Jorge Valdivia

LA MADUREZ DEL MAGO

POSA CON LA MISMA GRACIA Y TALENTO CON QUE JUEGA A LA PELOTA. TIENE ÁNGEL, INGENIO Y SARCASMO, PERO CUANDO SE SIENTA Y SE PONE A RESPONDER PREGUNTAS, LO HACE EN SERIO, EMPEÑADO EN DEMOSTRAR QUE ES ALEGRE, NO INDISCIPLINADO NI REBELDE. UN BUEN PADRE, UN MARIDO CÓMPLICE, UN CHILENO CONSCIENTE.


Texto Ximena Torres Cautivo Foto Pato Mardones Producción Dominga Sivori

No tengo tatuado en la frente el nombre Sebastián Piñera, pero me han gustado sus mensajes y, en particular, los de su mujer, Cecilia Morel. Pero cuando se supo que yo había participado en algunas actividades de su campaña, la intolerancia se apoderó de las redes sociales. Me insultaron, me trataron de lo peor. Fue una locura. Yo me pregunto: “Oye, ¿y no es que vivimos en una democracia, donde cualquiera puede tener una postura, dar una opinión?”. ¿Qué les pasa? Gente que no tiene fotos en su perfil y usa nickname, me tapó de insultos. Yo tengo conciencia de que no soy del gusto de todos, pero hay una cuestión valiosa que se llama libertad de expresión y otra más grande aún que es la democracia. A mí me preocupa lo que está pasando en Chile, en serio.

¿Te interesa la política?
No soy religioso de la política, no soy fanático de la política, no soy acérrimo de la política -responde, enfático. Y agrega: -Pero me gustaría que alguien me explicara cuestiones políticas. Me hace sentido el mensaje de Cecilia Morel en el sentido de crear un cambio, de buscar mejores condiciones de vida para las personas. Antes veía a Chile desde lejos, no estaba acá. Ahora me involucro, estoy de vuelta, tomo conciencia de lo que está faltando, de lo que se necesita y expreso mi opinión. Pasa lo mismo con la igualdad de género, mientras las propias mujeres no respeten a las mujeres, que no anden hablando de igualdad, de solidaridad, de derechos.

A ver, explícate mejor. ¿Qué quieres decir?
A mí me han ofendido a mi madre, a mi mujer, a mi hija, y lo han hecho, fundamentalmente, mujeres. Eso no logro entenderlo. Quieren igualdad, solidaridad, buen trato y faltan el respeto a otras como ellas, a quienes no conocen y lo hacen porque sí. A eso me refiero.

Jorge Luis Valdivia Toro (34), conocido como “El Mago”, no le manda a decir las cosas a nadie; las expresa frontalmente, pero pensando mucho cada una de las palabras que usa. Responde serio y en serio.
Aunque no pierde su proverbial “chispeza”, lo pelusón que le dio mala fama y que él define como su “alegría”, habla de todo con profundidad y un vocabulario cuidado. Lo hace, cruzando una pierna sobre la otra; revolviéndose el pelo, que usa de un largo preciso para dejándoselo parado con onda; mirándonos directo con sus ojos vivaces de color café claro y mostrando esos grandes dientes blancos que parecen teclas de piano en su cara angulosa.

¿Podrías haber sido algo distinto de lo que eres?
No. Yo soy futbolista y jamás me he imaginado que podría haber sido otra cosa.

La pelota fue un imán que lo atrapó desde niño. “Siempre me gustó jugar a la pelota, jugar en serio, por eso mismo, tengo pocos amigos de mi edad. Todos han sido siempre mayores que yo. Jugaba en mi barrio, en la calle, en la comuna de Lo Prado, donde vivíamos”.
Cuenta que su papá es arquitecto y que trabajaba en la empresa de ascensores y escaleras mecánicas Otis, y que su mamá siempre fue dueña de casa. Antes, el matrimonio probó suerte en Venezuela, donde vino al mundo “El Mago”, el hijo del medio entre los 3 que integran la familia Valdivia Toro. “No recuerdo nada de mi vida venezolana. Mis papás estuvieron allá como 3 años y yo nací ahí, pero eso no significa nada para mí. No tengo ni un recuerdo. Yo soy ciento por ciento chileno”.

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