puse en duda, fue de un minuto a otro y fue con llanto, hubo de todo.

¿Tienes TOCs, mañas, obsesiones?
Hacer la cama, siempre. Me pongo siempre el mismo sweater para escribir en invierno. No me gusta escribir ni con jeans ni con ropa de verdad, sino que con pijama o con buzo. Nunca escribo con hambre, siempre estoy picoteando algo. No soporto que me toquen el timbre sin que me avisen antes que me van a ir a ver, esa es causal de despido. Las sorpresas del tipo “te traje un regalito”, sí, pero el “oye, te pasé a ver”, no. Pero el gran TOC que tengo ahora y que lo discutía el otro día con una amiga, es que no hago cosas que no quiero hacer. Antes lo hacía mucho, ahora no creo en los compromisos ineludibles. Si estoy en un lugar es porque quiero estar. Mucha gente te dice que eso es egoísmo, pero si no quiero ir o me da lata ir al cumpleaños de Fulanito, no voy. Uno, en la medida que madura o ordena su vida, va estableciendo prioridades y es la manera que funciono mejor.

¿Con qué estás embalado últimamente?
Con lo que está embalado todo el mundo, con La Casa de Papel. No me gusta tanto, es súper interesante pero al final me agotó. Lo que estoy viendo mucho es La ley y el orden, la dejo grabando, es eterna y me encanta. No he podido ir al cine a ver nada, soy muy de bajar películas así que veo todo en la casa. Bueno, además del trabajo escribiendo Perdona nuestros pecados, escribo para un fanzine que se llama Miedo, que se hace con muy bajo presupuesto, pero con mucho cariño y escribo de las películas que me gustan. Me gusta mucho escribir de cine, es como una terapia.

¿Cómo te desconectas?
Es tanto el agotamiento y la incertidumbre que tengo ante el futuro próximo que no sé para dónde voy a ir cuando termine la teleserie, no sé qué voy a hacer de vacaciones, no sé nada. Pero cuando tengo el tiempo me gusta mucho la playa. Me gusta viajar pero ahora tengo dos perros así que no creo que pueda viajar mucho. Me gusta mucho tener vacaciones en mi casa, terminar la teleserie y tener una semana sin hacer nada. Soy muy bueno para estar en mi casa, ahora ha sido un poco extremo porque llevo seis o siete meses sin ver a ninguno de mis amigos, a mis papás los veo una vez al mes pero tampoco más que eso. Pero hay un compromiso con la producción y si uno no avanza se atrasa todo y no es la idea contribuir al stress que están viviendo que es de otro mundo.

¿Cómo te vinculas actualmente con el mundo de la televisión? ¿Tienes amigos, te tratas de mantener al margen?
En la tele tengo muchos amigos y por eso cada dolor que sufre cualquier área dramática es un dolor que siento como propio porque aún me quedan muchos amigos en Canal 13 y en TVN, entonces no es fácil. Muchos amigos actores no tengo, muchos compañeros de trabajo muy buenos, pero amigos no. La gente tiene la idea de que los que trabajan en televisión se las tiran y es un trabajo impactante, se trabaja muchísimo. Independiente que una teleserie marque 30 puntos o 2, no pasa por ahí. Sin embargo, volviendo a la pregunta, hay mucha gente que todavía cree que estoy viviendo en Estados Unidos y llevo tres años acá y no me he movido.

¿Cómo te afectó el caso de Ximena Rivas y su salida de la teleserie, tanto como guionista y también como parte de un equipo?
Me afectó por partida doble. Como guionista y de manera personal porque considero a Ximena una amiga, la conozco desde hace mucho tiempo. Como guionista uno casi nunca se entera de los detalles que rodean una producción, menos de los sueldos o de lo que ocurre en los elencos. En este caso fue muy triste lo que pasó, pero entiendo totalmente la decisión de Ximena, la considero una de las grandes actrices de Chile y en este momento de su carrera ella sentía que no podía transar. La comprendo. Sin embargo, teníamos una historia marchando, un personaje diseñado y que recién estaba revelando su sicología, entonces lo sentí como una tremenda pérdida.

