Mayte Rodríguez

Ya no le importa lo que digan, ni tiene como bandera de lucha demostrar que su belleza no es sólo lo que se ve. La actriz más linda de la TV se olvidó del pudor.


Dirección creativa y producción IPC Studio · Fotos Noli Provoste, Matanga Estudio · Moda María Ignacia Mackenna · Maquillaje Maida Cardemil · Asistente de fotografía Daniel Vidal · Asistente moda Gerri Kimber

No usaba minis, ni peto, ni labios muy rojos, ni tacos muy altos. Nada que la hiciera verse más linda de lo que ya es.  Vivía preocupada de la imagen que la gente se fuera a hacer de ella. Que nadie pensara que sólo era poseedora de una perfecta belleza exterior y que era un cascarón vacío. Tenía que demostrar y demostrar. Incluso su primera pareja no le permitía arreglarse, la hacía sentir mal y ella, sin pensarlo mucho, asumía la situación. Tanto que en su adolescencia tuvo una especie de rebeldía contra su apariencia. Hoy Mayte Rodríguez se despojó de todas esas ataduras, prejuicios, y se atrevió a ser ella.  A entregarse a lo que la vida le ofrezca. “Era bien pudorosa, bien tapada y ahora estoy descubriendo una parte de mí que no había disfrutado, a jugar con mi sensualidad. Me parece entretenido, ¿si no lo hago ahora, cuándo? A los 40 me va a volver el pudor!”, comenta muy relajada.
Mayte tiene 26 años y esa juventud se refleja en su piel, en su manera de reír y de soñar, pero no en lo que dice. Da la impresión de que ha vivido más que otras chicas de veintitantos. Será porque sus papás se separaron cuando tenía apenas 4 años, o porque su primer trabajo en televisión lo tuvo a los 12, porque vivió una vida nómade o porque vio sufrir y renacer a su adorada madre, Carolina Arregui. Quién lo sabe. Quizás no es ninguna de las anteriores. Lo cierto es que esta actriz que adora la pintura, que escribía románticos poemas “antes de conocer al amor” y que se siente mejor mirando el mar que en ninguna otra parte, es sumamente reflexiva y cautelosa. Así lo fue cuando los programas de farándula se dieron un festín hablando de su relación con Tiago Correa, con quien ya lleva 4 años de relación.
Mayte Rodríguez nació en Santiago, pero vivió su infancia entre Viña del Mar y Maitencillo, lugares de los cuales guarda los mejores recuerdos. Esa época de nómades, con su mamá, que no fue fácil pero que hoy agradece haber vivido. “Es súper loco, pero una parte de mí agradece que durante un tiempo mi mamá no haya tenido pega. Nos hizo valorar el otro lado de mi vida; vivir con poco y arreglárnosla con eso. Yo fui al liceo en Maitecillo y aprendí a no vivir en una burbuja, a ver el mundo tal cual es. Si hubiera tenido el mundo perfecto, no sería la persona que soy”.

¿Alguna vez te sentiste como la mamá de tu mamá?
Sí y lo hemos hablado mucho. Hoy somos súper amigas y nos damos y pedimos consejos.

¿Cuándo eras chica alcanzaste a ver a tu mamá en las teleseries?
No. Vi escenas pero de grande. Para Ángel malo yo no había nacido. Mi hermano grande sí y por eso se llama Miguel Ángel.

¿Y tú por qué te llamas Mayte?
Por Maitencillo. Viví mi infancia allí, fui al colegio, pasé todos los veranos de mi vida, ahora voy los fines de semana. Mi mamá tiene una casa y yo una cabañita, me encanta. Yo creo que no es feliz quien más tiene, sino quien menos necesita. Fui muy feliz en Maitencillo. Hay cosas que uno se gana con esfuerzo o con talento o con las dos cosas. Para mí, vivir mi infancia en Maitencillo fue una gran suerte, cerca del mar, disfrutar ese paisaje hasta el día de hoy es maravilloso.

¿Crees que tu decisión de ser actriz pasó por tus padres?
En mi infancia mi mamá no trabajaba como actriz así que para mí era un mito todo lo que se decía y no entendía por qué la gente le hablaba cuando salíamos a la calle. A mi papá lo acompañé harto, me quedaba calladita detrás del set y por ahí me empezó a gustar más. Sí, por mi papá.

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