Mario Azócar:
El alma de la fiesta

Carlos Loyola Lobo / Fotos: Collage Pato Mardones / Retrato: Mario Salazar

EL CREADOR DE LOS LUGARES DE ENCUENTRO MÁS TOP DEL PAÍS DURANTE LOS 80 Y LOS 90 RECUERDA CON NOSTALGIA Y AFECTO ESOS AÑOS. PERO NO LOS QUIERE TRAER DE VUELTA. IMPARABLE Y EN CONSTANTE MOVIMIENTO, MARIO AZÓCAR SE REINVENTA Y EVOLUCIONA. FRÍVOLO A MUCHA HONRA, RECORRE ACÁ LAS FRENÉTICAS NOCHES EN LAS QUE FUE EL GRAN PROTAGONISTA.

En su penthouse de El Golf suenan en paralelo música chill out -que viene de la sala de estar- y un tal Robert Haig Coxon que llama a la calma, especial para meditar. Le saco una foto a la pantalla del iPod para recordar el detalle y resulta que me viene perfecto justamente ahora que tengo que escribir esta entrevista. Mario Azócar, o también conocido como Tashi, ha sido el señor de la noche en Chile por más de tres décadas. Las ha vivido y las ha conocido todas. Todas, incluso la meditación, la reflexión, días en la India en que el Dalai Lama a través de un monje le otorgó el nombre Tashi que significa “victoria’s happiness”, eso hace ya 20 años. “Me conecté cuando me di cuenta que el Mario era el ser terrenal. En esa ocasión el monje Lama me hizo repetir un mantra que me hizo mucho sentido y desde ahí todo fue maravilloso”. Es curioso pensar en una persona que vivió los años de Studio 54 en Nueva York, en los días del “flower power” en Ibiza, ese que después de irse con su familia a vivir a Buenos Aires mientras pasaban los años de la Unidad Popular y que al regreso a Chile estuvo en ocasiones preso por no acatar los horarios del toque de queda, el mismo que fuese dueño de pubs, restaurantes y clubes durante los últimos años de los 80 y buena parte de los 90, que ese personaje cultive una espiritualidad tan sentida y tan activa. Esa dicotomía, durante el primer tiempo, también produjo conflictos en él: “en algún minuto eso ocupó lugar en mi cabeza pensando ‘porqué me toca estar en la noche, en todo este mundo frívolo’, sin embargo la espiritualidad me ha ayudado a no creerme tanto todo este cuento de las luces y lo social. Para afuera está la ilusión, pero lo de adentro es lo real, ahí me conecto en serio. Me encanta la naturaleza y la conexión hippie chic, no lo artesa”. Y continúa: “Siempre convivió en mi lo místico y espiritual con lo frívolo. Me gusta lo Ying y lo Yang y no siento que sea contradictorio, es más bien un complemento. Si no medito o si no me hago un reiki, no funciono. Sin embargo ya no tengo la paciencia para que la gente entienda lo que es la meditación y me siga el cuento. Mientras yo esté bien interiormente, puedo jugar a ser frívolo”. Tashi hoy es el Public Relationship de una agencia de comunicaciones líder en Buenos Aires y que acá, gracias a él y a un gran equipo que integran Cristóbal Millar y Tomás Claro, entre otros, arma sus “fiestitas”, como le gusta llamarles desde que erradicó la palabra “eventos” de su vocabulario. Pero como es hiperkinético por naturaleza, ya está con ganas de delegar y emprender vuelo. “Soy mono en el Horóscopo Chino y mi realidad es andar de árbol en árbol. La gente se sorprende con la energía que tengo, pero me gustaría ir asentándome y bajar un poco el ritmo. Quiero dejar esto funcionando bien para no tener que estar siempre. Quiero irme tres meses a Tulum a principios del próximo año.  Pero volvamos atrás, retrocedamos en el tiempo, a los años de gloria, de desenfreno y de glamour. Los años de Pucón, Marbella, de “El Otro Pub”, de ese paseo nocturno que tuvo su punto cúlmine en el Tantra Lounge a finales de los 90. Los días imborrables en los que Mario Azócar dejó una marca perpetua en la noche santiaguina. 

