AMOR A PRIMERA VISTA


Texto Francisca Pérez-Cotapos Fotos Pedro Roca y Axel StÜrken

Una bocanada de su aire salado. Ese que marino y engavionado anuncia la presencia de un mar que se presiente, pero que no llega ni llegará, bastó para saber que había llegado a puerto. Al puerto más fascinante y emblemático del norte de Europa, que casi tan antiguo como la ciudad misma, fuera fundado en 1182 y que es hoy el segundo puerto europeo más importante después de Rotterdam y noveno en el mundo.  

Hamburgo, ciudad de mil caras, ciudad de contrastes, donde lo sofisticado y lo sórdido parecen haber llegado a un sano acuerdo y conviven en perfecta armonía, donde lo único evidente es la elegancia y el agua que la rodea, su sobria, franca, rotunda y casi despiadada elegancia. Lo demás toca descubrirlo.

Cuna de Karl Lagerfeld y Jill Sander, la ciudad respira clase. Lo hacen sus construcciones, sus blancas villas art nouveau con estrechos jardines y embarcaderos privados, sus calles, parques, gentes y hasta sus autos, todos negros.

LA VENECIA DEL NORTE

Así la llaman, y puede que exageren un poco. Pero de lo que no cabe duda, es que la presencia del agua es parte de su ADN , y por lo mismo toca seguirla y dejarse sorprender. Así nos encontraremos con el rey indiscutido de la ciudad; el Elba; río con alma de mar, que navegado por pesados buques venidos de todos los rincones del mundo, la penetra por el lado este hasta su corazón, luego y en pleno centro de la ciudad descubriremos dos lagos, que alimentados por las aguas del rio Alster, y repletos de veleros la adornan cual Zurich, más cientos de canales que con sus más de 2.500 puentes son transitados a diario por vaporettos, góndolas, bogas y canoas.

Pero Venecia no es. Y si lo fuera, sería la más quieta, austera y protestante de sus versiones, desprovista de todos los ocres y naranjas oxidados, de toda la opulencia, decadencia y pasión tan típicamente venecianos.

Tampoco es Amsterdam, París o Londres. Ni es destino obligado de las agencias de viaje, porque esta ciudad no brilla ni encandila, sino, como si de una mujer linda y recatada mujer se tratara, esta ciudad enamora. Y lo hace para toda la vida. No conoce de estridencias, y a pesar de sus casi dos millones de habitantes, no tiene «bit» de ciudad. Su pulso es otro. Por lo mismo, el riesgo de encontrarse con hordas de turistas mal vestidos y transpirados invadiendolo todo y haciendo cola para entrar a tal o cual museo, es prácticamente nulo, y no porque no haya museos.

Destacable es el que esté siempre lloviendo o empezando a llover. Sus cielos grises y nublados son el mejor filtro para todo tipo de guayaberas y condoritos, lo que por cierto hace de esta ciudad un lugar muy raro, donde los jóvenes usan la talla que tienen, todavía saben andar con zapatos de suela, sin angustiarse ni resbalarse, usan cinturón y la camisa dentro del pantalón, e incluso se atreven con abrigos e impermeables. Como diría mi abuela: aquí no sólo se cubren, aquí se visten. Aquí la elegancia es ley.

SU CARA VERDE, EJEMPLO DE CIUDAD

A la lluvia hay que agradecerle también su intenso verdor, la inmensidad de sus parques, huertos ribereños y ese olor alimonado a pino zapallarino, a tierra mojada y a humo de chimenea que flota en el ambiente y traslada a Chile.

Como dije, Hamburgo tiene un latido propio, una cadencia única, dos pulsos.

Uno, que da cuenta de un mundo donde el tiempo transcurre distinto, tiempo a «la Mann» (Thomas Mann) le llamo yo. “Aquí provoca servirse a bocanadas su aire salado, ese aire marino y engaviotado que anuncia la presencia de un mar que no llega ni llegará”.

Pasa lento y lo más fuerte que se escucha es el canto de los pájaros, el ruido de las pisadas sobre veredas de conchuela, o la sirena de algún buque que viene o que va. Aquí el tiempo parece haberse detenido. Quizás tenga que ver con el respeto que siente el alemán por su pasado, pero también por su presente y su futuro, con su urbanidad y su civilidad. Mundo sin bocinazos, donde no se bota un ladrillo y las villas se mantienen impecables y son renovadas respetando su estilo. Aquellas claro, que lograron sobrevivir al gran incendio de 1842 o a los bombardeos de los aliados en de la segunda guerra mundial, que dejaron al setenta por ciento de la ciudad en el suelo y hecha escombros.

