Marco Enríquez Ominami

Marco Enriquez Ominami

MODO CANDIDATO

UN PERSONAJE IMPRESCINDIBLE EN LA POLÍTICA NACIONAL DE LA ÚLTIMA DÉCADA. MARCO ENRÍQUEZ OMINAMI PREPARA SU CANDIDATURA PRESIDENCIAL PARA 2017. LAS ENCUESTAN LO AVALAN. ME-O, EL FRASEO VELOZ, EL ANTIGUO DÍSCOLO, ESTÁ EN UNA CARRERA DE LARGO ALIENTO QUE PRETENDE GANAR.


 Texto Oscar Contardo Foto Matías Mondaca Moda Mauricio Fredes

Su oficina no tiene dirección, tiene patente. Es una camioneta SUV negra, de vidrios polarizados estacionada, para estos efectos, en una vereda de Los Condes. Hasta allí llego y me detengo en frente asegurándome que desde dentro alguien me vea.

Como no hay timbre que tocar me hago visible hasta que el vidrio del asiento trasero comienza a bajar y entonces aparece Marco Enríquez Ominami, con una sonrisa tan amplia que pareciera reconocer a alguien que dejó de ver hace mucho tiempo y que repentinamente reencuentra. Es el gesto del candidato, aquel que le repite al reportero lo buena que son sus preguntas, lo acertadas que son sus observaciones.

Hay que sumar simpatías y ME-O, con sus relatos acelerados y su sentido del humor como reflejo automático, sabe hacerlo.

Tiene 42 años y dos candidaturas presidenciales en el cuerpo. Antiguo díscolo de la Concertación, hoy líder de un partido del que él es la figura prominente, Marco Enríquez Ominami es parte del paisaje político chileno desde hace una década, cuando fue elegido diputado.

Ahora recorre Chile como una especie de candidato virtual, no uno oficial, sino más bien como una figura política que está esperando su oportunidad. La camioneta es su centro de operaciones. El chofer y su asistente de prensa bajan y él envía un par de correos antes de guardar el notebook y la pequeña bandejita que usa como apoyo.

Mucho antes de que fuera candidato presidencial, en su época de director de cine y productor de televisión, Marco dijo en una entrevista que ser chileno era una tragedia. La frase fue resucitada durante una de sus campañas y él tuvo que dar cuenta de la provocación y ponerla en el contexto. La primera pregunta es un parafraseo de sus propias palabras.

¿Cuál dirías tú que es actualmente la tragedia de ser chileno?
Creo que Chile es un país donde la economía se comió al derecho, se comió a la educación, se comió al pueblo de Caimanes. La economía es una ciencia que viene después del poder, después del “para qué”, y Chile es un territorio donde la economía se comió todo. La Constitución la hicieron economistas, los cuatro últimos ministros de educación son economistas. Creo que eso es una tragedia hoy día, porque como clase política no hemos sabido hablar de política. Los conservadores de la economía secuestraron a la economía y a la vez se comieron al derecho. Yo soy hijo de economista y les tengo gran respeto, pero la economía es una ciencia al servicio del hombre y no al revés. El dinero es un gran esclavo pero no es un amo. Estamos todos esclavizados por el dinero, yo creo que es una tragedia: en la universidad, la salud, la afp.

¿Cuánto tiempo llevas como candidato?
La pregunta tiene una trampa y no te la puedo responder como tú quieres. Esta entrevista no te la doy como candidato. La UDI dice que soy candidato permanente, lo que significa que si doy entrevista ahora soy candidato. ¿Qué me hace candidato? ¿Qué te dé esta entrevista?

Reformulo: En las encuestas apareces como un político bien evaluado y eso se traduce en la posibilidad de ser candidato presidencial.
Entonces yo soy honesto y te respondo que sí voy a ser candidato. Si me preguntas cuánto tiempo he sido candidato, respondo que una vez para diputado y dos veces para presidente.

¿Cuál es la diferencia entre tu primera y segunda candidatura presidencial?
Creo que nosotros en 2009 éramos una candidatura de protesta y en 2013 de propuestas. También creo que en 2009 las nuestras eran ideas de minoría y en 2013 fueron de mayoría; que en 2009 rompimos una puerta y la cruzaron otros y que el 2013 no pretendíamos romper puertas sino instalar una visión de sociedad. En 2009 el objetivo era romper lo que llamábamos el duopolio político y hoy estamos en otro esquema.

El ministro Peñailillo preguntó ¿quién financia a Marco Enriquez? Yo te pregunto ¿quién te financia?
Mi trabajo desde los 20 años. Rivas y Rivas Limitada existe desde el 97. Tan sólo este mes firmé el contrato de una editorial, di tres conferencias, dos en México y una en Argentina. Todas remuneradas.

