Nicolás Birrell

CAMBIÓ UN REPUTADO ESTUDIO DE ABOGADOS POR LA CALLE Y LA SEGURIDAD ECONÓMICA POR LA RIQUEZA EXPERIENCIAL. CRECIÓ Y VIVIÓ EN DISTINTOS LUGARES DEL MUNDO, PERO HOY ESA ALMA LIBRE SE LIMITA A RECORRER DE ARICA A PUNTA ARENAS DE LUNES A LUNES, BUSCANDO SOLUCIONES CONCRETAS Y REALES PARA LA GENTE MÁS NECESITADA. NICOLÁS BIRRELL ES, EN SU CONDICIÓN DE DIRECTOR EJECUTIVO DEL DESAFÍO LEVANTEMOS CHILE, UN AGENTE DE CAMBIO CUYO COMPROMISO SOCIAL INSPIRA A TOMAR UNA POSICIÓN SOLIDARIA MÁS ACTIVA.


Texto Manuela Jobet Fotos Sebastián Utreras

Que somos solidarios. Que en las catástrofes sacamos lo mejor de nosotros. Que nos conmovemos y nos movilizamos ante el sufrimiento de nuestros compatriotas. Así se nos retrata en general a los chilenos frente a la adversidad, pero lo cierto es que cuando las catástrofes han pasado -y recién empieza la vida real de los afectados-, a muchos se nos olvida que formamos parte de esa tan promisoria etiqueta. “Los chilenos somos muy reactivos en cuanto a la solidaridad” dice Nicolás Birrell, Director Ejecutivo de Desafío Levantemos Chile, la organización fundada en febrero de 2010 por Felipe Cubillos tras el terremoto y tsunami.

Asumió su cargo en noviembre de 2015 y desde ahí ha monitoreado y articulado más de tres mil proyectos de emergencia, educación, salud, cultura y deportes, y emprendimiento. Los desafiados -como se autodenominan quienes forman parte de la fundación- recorren Chile buscando casos, levantando información y teniendo contacto con las comunidades, aún cuando no se hayan visto remecidas por brutales incendios, diluvios o terremotos.

Abogado de la Universidad Católica y Máster en International Business and Law de la Universidad de Sidney, Birrell enfrentó sus propios desafíos antes de llegar al Desafío. Nació en España y creció surfeando y buceando, hasta que cumplió 10 años y se vino a Chile. “Siempre tuve una especie de dualidad, porque era un alma bien libre. No había tenido una educación muy formal, entonces cuando llegué a Chile y entré al colegio Cordillera, insertarme en esa nueva vida me puso ciertos retos”. Después entró a Derecho y en tercer año congeló para partir de nuevo a Europa: “Quería conocer el mundo, ver diferentes comunidades, distintas realidades. Allá conocí la manera en que funcionaban ciertas cosas que yo desconocía”. Partió el día que cumplía 22 años, con 500 dólares en el bolsillo que ahorró trabajando de mozo en las noches.

“Antes de irme sentía que estaba encapsulado, que en el mundo estaban pasando muchísimas cosas que me estaba perdiendo, que estaba siempre con las mismas personas, teniendo las mismas conversaciones. Tenía pocos estímulos y no quería que mi vida fuese tan lineal”. A su vuelta, estuvo tres años en el estudio de abogados Carey, experiencia que reconoce fue como entrar al Real Madrid para alguien como él que no fue alumno de promedio siete. Tres años después se fue a SMU donde estuvo otros cuatro como abogado jefe de la fiscalía. Y de nuevo quiso partir. Con su mujer y su hijo de 10 meses se fue a hacer el postgrado a Australia. “Fue esa experiencia la que me cambió completamente la vida. Allá me di cuenta de que cuando las comunidades estaban empoderadas podían resolver de manera mucho más fácil, rápida, barata y eficiente distintas problemáticas. Volví con esa idea, pero me faltaba el vehículo. Y buscando me encontré con el Desafío Levantemos Chile”.

El 90 por ciento del tiempo está en terreno, recorriendo Chile de Arica a Puerto Williams, haciendo junto a su equipo, intervenciones integrales en diferentes comunidades para darles mayor bienestar social, levantando programas educativos, trabajando en infraestructura, reduciendo listas de espera de patologías no Auge, haciendo escuelas de surf y multicanchas, capacitando a microemprendedores. Esas son solo algunas de las labores que hace y que distan mucho de remitirse únicamente a catástrofes naturales.

