Habana Boxing Gym

SUEÑOS, PASIÓN Y VISIÓN


Texto Javiera Medina Payá  Fotos Pato Mardones

Son las siete de la tarde y Habana Boxing Gym está lleno. Algunos hacen flexiones, otros usan el ring y el resto hace diferentes circuitos de entrenamiento. Todos los implementos se usan, y en cada rincón de este gimnasio ubicado en Cerro El Plomo, se respira boxeo. En la oficina, Cristóbal Vásquez (36), Julio Álamos (27) y Antonio Daviú (26) conversan, se ríen y resuelven situaciones del día. Están cumpliendo un año con este gimnasio, que para todos era un sueño.

Se conocieron entrenando. Cristóbal empezó a hacer clases de boxeo en un pequeño gimnasio de Avenida Las Condes y los otros dos llegaron, adolescentes, a aprender con él. Todos comenzaron este deporte con diferentes motivaciones, pero se dieron cuenta que lo vivían con la misma pasión y visión. Por eso, diez años después, se unieron en este proyecto.

El inicio

Cristóbal era muy chico cuando perdió a su papá, así que tomó a Mohamed Alí, Bruce Lee y Rocky como referentes, aunque no los conocía. Recuerda que cuando entrenaba con ellos frente al televisor sentía una “cosquillita en el cuerpo” y alucinaba con todas las películas relacionadas al boxeo. “No sabía si quería actuar las peleas o pelearlas de verdad, y al final terminé siendo director de cine y boxeador”.

Partió entrenando a los 18 años en el Club México y su primera pelea la recuerda con total detalle. “Está lleno de gente que grita. Vas al baño cada dos minutos y en el camarín estás muerto de susto, pero te subes al ring y todo lo demás se nubla. Solo ves a tu rival al frente. Eres tú contra alguien que te quiere sacar la cabeza. Ese segundo antes de comenzar la pelea sientes una conexión contigo mismo que es única, inexplicable”.

El comienzo de Antonio en el boxeo fue un poco diferente, desde chico siempre le gustó pelear. “Si había una mocha por la cancha en el colegio yo era el primero en estar ahí para ver si saltaba un combo, pero porque lo veía como algo entretenido”, dice. Probó varios deportes, pero ninguno le convenció. Un día, a los 15 años y mientras tomaba helado con sus amigos, descubrió un gimnasio de boxeo en un segundo piso de Las Condes. Su madre también lo vio, y aunque se oponía, le preguntó si quería probar. “Me dijo: `te apuesto a que no duras ni dos semanas`. Fui un lunes y me quedé para toda la vida”.

Julio es muy inquieto. Se nota porque mientras responde no deja de mover su cuerpo. Por lo mismo llegó al ring. Tenía 15 años y su mamá le pedía que gastara energía después del colegio. Probó todos los deportes, pero el boxeo fue el único que lo logró encantar, tanto así que a los 19, cuando empezó a entrenar con Cristóbal, decidió competir.

En 2014 vivió el momento más complicado de su carrera, cuando perdió el clasificatorio panamericano. “Antes de eso me creía el mejor del mundo, por lo que tuve depresión y me retiré del boxeo un par de meses. Empecé a tomar, a salir con amigos, pero me pude dar cuenta que esa no era la solución, que tenía que mirar las cosas de otra forma. Tenía 23 años”, cuenta el actual campeón sudamericano. Así dio el paso desde el boxeo amateur, que es en el que compiten por Chile, al boxeo profesional, donde compite por su nombre y su propio récord. En 2016 se coronó campeón de Chile y hoy, según Cristóbal, es el boxeador del país “con mayor proyección”.

Un poco de Cuba en Chile

El 17 de abril de 2017 Habana Boxing Gym abrió sus puertas al público, pero el trabajo para lograrlo empezó varios años antes. En 2014 Cristóbal y Antonio se dieron cuenta de que un gimnasio era el sueño de ambos. Luego Julio, sin saber de esa conversación, le propuso al entrenador abrir un lugar donde las personas pudieran aprender el deporte. Como los tres tenían ganas, decidieron asociarse y seguir adelante juntos. Empezaron a ver lugares y a armar la idea, hasta que descubrieron cuál sería el nombre.

Los tres dicen que Cuba es la cuna del boxeo en el mundo y que su idea era llevar esa técnica a Chile. En 2015 Vásquez viajó con sus alumnos al país caribeño para que pudieran aprender más, y en uno de los lugares que recorrió, compró una bandera cubana y le dijo a Antonio que la pondrían en el gimnasio. “Instantáneamente nos miramos y dijimos: Habana. Así nació el nombre del gym”.

Tanto es el compromiso con este sueño que Cristóbal, que tiene dos hijos, puso el pie de su casa para costear los primeros implementos del gimnasio. “Mi señora me apoyó y eso fue increíble. Siempre confió y supo que era mi pasión”, dice y sonríe.

Así, poco a poco, empezaron a armarlo. “Nuestra idea era que fuera una herramienta para el boxeo nacional, donde todos pudieran mejorar su técnica”, comenta Julio. Por lo mismo trajeron a dos entrenadores cubanos, que pudieran enseñar la inteligencia del boxeo que a ellos tanto los cautivó.

Tienen casi 300 personas inscritas y todo es muy personalizado. Si una clase tiene más de 10 personas, inmediatamente suman a otro profesor. “No queríamos convertir esto en un gimnasio al que solo vinieran a pegarle al saco, sin tener idea por qué lo están haciendo”, dice Antonio. Es ese compromiso el que también los llevó a tener un Team Habana, un equipo de boxeadores amateur, compuesto por jóvenes de todas las clases sociales y que compiten en el circuito nacional.

Un pequeño guante de boxeo está colgado en su oficina. También hay una guitarra en su funda esperando para ser tocada, ropa para entrenar y una pizarra en la que se leen palabras sueltas en francés. En Habana Boxing Gym Cristóbal, Antonio y Julio son más que dueños. Aquí entrenan, enseñan y aprenden. Al final, expresan que tienen “la misma pasión y visión de este deporte”, y que por eso lograron “con mucho esfuerzo, cumplir nuestro sueño”.

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