¿Se puede hacer una candidatura presidencial sin fondos reservados?
Depende de las reglas. Cuando las reglas permitían aportes de los privados, hubo que conseguir aportes de los privados. Ojalá cambien. Yo he pedido fin al aporte de las sociedades anónimas y las empresas porque no votan. Ojalá en 2017 el dinero tenga un valor menor en las campañas.

Si tú tuvieras que ponerlo en porcentaje ¿cuánto era el valor del dinero en las campañas?
Nunca el suficiente para ganar. El dinero no lo hacía todo. Piñera hubiera ganado el 2005 si fuera por dinero y no ganó. Es importante, pero no es suficiente.

UNA MONARQUÍA PRESIDENCIAL

Hiciste un ofrecimiento al gobierno de apoyo a las principales reformas. Dijiste que ponías a disposición de Bachelet tu capital político.
Así es.

¿Hubo alguna respuesta del gobierno?
Ninguna.

¿Harías el mismo ofrecimiento ahora después del caso Caval cuando la popularidad de Bachelet se desplomó?
Para las reformas sí.

¿La presidenta tiene el mismo poder que antes del caso Caval?
Sí, estamos en una monarquía presidencial.

¿Y el mismo respeto de los ciudadanos?
Yo creo que sí.

¿Y su imagen?
Ahí hay un problema. Hay una crisis. Creo que ella respondió tarde a este asunto y de manera insuficiente. Siendo ella una mujer honesta, desperdició dos oportunidades: una era dar una reflexión sobre el tipo de negocios en los que estaba involucrado el hijo. Ella dio su verdad psicológica, dijo que le dolió, pero eso no es suficiente. Uno quisiera saber qué opina ella de ese tipo de negocios. Por otra parte ella perdió la oportunidad de poner en duda un sistema político que no es confiable. Hay que avanzar hacia la asamblea constituyente. Ella tiene un mandato y una obligación constitucional y su condición de presidenta debió imponerse sobre la de madre. Debió interrumpir sus vacaciones y haberle pedido ella la renuncia a su hijo.

¿A ti te parece que el fenómeno del financiamiento ilegal de las campañas que surgió en estos meses -con Penta, Soquimich- es algo nuevo y creciente en Chile, o es sencillamente algo que estamos enterándonos ahora que existe y que viene de hace mucho?
Creo que es algo que recién estamos sabiendo. Sebastián Piñera gastó siempre antes de sus dos campañas montos obscenos. El período electoral empieza 90 días antes de la elección y seis meses antes Piñera tenía tapizado Chile. No nos escandalicemos. Me parece que estamos aprendiendo que hay dos niveles: el legal y el ético. Porque una cosa es que recibas plata de una empresa y otra que la defiendas en la ley. Ese es un problema ético, de conducta. De decencia. Si una isapre te dio plata y votas a favor de esa isapre, tenemos un problema adicional al original de financiamiento. Con la UDI quedó la duda fundada: cuando la UDI opinaba que el sistema de AFP era bueno ¿lo hacía porque efectivamente lo creía o porque la financiaba Penta? Es muy delicado el asunto. Por eso yo he propuesto referéndum revocatorio.

¿Soquimich puede ser a la Nueva Mayoría lo que Penta fue a la UDI?
Va a depender de si se vendieron conciencias. No es lo mismo que una empresa financie una campaña a que compre un programa de gobierno.

En el caso de Penta hay algo adicional a la plata: las relaciones familiares y de clase.
Creo que a estas alturas ese es un asunto secundario. El tema de fondo es que un sector ideológico que defendía el status quo de las isapres y las afp, estaba financiado por una isapre y una afp.

¿Hay una estética del candidato?
Siempre la hay. Yo creo que hay metáforas del candidato. Está la del éxito. Aquel que es un empresario exitoso que se presenta como un triunfador en los negocios, algo que se supone lo hará un hombre exitoso en la política. Ahí están Berlusconi, Piñera, Parisi. Una segunda metáfora es la voluntarista, aquel que no tiene nada pero lo quiere todo. Otra posible es la del humanismo, como Obama que dice: soy negro, pertenezco a una minoría discriminada, pero no quiero revancha. O el caso de José Mujica en Uruguay, que pese a haber sido detenido se presenta como un candidato que no tiene odio. La misma Michelle Bachelet es una candidata que representa la metáfora humanista. Quizás el cuarto tipo de metáfora es la de renovación del país, yo me inscribo ahí. Empujar los límites de los límites de lo posible. Para mí el progresismo es correr el límite.