¿Conociste a Felipe Cubillos?
No lo alcancé a conocer, pero para mí fue alguien muy inspirador. Me acuerdo patente cuando fue el terremoto del 2010 y vi a este personaje que venía llegando de dar la vuelta al mundo navegando y dejó todo botado para irse a instalar con los pescadores. Ni siquiera se fue a dar ayuda específica, sino que se fue a meter a las comunidades, a sus bases y desde ahí pensó en ayudas lógicas. Me acuerdo de haber dicho ´qué compadre más impresionante, qué ser más admirable`.

¿Sentiste que había muchas expectativas puestas sobre ti al minuto de asumir este cargo?
Era un desafío enorme, pero yo siempre tuve claro que no tenía ningún punto de comparación con Felipe, jamás fue mi intención reemplazarlo. Yo venía sencillamente a sumar y aprender. Más que sentirme intimidado o sentir que tenía que cumplir ciertas expectativas, lo que hizo la figura de Felipe Cubillos fue inspirarme completamente, vi que alguien que también era abogado tomó un camino social, se comprometió al mil por ciento, e hizo un cambio muy profundo en la mentalidad de muchos chilenos.

Tomar este puesto me imagino te hizo renunciar a muchas cosas. ¿Ha tenido costos?
Es la mejor decisión que he tomado en mi vida. Nunca me había sentido con tanto propósito, con tanto sentido. Obviamente quiero tener un buen pasar en términos económicos, pero aspiro a ser millonario en experiencias, no en medios materiales. Quiero ser capaz de conectar con la gente, empatizar desde distintas realidades y ayudar en lugares que a lo mejor no tienen tantas posibilidades. Al final del día lo que me interesa es vivir una vida con sentido, una experiencia donde no todo empiece y termine en mí mismo.

¿Cuál es el perfil de la gente que trabaja en el Desafío?
Gente con un fuerte compromiso social, altamente empoderada, que tienen una especie de aversión crónica a la burocracia. Personas que quieren solucionar de manera rápida y efectiva distintas problemáticas. El espíritu del desafiado es alguien que quiere llevar soluciones prácticas a problemáticas públicas, y para eso hay que tener vocación. Aquí nadie se va a hacer rico, pero sí salen con muchísimas experiencias de vida y con un pulso de la realidad de Chile que pocos tienen. Siempre hablamos que para estar en el Desafío te tienen que brillar los ojos, tienes que tener un compromiso muy fuerte porque hay que renunciar a muchas cosas. Esta es una pega 24/7 de verdad, de lunes a lunes y sin horarios. Es gente comprometida, gente libre, gente alegre. Lo pasamos increíble trabajando, no tenemos sentimientos de culpa. Lo decía Felipe Cubillos: “no hay nada más solidario que ser eficiente”, y creo que eso nos grafica.

¿Somos realmente solidarios los chilenos?
Los chilenos somos muy reactivos en cuanto a la solidaridad. Para casos puntuales como la Teletón, por ejemplo, se muestra la mejor cara del chileno. El chileno es solidario, pero es un poco quedado. Muchas veces tienen que esperar que pasen cosas para ayudar. Siento que nos falta un mayor compromiso social y eso es notorio, evidente. Sin embargo, creo que está habiendo un cambio, que la gente ya no se está conformando con hacer una ayuda spot determinada, sino que quieren proyectos de más a largo plazo para hacer diferencias. Ahora las empresas no solo te dan el cheque y se sacan la foto, tienen un compromiso social desde la parte del directivo hasta los trabajadores.

¿Sientes que hay veces en que la gente quiere ayudar pero no sabe cómo, dónde?
Sin duda faltan vehículos, pero los hay. Si tienes una inquietud social,tienes que hacer la pega, ir a terreno y jugártela. Casarte con una problemática específica. Uno puede ayudar donde tiene contactos, donde vive, donde veranea, con la gente que trabaja en tu casa. Tampoco hay que hacer grandes cosas. La gente cree que tenemos que armar fundaliciones para hacer ayuda social y no: anda a un consultorio en la mañana, ve el tema de los inmigrantes, conoce sobre temas medioambientales. Si tienes una convicción y un compromiso social, independiente de que trabajes en un banco, una AFP o una Isapre, se puede echar una mano.

