Max Costabal

MR. TATOO

EN LOS SIETE MESES QUE LLEVA FUNCIONANDO, EL TALLER DE TATUAJES CAVALERA DE MAX COSTABAL (25) HA ESCULPIDO CIENTOS DE TATUAJES Y SE HA POSICIONADO COMO UN ESPACIO ÚNICO EN SANTIAGO GRACIAS A SU PROPUESTA TÉCNICA Y ESTÉTICA DE PRIMER NIVEL.


Texto Manuela Jobet  Foto Sebastián Utreras

 

SEGÚN CIFRAS RECIENTES DE ADIMARK, 2 DE CADA 10 CHILENOS mayores de 15 años tiene al menos un tatuaje en el cuerpo. Pero Max Costabal sobrepasa con creces esos números. Tiene más de 30 desplegados en su cuello, cabeza, brazos, manos y unos pocos en sus piernas. Todos son negros. El primero -una raya en la palma de su mano que más bien parece una hecha con lápiz pasta- se lo hizo por error cuando probaba el funcionamiento de las máquinas para tatuar. Era un amateur. Había armado la máquina guiado por tutoriales de YouTube y su gusto por el dibujo lo motivó a improvisar en esta técnica. Hoy guarda esa primera marca permanente –la que además reconoce ha sido una de las más dolorosas- como una de sus más preciadas. A ella se suman rosas, mandalas, figuras geométricas y calaveras, sus preferidas.

De chico quiso dedicarse al diseño automotriz. Y no es casualidad. Hijo de Eduardo Costabal, quien por décadas ha estado ligado a esa industria, de él heredó su gusto y cercanía con ese mundo.Pero después de estudiar Arte y Diseño Industrial y de pasar horas sentado frente al computador, se dio cuenta de que eso no era lo
suyo. Dejó la universidad, vendió su auto y partió a un viaje familiar por Europa. Pero dos días antes de volver a Chile, le notificó a su papá (instalado en Barcelona hace algunos años) que se quedaba con él porque quería hacer cursos de tatuaje. Y se quedó.

Dos años después volvió a Chile sin conocer a nadie del rubro, pero con la idea de expandir la industria y de montar un sitio de calidad, tal como los que conoció en su paso por España. Instalado en Santiago, vendía ropa en Scalpers y Hackett y en paralelo tatuaba a conocidos en su departamento. Fue ahí cuando el dueño del Jardín Mallinkrodt lo contactó con la idea de darle un aire más cultural y artístico a su propuesta. Y nació Cavalera, el estudio de tatuajes de Max Costabal junto a su hermano Eduardo y a José Carrasco, ambos Ingenieros Comerciales.

En los 70 metros cuadrados que tienen, armaron un lugar con un particular cuidado por los detalles. Paredes negras combinadas con tuberías metálicas y bronce. Lavamanos industriales que se trajeron de Alemania. Sillas importadas de Estados Unidos. Un conjunto de elementos que vive en armonía y que da vida a un espacio que evoca a las construcciones típicas de Brooklyn, gracias al diseño y arquitectura de la oficina Black Marí.

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