LAS MARCAS DEL EXILIO

¿Dónde está la generación que, como tú, creció en el exilio? ¿Dónde están ellos ahora?
Es una pregunta que soy incapaz de responder. Porque mis papás, por el lado de los Gumucio, los Enríquez, los Ominami, fuimos exiliados en siete países. Tengo primos que volvieron, una prima cantante de ópera que se quedó en París; otra es abogada; otro periodista; otro primo vende colchones. Por mi propia familia te digo que el exilio fue muy traumático. Es la parte probablemente más incomprendida del diálogo que tenemos los que fuimos exiliados con nuestro país.

¿Cómo marcó eso tu manera de ver la política?
De manera gigantesca. La nacionalidad, la identidad es un desafío permanente y uno construye su identidad todos los días. El exilio te da una condición de tránsito. Tú estás en tránsito mientras estás exiliado, no sabes si vas a vivir en el país que te recibió o vas a regresar. La idea de esclavitud, de que dependes de otro, de seres superiores a ti que deciden si vas a vivir o no en tu país. Eso me marcó mucho, por eso soy un gran libertario, tengo una furia con la autoridad si no es entendida como algo al servicio de los otros.

¿Era una tragedia vivir en Francia?
Era muy duro. Era muy dura la condición de apátrida, de no tener arraigo. No era chileno para los chilenos, además mira mi color de piel. Yo tengo una cara de chileno bien típica.

A propósito de lo que ocurrió con Charlie Hebdo y la explosión xenofóbica en Francia, ¿tú sufriste discriminación xenofóbica en Francia?
Yo viví un fenómeno migratorio menos controversial que el que se conoce hoy en Europa. Hoy día hay siete millones de musulmanes. Ahora es una situación más compleja que en la década de los 80. Pero además en los 80 la inmigración latinoamericana era más importante,porque había muchas dictaduras: en Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil. Yo me topé con muchos vietnamitas. Una vez me tocó ir a un campamento municipal con un grupo de vietnamitas y me impactó mucho. Descubrí que la condición de refugiados no era un monopolio de América Latina. Me fui en un bus en el que había sólo vietnamitas y yo. Me acuerdo perfecto, por la forma de hablar entre ellos. Era una fonética distinta. A mí me da la impresión que la inmigración que conoció Francia en los 80 era menos controvertida, más blanda. Había racismo, pero los discursos nacionalistas de Le Pen eran considerados una vergüenza. Hoy día su hija marca muy alto en las encuestas y eso para mí es algo ajeno.

¿Vas mucho a Francia ahora?
Mucho, seis o siete veces al año. De hecho hoy día se suponía que debía estar en París. Sigo súper conectado. Leo los diarios, mantengo amigos.

¿Alguna vez pensaste que a lo mejor era mejor quedarse en Francia?
Lo intenté, para ser bien sincero. La historia es muy simple: yo salí a los cinco meses sin pasaporte, me dan un pasaporte de refugiado que tengo guardado y me dan un pasaporte francés. El pasaporte chileno me lo dieron después, muy tarde. De ahí en adelante el mundo se dividía en dos en el exilio, entre los que compraban sofá y los que no se compraban sofá. Mi mamá (la socióloga Manuela Gumucio) compró sofá- Mis padres vivían en departamentos separados y Carlos (Ominami) no compró sofá. Te hago una caricatura. Carlos pensaba que la dictadura se iba a caer pronto y mi mamá que tenía para largo. Entonces yo fui educado en tres casas: la de mi abuelo Gumucio, la de Carlos Ominami y la de mi madre. Y en las tres casas había tres doctrinas distintas respecto de Chile. Mi mamá decía que la dictadura tenía para largo y que ella tenía un hijo y su deber era que el niño, o sea yo, se naturalizara francés. Carlos se preocupó más bien de cantarme canciones infantiles, me ensañaba chistes chilenos y mis abuelos me hablaban en español. El año 86 yo volví a Chile y el 87 llegó mi madre, que como era más reticente, se demoró más en volver. Le dolía volver. En los 90 yo estudié filosofía en la Universidad de Chile. Éramos muy pocos alumnos porque era de las carreras que se habían cerrado en dictadura y me titulé. En paralelo a eso me transformé en asistente de producciones audiovisuales y cortos, pasó el tiempo y me fue bien con eso. Luego hice series de televisión, y el año 98 firmé contrato con una gran productora francesa, para hacer una película con un presupuesto de 500 mil dólares. Para mí era un proyectogrande. La condición era que yo montara la película en París. La rodaba aquí y la montaba allá. Y pensé en hacer el intento de regresar a vivir a Francia, pero Chile fue más fuerte.

¿En qué fue más fuerte Chile?
Yo creo que el optimismo nuestro. Vivimos en un país muy optimista, con mucho sentido del humor.

¿Te parece?
Sí, respecto de los franceses sí. Mira aquí hay incendios forestales enormes, terremotos, aluviones, tsunamis, inundaciones, sequías y aun así la gente es optimista. Dime tú si hay algo que me falte.