EL REY DE LA NOCHE

Si hay algo que celebrarle a Mario Azócar es el buen ojo, la intuición, creatividad y haber estado en el lugar y el tiempo indicado. La habilidad para levantar y deslumbrar a una sociedad santiaguina que de a poco se despertaba de la modorra y que tuvo en Mario al gran creador de un ambiente, de un circuito de pubs en Santiago y en regiones, de discotheques en playas y centros de esquí. El primero fue “El Otro Pub” en General Holley, el barrio de moda a principios de los 90. “Mi viejo era publicista, gerente general de la agencia J. Walter Thompson y cuando empezó la Unidad Popular nos fuimos a Buenos Aires. Acá estudiábamos en el Craighouse y el sueño de mi papá era que nos graduáramos de Cambridge, cosa que yo nunca hice. Me terminaron echando de todos los colegios en los que estuve, ese camino no era el mío. Después de cuatro años allá, de un día para otro volvimos a Chile. Llegué a estudiar diseño publicitario y encontré un asco todo esto de venir a acostarse a las 9 de la noche porque había toque de queda, así que mi papá me mandó a Miami a estudiar hotelería y turismo. Me arrendaba un regio departamento con auto incluido, todo para que el niñito estudiara. Estuve tres años allá y me puse a trabajar como tripulante en líneas aéreas cuando estaba todo empezando. Las entrevistas eran en Santiago, así que me vine y como fui el recomendado del General Manager que estaba en EE.UU, de los dos mil tipos que postularon quedamos dos. Congelé los estudios en Miami y finalmente nunca terminé porque me encantó esto de volar, además que ganabas muy bien y con cada matute que traíamos ganábamos 4 mil dólares. Te estoy hablando de comienzos de los 80, antes del Parque Arauco y del boom del primer mall. Yo les vendía a los locatarios de los caracoles en esa época. Trabajé como sobrecargo durante nueve años. Fue tanto lo que postergué la carrera que no pude volver y se lo conté a mi papá: “usted no va a ser bandejero de avión toda la vida” me dijo, y me propuso que le ofreciera un negocio. Justo en ese momento había conocido al Pato Sandoval de la tienda Certo Signore, que fue la más top en ropa de hombre, ubicada en General Holley con Suecia frente al atelier de Atilio Andreoli. Ahí estaban todas las tiendas buenas, galerías de arte. A ese sector le llamábamos ‘el triángulo de las Bermudas”.

El negocio que le propuso a su padre fue estabilizarse, volver a Chile y abrir un pub. Así fue como nace El Otro Pub, que fue el verdadero comienzo de la vida nocturna en el mítico Barrio Suecia. Rápidamente la fama de Mario Azócar se amplificó y fue tema de conversación en todo el circuito. De General Holley saltó a Pucón, donde instaló “OH”, una discotheque ubicada a cuatro kilómetros del pueblo donde las fiestas duraban hasta las siete de la mañana. Después vino la apertura de la misma discotheque en El Colorado, pero en el intertanto el local en Pucón se incendió y lo reabrieron en pleno centro con el nombre “Too Much”. Durante esos años Mario Azócar se asoció con Fernando Walker y Eduardo Kuhn y lanzaron la discotheque del Hotel Pucón. Después vendrían “Alive” en La Parva, su simil en Santiago – decorada con sillones franceses y pisos de mármol-, y al lado el restaurant “Yesterday”, a cargo de Walker. “La Mónica Comandari publicaba en Cosas todo lo que yo hacía. Ella conocía a mi viejo y se llevaban la raja. Las marcas que estaban en la agencia de mi papá publicaban en la revista. Ella se daba cuenta que mis clubes dejaban la patá en un status muy alto, pero a la vez muy liberal”. Con seis clubes funcionando con éxito, Azócar se enteró de la existencia de un restaurante abandonado en Marbella frente a una playa privada de 200 metros y que querían convertirlo en un lugar de elite. Fue así como en 1989 junto a sus socios se adjudicó la concesión de “La Pajarera Sport’s Café” para el que trabajaron el concepto pensando en Saint Tropez: de día reposeras, música en vivo, motos de agua, snowboard, niñas sirviendo tragos; y de noche un restaurant donde la gente terminaba bailando arriba de las mesas. Atraían a veraneantes de Cachagua, Zapallar y Viña, pero por seguridad de los bañistas, le quitaron la patente de alcoholes y todo perdió el encanto inicial. Los días en decadencia de “La Pajarera” coinciden con la muerte de su padre. En ese momento comenzó uno de los muchos períodos sabáticos con los que irá construyendo su vida hasta hoy. Con la plata que tenía hasta ese momento, más la herencia que recibe de su padre, Tashi se va a vivir a South Beach, Miami. “Era la época en que mataron a Versace. Estaba todo lleno de franceses, alemanes, muy cosmopolita. Toda la gente de Nueva York se iba los fines de semanas y había un lugar que se llamaba Tantra, un restaurante que estaba lleno de budas, muy de mi onda”. La estancia en Miami duró 6 años. 

