(DOBLE CHECK Y AZUL)

Texto Rocío Ursic

Pasada la medianoche comienza lo que las mujeres chilenas conocemos como “la hora de los valientes”: esa mágica fracción de la noche en que la confianza y el alcohol están con happy hour.

Se anuncia sin falta con un sutil dzz-dzz de WhatsApp, porque aun con doble dosis de confianza en el cuerpo, en el 2017 pescar el teléfono e invitar a alguien a salir es un concepto del todo obsoleto. Algo que sí ha generado el flirteo textual es el análisis ex-post que las mujeres, al menos, nos damos el gusto de hacer en grupo, usualmente con copa de vino en mano. En uno de estos comadreos fue que una amiga argentina preguntó: “¿Che, que onda los chilenos y el ‘jaja’?”. Todas nos miramos con total despiste. Ni idea de qué hablaba. Ante nuestra confusión sacó el aparato del delito y abrió la conversación del galán whatsappero, justo en plena hora de la total confianza, para mostrarnos la evidencia.

“Podríamos salir mañana jaja” (doble check)

“No entiendo, ¿me está invitando a salir, o es broma?” Decía con genuina confusión apuntando a las cuatro letras de la discordia.  “¿Es algo chileno meterle el jaja a absolutamente todo?”.

Esa noche me quede reflexionando: ¿Es el jaja la muletilla textual del chileno? Me puse a revisar mi propio historial en busca de evidencia y efectivamente, ahí estaba:

“Te vi anoche jaja”

“En que estai? jaja”

“Lo pasé bien jaja”

“Quiero verte, jaja”

“Un vinito? Jaja”

“Podríamos repetirlo jaja”

“Gracias por apañar el sábado, jaja”

“Me cambiaste por otro jaja”

… y así tantísimos más.

No fue necesario mayor análisis. La evidencia me llevó de galán en galán y voilá: me quedó claro. El “jaja” no es más que el grito de guerra de una conquista acobardada, es el “parche ante la herida”. El colchoncito de simpatía que tanto nos gusta a los chilenos. Esa manía de enmascarar todo de broma: la total carencia de asertividad y crónica falta de cojones.

Felices los cobardes-vergonzosos con esta nueva era tecnológica en que la mensajería instantánea nos permite tirar la piedra y esconder la mano. Las mujeres ya no nos bancamos más la excusita nacional de la timidez como encanto viril. El chileno no es tímido, es cobarde; cobarde de caer mal, de decir NO, de hablar en serio, de rechazar y ser rechazado. Parchando todo con una dosis de falsa simpatía que se cae con el primer temblor.

Lo dije y qué. jaja.

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