Al menos huracanes no hay.
Bueno, me faltaron huracanes y lluvia ácida. A eso agrégale 4 mil kilómetros de cordillera, con un mar que se llama Pacífico pero que de pacífico no tiene nada, es una hielera. En Francia para decir que algo quedaba muy lejos nombraban a las islas Fiji o a Chile, era como un chiste. En Hollywood lo mismo, acuérdate de Loco por Mary cuando un personaje le dice a otro que ha trabajado en los lugares más insólitos, incluso en Chile. Cuando era niño y mis compañeros de curso en Francia me preguntaban dónde quedaba mi país frente al mapamundi, yo lo apuntaba y me respondían: pero eso es el mar. Ahí aprendí a poner el dedo en Argentina para mostrar a Chile. Te das cuenta lo que significa psicológicamente decir “yo vivo aquí, donde está el mar”. Cuando llegué del exilio me pareció fascinante descubrir mi país, junto a Esteban Gumucio, un tío cura. Me fasciné por el optimismo de la gente y el sentido del humor. La crueldad del humor. Decirle a alguien calvo “pelado”, al que tiene las orejas batientes “dumbo”, al de baja estatura “chico”, “mono”, etc.

LA ABUELA MARTA

¿Fue tan importante para ti la figura de tu abuela Marta Rivas como lo fue para tu primo el escritor Rafael Gumucio, que publicó una biografía muy exitosa de ella?
Sí, mucho. Con Rafael tenemos una competencia que no la vamos a zanjar nunca. La competencia consiste en es saber quién de los dos fue el preferido de la vieja. Mi empresa se llama Rivas y Rivas para que te hagas una idea. Yo viví con ella, el Rafita no. Pero yo adoro a Rafa.

Ella era un personaje muy chileno.
Sí, pero que había sido criada en Estambul.

Una señora pituca chilena en esencia.
Así es.

¿Qué hay de eso en ti?
La insolencia. Una vez mi abuela hizo algo que yo valoro mucho como un gesto político. Estaba Frei Montalva y mi abuela se tira un peo gigante, y Frei Montalva no reaccionó. Y mi abuelita dijo: “va a ser presidente, porque quien es capaz de ignorar algo tiene que ser presidente”. Los peos de mi abuela eran unos peos que no te logras imaginar. La abuelita hizo lo mismo al lado del ataúd de su marido. Estábamos todos los nietos y su cuñado el padre Esteban. Yo estaba con Rafita y pensamos: “no lo va a hacer esta vez”. Y lo hizo. A diferencia de algunos políticos, no sueño con la banda presidencial porque alguien en mi familia me haya dicho: “usted va a ser presidente”. Yo tengo un padre que era revolucionario, una abuela que se tiró un peo frente a un presidente para probarlo. Para mí la autoridad es simplemente un instrumento. Yo quiero construir y conquistar la confianza de los ciudadanos para transformar la sociedad. Pero yo me he rebelado toda mi vida contra la autoridad. Yo fui expulsado de un colegio porque iba con calcetines grises y el reglamento decía azul.

El discurso actual de lo políticamente correcto dice que las personas que acceden al poder van a ser escrutadas en sus méritos más que en su linaje. En tu caso tú vienes de diferentes elites. ¿Cómo se resuelve eso en tu caso?
Efectivamente vengo de distintas elites. Pintores, poetas, escritores, sociólogos, decanos, rectores, revolucionarios, historiadores. Hay algo común a todos: eran intelectuales, todos pensaban. En mi familia no hay empresarios. Y lo segundo es que en mi familia hubo quienes dieron su vida por sus ideas y se pelearon con las elites. Manuel Rivas Vicuña, mi abuelo, fue exiliado por Ibáñez. Mi abuela fue exiliada dos veces. Rafael Agustín Gumucio fue exiliado, Manuela Gumucio también. Mi primo Rafa, mi hermana y Carlos Ominami también vivieron el exilio. Yo no podría decir que vengo de una familia de obreros como Lula. Vengo de una familia efectivamentemuy ilustrada, pero que nunca se puso de rodillas frente al poder. Vengo de una familia que sacrificó todo por sus ideas y todo por Chile. Yo resuelvo mi origen honrando esa herencia de rebeldía Actualmente las encuestas me dan una opción y hago todo lo contrario a lo que se supone tengo que hacer: no me administro, voy a todas las entrevistas, busco los riesgos. Hay gente que me ha dicho “Por qué no te moderas ahora que vas primero”, yo respondo que no. ¿Por qué voy a abdicar cosas en las que creo?. Además vengo de una familia que no vive en el dolor a pesar de lo que les ha pasado. No sabes lo divertidos que son todos.

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