“Después super que mi mamá se estaba muriendo y volví a Chile y puse el “Tantra”. En esos cinco años dejé la patá”. Luego de algunos viajes junto a su amigo Juan Picand donde compró budas, alfombras y toda la decoración oriental necesaria, se instaló en pleno Bellavista en uno de los lugares que más ha impactado a la sociedad chilena que en plena democracia estaba ansiosa de destape. “Se peleaban las camas, te sacabas los zapatos y comías ahí mismo. Pero nadie se ponía a atracar”, cuenta. El “Tantra” nació en paralelo a la farándula en Chile. Los futbolistas y las modelos eran parte del ambiente, desde Iván Zamorano hasta Zinedine Zidane estuvieron en sus dependencias. Mientras las modelos se peleaban de tirones de pelo en la “Skuba” donde se escuchaba a David Bisbal, el “Tantra” era más selecto y asistía un circuito más electrónico. Eran los años de la vida social en la revista Paparazzi y de la apertura de lugares como “La Feria” o “La Salita”. El “Tantra” cerró en 2004. “Después vino lo de Streetmachine y Creamfields donde trajimos a todos los mejores Dj’s del mundo, hasta que pasó lo de Paul Morrison en Pucón y me desaparecí un rato hasta que comencé a hacer eventos con la Magdalena Jiménez, que hace desfiles de moda y con Raimundo Encina que hacía la prensa. Con ellos estuve como 4 años y luego me tomé un par de años sabáticos e instalé una posada en Brasil junto a la Cata Pulido y su marido, el Chino Reyes. Eran 4 casas, una patronal enorme y tres cabañas más chicas con vista y bajada a la playa privada. Fueron años alucinantes”.

LAS NOCHES LOCAS EN NUEVA YORK

“He vivido en Ibiza, Brasil, Nueva York y Miami sacándome la mugre, siempre tratando de vivir bien y viviendo a concho, `viviendo la calle`, no como el que va por dos meses a Europa y conoce diez países. Siendo muy joven iba al “Studio 54” con Guy Burgos, a quien conocí por amigos en común. Era finales de los 70, se vivían los excesos más grandes y la ciudad era muy peligrosa, era el destape total. Los cruising se daban a la orilla del Hudson, eran los tiempos antes de la epidemia del Sida, la mixtura era muy curiosa socialmente. Iba a cada rato a “Studio 54” porque Guy Burgos era el relacionador público del lugar y tenía acceso ilimitado así que imagínate. Él me tomó mucho cariño porque era chileno, era joven, fue muy buena onda. A él la Sarah Churchill le presentó a todo el jet set de Nueva York: a la Nati Abascal, a la Carolina Herrera, íbamos todos los años al cumpleaños de Guy y llegaba la gente más impresionante.  Y en Studio 54 conocí a Liza Minelli, a Rod Stewart, a Halston, a la Bianca Jagger, ese era el ambiente que vi. Ahí, la Gloria Gaynor lanzó su disco “I will survive” ahí y yo estuve en ese lanzamiento, fue increíble, esa es la canción que quiero que pongan el día en que me muera. Porque yo voy a vivir, o sea me voy a morir pero voy a trascender, yo creo en la reencarnación”.

AQUÍ Y AHORA

¿Cómo ves hoy la vida social y nocturna en Chile?

Se ve pobre, un poco aburrido. La gente no hace esas comidas y esas fiestas apoteósicas que se hacían, que eran glamorosas, a las que todo el mundo quería ir. No existe el referente que logre convocar a diferentes personajes, de diferentes estratos y que hacen la fiesta entretenida. Todo está bien muerto. Constantemente estoy invitado a inauguraciones de locales pero no les veo onda por ninguna parte. Trato de sentirme impresionado pero no. Falta mundo, falta calle.

¿Sigue rondando en tu cabeza la idea de volver a las pistas?

La idea de abrir un nuevo boliche ya no está. No están las energías. Soy consciente de que si abro algo dejaría la escoba otra vez. Me han ofrecido hacer fiestas mensuales, y si bien no me cierro a nada, me cuesta delegar. Ahora estoy concentrado en dejar armada la energía dentro de mi grupo en Mass, la agencia donde llevamos cuatro años de trabajo. 

¿Hay una responsabilidad en estar siempre haciendo frente a todo?

Asumo que a estas alturas soy una marca, un nombre y que por eso es inevitable que me vinculen a buenas fiestas, pero cansa, da lata a veces, porque no me permite soltar. Quiero pensar que viene una generación de recambio que va a hacer cosas interesantes. Hay que tener clase y mundo, pero tampoco comulgo con el pituco perno. Tiene que ser gente con onda, que tenga roce, que conozca dos generaciones más viejas y dos más jóvenes, que tenga calle, vínculos, amistades y llegada fácil.

¿Cómo te escapas del ruido ambiente?

Me considero un sobreviviente de todo lo que ha pasado, con todas las historias que he vivido y todavía estar vigente, por eso si bien asisto a mucha cosa, también me guardo en muchas otras. Ahora mismo estoy en una etapa de guardarme un poco, de no subir nada a redes.Y claro, tengo que ir a otros eventos porque si me gusta que vengan a los míos, es la manera de estar vigente, pero llega un minuto en que me gusta cuidar mi energía. Y ahí es cuando solo veo a mi grupo de amigos, voy a comidas en casas y no a tanta cosa pública. Me gusta tomarme años sabáticos, desconectarme e irme a lugares donde conozco a gente a la que no le importa ni el apellido, ni el colegio donde estuve. SML

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