A saber también que aquí no se corta un sólo árbol sin permiso, y eso que podar es lo que más puede gustarles en la vida. En el caso que en su jardín se encuentre algún árbol enfermo, que amenaza con caerse y de paso aplastar a la familia completa, olvídese, habrá que esperar la venida de los expertos en la materia, que mandados por la municipalidad diagnosticarán la gravedad del enfermo, y que de ser tal, procederán de la forma más respetuosa y menos dolorosa. Luego se recibirá una lista con las especies de árboles, edad y valor (nunca menos de 1200 euros) por el cual el difunto deberá ser reemplazado a la brevedad posible.

Por eso no es casualidad que en 2011 Hamburgo consiguiera el título de ciudad más verde de Europa, título obtenido como resultado de sus enfoques globales, compromiso político y destinación de los fondos necesarios a la causa. Todo reflejo del fuerte compromiso hacia una visión «verde», con ambiciosos objetivos también en materia de protección de clima, como los de reducir sus emisiones de CO2 en un 40 por ciento en el año 2020 y en un 80 por ciento para el año 2050.

Hamburgo apuesta por la ecología, por el ahorro energético y da la guerra al plástico.

EL HAMBURGUÉS

Capítulo aparte merece el hamburgués, ya que tan aparte y singular como la ciudad, resulta ser también su gente, especialmente ese hamburgués de tomo y lomo, más perfectamente representado por los que hoy cuentan con 70 y más años.

Estoicos trabajadores, amantes del aire puro e incansables caminantes, que invitan a caminar con el entusiasmo de quien invita al mejor restaurant o al último estreno del año, que después de almorzar o comer pesado se lanzarán de nuevo a caminar, porque no entienden de siestas y responsabilizan a la pestañita de toda la vida de muchos de los males del mundo, de la pobreza y tercermundismo. Austeros hasta la tacañería cuando de cantidad se trata, capaces de comprar de a dos manzanas y tres lonchas de jamón para familias de cinco integrantes, pero derrochadores hasta la obscenidad si de calidad se trata. Hijos del rigor, sobrevivientes de la guerra y postguerra, a los que nadie les ha regalado nada y quienes sin excepción han conocido el hambre. Conservadores hasta lo absurdo, pero no por eso puritanos, no pueden evitar la desconfianza que les genera el maquillaje, ni el sentirse profundamente abrumados frente a un par de tacos aguja, llegando incluso a ponerse colorados y a tener que soltar cortas y nerviosas risitas. Pero me atrevería a decir que, para varios de ellos, es muchísimo más grave y condenable el usar algo con poliéster o una cachemira mezclada, que el tener un amante. Siempre y cuando, el o la «lover» pertenezca al círculo social, claro está. De lo contrario, catalogaría automáticamente en la categoría de indecencia y vulgaridad, lo que a su vez ameritaría incluso el tan poco practicado y nefasto divorcio.

Son cultos y variados, pero con un fuerte toque provinciano, debido quizás a lo estático y hermético de sus círculos, que varían sólo en la medida que sus miembros van pasando a mejor vida, salvo contadas excepciones en que sí se dará cabida a un nuevo integrante, pero sólo cuando éste valga su peso en exotismo y extravagancia, espontaneidad y desenfado y ojalá venido de algún remoto lugar, es decir, alguien que les avive un poco la cueca.  

Flemáticos y formales, hablan un inglés británico impecable y son más ingleses que los propios ingleses, para quienes la puntualidad, la belleza de sus jardines, el té negro con crema o limón y el cordero con salsa de menta son religión. Pero no por eso son menos alemanes, ni olvidan sus platos y costumbres locales y tradicionales. En primavera comerán espárragos blancos con salsa holandesa o mantequilla derretida acompañados de papas cocidas y jamon crudo. En verano Matjes, unos arenques nuevos marinados en salmuera con salsa de yogur, manzana y cebolla. En otoño e invierno, pato o ganso asado con repollo morado y Grünkohl (repollo verde y amargo) acompañado de Kochwurst (longaniza) y Bratkartoffeln (papas chaucha salteada con tocino y cebolla), más carnes de caza como el ciervo o jabalí con mermelada agria de grosellas y las setas Pfifferlinge. Todo regado de un buen Riesling o algún tinto seco y liviano.

LA OTRA CARA   

Contrastando y paralelo a este mundo sofisticado y detenido en el tiempo, late el otro pulso, oculto y rodeando todas las cosas, pero desde el otro lado. Es la otra cara.

Porque Hamburgo no se muestra a la primera, y por eso toca descubrirla de a poco, desnudarla por capas, deshojarla y como si una alcachofa fuera, llegar al fondo, al corazón, al Hamburgo áspero, corroído y oxidado, al Hamburgo puerto.