En relación a los más vulnerables, ¿qué deuda crees que tenemos con ellos?
La máxima y mayor deuda que tenemos en Chile es con los menores. El mayor terremoto que tenemos en Chile es el terremoto social, y eso se ve graficado en la vulneración de los niños del Sename, por eso nosotros desde hace 2 años empezamos a estudiar el tema en profundidad, empezamos a meternos y a hacer intervenciones. En el Desafío no somos expertos en ningún tema en particular, somos buenos articulando. Hemos hecho alianzas con distintas fundaciones que están metidas en el tema de la infancia y también estamos trabajando con el gobierno en distintas propuestas para abordar ese tema que sin duda es la máxima deuda que tiene Chile.

¿Cómo se vive internamente el contacto con los más vulnerables?
A mi me ha hecho ver que soy un privilegiado a otro nivel. Me aterriza. Me da contexto existencial saber que he tenido tantas oportunidades. Me ha hecho empatizar de verdad con otra gente, ponerme de verdad en los zapatos de personas que viven con 200 mil pesos al mes para mantener a cinco personas. Dar pequeñas soluciones a esas realidades le ha dado un sentido a mi vida. Le ha dado un propósito y me ha dado un impulso que yo antes desconocía. Me levanto a las seis de la mañana lleno de energía, con setenta cosas que quiero hacer, porque lo más lindo de este trabajo es que los resultados se ven muy concretamente. Y eso es bien adictivo. Cuando ves que puedes resolver problemas concretos de manera real quieres ir por más y empiezas a contagiar a la gente. Y después no hay vuelta atrás. Siempre me preguntan si voy a estar en esto un rato y después voy a volver a las leyes y no, de ninguna manera. No hay vuelta atrás en lo absoluto. No tengo idea de qué voy a estar haciendo en cinco años más, pero tengo la certeza plena de que voy a estar metido en proyectos sociales.

¿Qué te ha sorprendido de las comunidades que has conocido?
Su increíble capacidad de resiliencia, es increíble. Vengo llegando de Villa Santa Lucía y conocí a un hombre que había perdido a su mujer, su hija y su suegra. Uno pensaría que nadie se levanta después de eso, pero la gente encuentra fuerza. Me ha impresionado el cómo a raíz de una catástrofe nacen y se crean millones de oportunidades tanto para las personas de manera individual como para las comunidades. Me he convencido de que las catástrofes son una oportunidad de nivelar hacia arriba y de superar y mejorar estándares antiguos. Tenemos la convicción más profunda de que todas las soluciones deben venir de las bases y tienen que ser las propias comunidades las que te guíen en esas soluciones. Esto hace también que las comunidades sientan los proyectos como suyos y no que uno llega a imponerles. Creemos que no existe nada más nocivo y perjudicial para el espíritu humano que el asistencialismo. Si tu le quieres quitar cualquier noción de impulso emprendedor a una persona, dale un bono y olvídate. Ahí le aniquilas el alma.

¿Cómo se ha portado el Estado?
El Estado tiene tiempos más lentos y costos muchísimo más altos para desarrollar los proyectos, eso es una realidad, pero tengo una buena impresión. Claramente hay mucho que mejorar. Yo fui súper crítico con lo de los incendios porque en Chile existe que tú, para reconstruirte una segunda o tercera vivienda, necesitas exactamente los mismos permisos y los mismos papeles que para reconstruir en una zona de catástrofe, y eso no tiene sentido. Nos hemos visto entrampados en muchas localidades con las direcciones de obra por no poder contar con permisos en casas que ya están construidas perfectas. Nosotros hacemos siempre casas definitivas de muy alto estándar, completamente equipadas. Ponemos mucho hincapié en la dignidad y en entregar soluciones definitivas, pero se da la paradoja de que muchas veces tenemos casas que ya están perfectamente habitables pero por temas de permiso la gente no se puede ir a vivir. Ahí estamos al debe y le vamos a plantear al gobierno que tiene que haber una reforma legal severa en cuanto a los trámites burocráticos para cuando haya catástrofes en Chile, porque las catástrofes van a seguir existiendo.

¿Hay prevención o pura reacción?
Se ha mejorado muchísimo. Nosotros hemos sido bien críticos de las políticas reactivas pero se está avanzando de a poco con planes preventivos. Claramente falta muchísimo por hacer porque las catástrofes naturales son ciertamente una realidad en este país y hay que profesionalizar la actividad en torno a ello.

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