Tienes un proyecto de novela avanzado llamado Ipanema…
Le cambié el nombre, ahora se llama Manifestaciones espontáneas de cariño. No tengo editor todavía y la terminé hace rato. Estoy esperando terminar la teleserie para poder empezar a moverla, buscar editorial y todo eso. Y es la historia de un joven de 21 años, en el Chile de hoy, que se enamora de un señor de 70. Tiene mucho de Muerte en Venecia, pero sobre todo tiene mucho de La conjura de los necios de John Kennedy Toole, un poco con las novelas de Eduardo Mendicutti, porque está escrita como una crónica humorística, como esas novelas españolas colas. Es una novela que escribí en cuatro meses y el resto ha sido correcciones, debe tener unas 200 páginas. Tengo otro proyecto de novela que quiero empezar a escribir apenas termine la teleserie y que es una idea que tengo atesorada hace muchísimo tiempo, que es más un thriller y que no voy a contar más; además de dos proyectos de no-ficción, uno que es autoficción y que es algo así como “mi vida en las telenovelas” y que al mismo tiempo es un Manual de Escritura de Telenovelas, dos cosas a la vez, escrito más como crónica que como manual. Y en lo más audiovisual, después del Perdona nuestros pecados hay un desarrollo de una serie para Netflix que está en manos de una productora en EEUU.

Si tuvieras plena libertad de elegir el tema y los motivos de la próxima ficción televisiva, sin ninguna cortapisa ¿De qué escribirías?
Del golpe de Estado, de los años 70 en Chile. Me parece una época increíble y me molesta muchísimo cuando la gente dice “el cine chileno lo único que hace son películas de la dictadura”. Nadie ha hecho la gran película de la dictadura todavía. Nadie. Lo más cercano tal vez sea Imagen latente, pero no hay otra. Es un tiempo muy difícil de retratar y sería increíble hacerlo. Es un gran desafío para mí y para cualquiera que enfrente un proceso histórico como ese, desde el cine o la televisión. Creo que la literatura es la que más tiene la cuenta pendiente con el tema. Y me interesaría abordarlo desde el cambio, el cambio de un Chile de Allende a un Chile de Pinochet es muy radical de un día para otro, de ese cambio nadie se ha hecho cargo en la ficción nacional. Me llama mucho la atención que habiendo pasado 40 años aún exista el temor, el efecto del Golpe es brutal hasta el día de hoy, es lógico que así sea también y una buena manera de exorcizar todas estas cosas es mirándolas de nuevo y no hablo desde la política, sino como fenómeno sociológico. Es más delicado pero a la vez es más brutal.

¿Qué reflexión haces del caso de Herval Abreu y de los abusos que han denunciado actrices y guionistas que han trabajado en su equipo? ¿Es cierto que era un secreto a voces? ¿Crees que es una práctica más habitual de lo que pensamos?
Yo trabajé con Herval en dos o tres teleseries y siempre me pareció muy cariñoso, dedicado y preocupado del trabajo. No tengo nada malo que decir de él, al contrario. No escuché rumores concretos sobre sus actividades, aunque sí tenía esta fama de brasileño, hijo de Herval Rossano, de quien se comentaba esa historia que besaba a las actrices para enseñarle a los actores en el set. No sé si eso será verdad o leyenda urbana. En lo personal me parece bien doloroso todo lo que ha pasado, pero también indignante. Primero porque apoyo a las víctimas de estos abusos y me pregunto cómo es posible que en tantos años de carrera ninguno de los que trabajamos con él no nos hayamos percatado de lo que sucedía. Esto habla de una ceguera como profesionales, pero también de un afán bastante machista, creo yo, de normalizar estas prácticas o de hacerlas visibles sólo como parte de un medio “coqueto” o “picarón”. Eso no tiene por qué ser así. La televisión es un medio, pero también es un trabajo. Por respeto a ese trabajo todos deberíamos ser excepcionalmente cuidadosos en el trato, en las formas y en las instancias adecuadas para desarrollarnos.

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