Puerto fundado en 1182, casi tan antiguo como la ciudad misma, segundo en importancia después de Rotterdam, decadente y oxidado, pecaminoso y sexual, que insolente deja atrás la mesura y elegancia tan propias de la ciudad y levanta la voz, voz ronca y profunda, de sirena antiniebla abriéndose paso, de grúa posando contenedores, que como venida del centro de la tierra, grave y melancólica todo lo invade.  

Con el no se juega, aquí no hay margen de error, aquí el gesto equivocado cuesta la vida.

Lugar de perros rabiosos, donde desde siempre se han dado cita los grandes para poder así custodiar de cerca los embarques de sus preciosas mercancías, y de las partes que luego ensambladas decidirán muchas batallas y echarán a andar muchos motores, motores que mueven al mundo.

De aquí zarparon por ejemplo lo rifles «»Zündnadelgewehr», que se probaron y debutaron con gran éxito en la guerra civil norteamericana .

En el puerto todo cambia, cambian las reglas, los gustos, olores y colores.

Aquí el verde de los parques es reemplazado por el rojo de las luces anunciando sex shops, prostíbulos y bares. Es la «Reeperbahn» -la emblemática avenida en el barrio rojo más importante de Europa después de Amsterdam-, donde la prostitución es legal, donde sí que hay turistas y donde entre muchas otras cosas hasta un Museo de Arte Erótico se encontrará. Aquí todo tiene un precio y el tráfico es enorme. Y no me refiero al de los coches. Atrás queda el recato y los zapatos planos. Aquí las dueñas de la noche y las que brillan son mujeres muy distintas, principalmente del este, muñecas lindísimas y profesionales, que al ritmo de la música y sobre mesas repletas de cerveza, whisky y tabaco, se van despojando despacio de lo poco que traen puesto, quedando cubiertas sólo por las miradas, los piropos, sus tatuajes y largas melenas.

Aquí los deportes son otros. El polo, salto a caballo, hockey y vela, son reemplazados por el sexo, el boxeo y las apuestas; el ciervo por salchichas con curry y papas fritas; las colleras por pulseras de clavos, los blazers por chaquetas de cuero, y los colores pasteles por el negro, el dorado y el metal.

Esta es otra fauna. Aquí se ve vanguardia y retaguardia, hombres rudos de mar, prostitutas, traficantes, drogadictos, sados, bares punkies con el suelo tapizados de perros durmiendo y cansados de mendigar junto a sus dueños. Y se ve también gente normal, gente que como yo, sólo quiere mirar y empaparse del puerto, su magia e intensidad.

UN POCO DE HISTORIA

La historia de Hamburgo comienza en el siglo noveno como el asentamiento de una misión para convertir a los sajones. Ya desde la edad media fue un importante centro comercial europeo. Miembro de la medieval liga hanseática, y ciudad libre imperial del Sacro Imperio Romano Germánico.

Estado independiente y soberano de la Confederación Germánica entre 1815 y 1866, cuyos estrechos lazos con Chile y más específicamente con el puerto de Valparaíso se remontan a principios de la colonia.

Fue el senado del Estado de Hamburgo uno de los primeros dentro de Europa en reconocer nuestra calidad de República independiente mediante la instalación de un representante consular en Valparaíso, Herr Kindermann.

Esto como consecuencia natural del comercio informal que ya se venía practicando por intrépidos y aventureros mercaderes hamburgueses, patrones de buques y capitanes que, en busca del comercio de oro y plata, se habían lanzado a las costas del nuevo mundo ya a comienzos del 1800. Los barcos partían desde Hamburgo cargados de maquinarias, telas y todo tipo de productos manufacturados y volvían con cobre, trigo, tabaco y café además de cáñamo, caucho y por supuesto, salitre chileno.

Prueba de esta estrecha relación es el edificio declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco, que lleva por nombre «Chile Haus», construcción en pleno centro de Hamburgo que impacta por sus dimensiones, ladrillo rojo y forma de proa de barco, que fue encargado en tiempo de inflación y post guerra (1923) por el magnate del salitre Herr Sloman al mejor arquitecto de la época: Herr Fritz Höger.

Chile a través de sus puertos, ha estado desde siempre unida a Hamburgo y eso se nota. Por alguna razón el chileno es muy bien recibido por estos lados, y a pesar de las distancias en todo orden de cosas, aquí uno se siente un poco en casa.

Esa hospitalidad, más la belleza y encanto de la ciudad, son motivos más que suficientes para visitarla. Lo peor que puede pasar es que no le guste o se aburra, y en ese caso basta con que salte en un tren y en hora y media habrá llegado a Berlín. Y eso ya es otra historia.  


Cuándo venir
Toda época es buena. En mayo es especialmente bonito. Florecen los típicos rododendros en cientos de colores. Diciembre tiene mucho encanto por mercados navideños, pero se deben considerar las bajas temperaturas y falta de luz. De octubre a enero oscurece entre las 16.30 hrs y las 17 hrs.


Dónde dormir

Hotel The Fontenay: preciosa vista frente al lago, barrio residencial y central. Buen bar. (Fontenay 10, 20354)
Hotel Vier Jahreszeiten: Un clásico en pleno centro. Excelentes restaurantes y cercano a tiendas y museos. (Neuer Jungfernstieg 14, 20354)
Side Design Hotel Hamburg: Moderno, urbano y central. Buen Restaurant de carnes al grill. (Drehbahn 49, 20354)
Clipper Elb lodge: Frente al río Elba, cercano al puerto, tiendas de diseño interior y restaurantes. (Carsten Rehder Strasse 71, 22767).


Dónde comer

Die Bank Brasserie und Bar. Hamburg: En un antiguo banco en pleno centro. Encanto y ambiente, carnes, pescados y bar. (Hohe Bleichen 17, 20354)
Hanssler und Hanssler: Fusión. Buen cordero y fantástico sushi. (Grosse Elbstrasse 160, 22767)
Landhaus Sherrer: Cocina de la vieja escuela, especialidades alemanas. El pato asado es insuperable. (Elbchausse 130, 22763)
Le Canard nouveau: Comida mediterránea a orillas del río Elba. (Elbchausse 139,22763)
Restaurant Hotel Jacob y Kleines Jacob: Preciosa terraza junto al río. Dos restaurantes, uno más formal y otro de comida más simple. Ambos buenos. (Elbchausse 401).
Restaurant Fischereihafen: Clásico y formal. Excelentes pescados y mariscos. (Grosse Elbstrasse 143, 22767).
Nikkei Nine: Bar y fantástica comida nikkei. (Neuer Jungfernstieg 9, 20354).
Ristorante Portonovo: Buenísima comida italiana con preciosa vista al lago Alster. (Alsterufer 2, 20354 Hamburg).
Café París: De ubicación central y buenos desayunos y almuerzos tipo bistró francés. (Rathausstrasse 4, 20095).


Cerveza, salchicha o Kuchen cerca del agua

Strandperle: Ambiente relajado y playero, tragos, té, sandwiches,ensaladas ,salchichas y kuchen. Un verdadero «must», a orillas del río, sobre la arena, los buques maniobran encima y parecen poder tocarse con la mano, preciosa vista del puerto. (Övelgönne 60, 22605).


Table dancing

En la avenida Reeperbahn se encuentran bares, cabarets y clubs.
Dollhouse, Table dancing. Abierto desde las 21hrs. Tranquilo y de nivel, se permite entrada a mujeres. (Grosse Freiheit 11, 22767).


Clubs

Gaga: Abierto desde las 22hrs. Recomendable para ir en grupo. (Spielbudenpl 21-22, 20359).


Bares alternativos

Ahoi Bar: auténtico, decadente y portegno. Hay taca-taca.(St. Pauli Hafenstrasse 122,plz 20359)
Golden Pudel Bar: Bandas en vivo y DJ.Llegar a partir de la medianoche.(St. Pauli iFischmarkt 27, plz 20359).
Onkel Otto: Imposible más Punky. (Bernhard-Nocht-Strasse 16, plz 20359).
Ahoi Bar: auténtico,decadente y portegno. Hay taca-taca.(St. Pauli Hafenstrasse 122,plz 20359)


Dónde comprar

Hay buenas tiendas en el centro de la ciudad, estación de metro Jungfernstieg y alrededores. Las tiendas más exclusivas se encuentran en la calle Grosse Bleichen.


Museos

Kunsthalle Hamburg. Glockengiesserwall.
International Maritime Museum. Koreasrasse.
Miniatur Wunderland, genial para niños.


Conciertos

Filarmónica del Elba. (Platz der Deutchen Einheit 1, 20457)


Visitar

Campanario de Sankt Michaelis.
Paseo por el centro: Rathaus, Cámara de comercio, Iglesia St,Nikolai.
Speicherstadt: barrio de los antiguos almacenes del puerto hoy reconvertidos en centros comerciales, culturales y de ocio.
Navegar con barcaza por el río Elba y puerto.
Navegar o caminar por las riberas del Alster y sus canales, es la zona residencial más elegante.
Blankenese y el Treppenviertel (barrio de las escaleras). Encantador barrio residencial en pendiente a orillas del río, hay restaurantes y pequeñas playas.
Planten un Blomen, inmenso parque de flores y juegos infantiles.
Jenischpark, precioso parque con casa señorial, museo y salón de té.


 

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