Felipe, duque de Edimburgo

EL HOMBRE ADECUADO

AUNQUE SU ROL OFICIAL DE PRÍNCIPE CONSORTE ES SECUNDARIO, LA SERIE THE CROWN HA VUELTO A PONER EN PRIMER PLANO AL PERSONAJE Y, DE PASO, SU ESTILO IMPECABLE. MILES DE FOTOS DE SU VIDA COTIDIANA LO DEMUESTRAN: LA SUYA ES UNA APOLOGÍA DEL BUEN VESTIR INGLÉS Y LA PRUEBA DE QUE, TRATÁNDOSE DE LOS REYES, UNA SIMPLE CORBATA PUEDE SER TAMBIÉN UN ACTO SIMBÓLICO.


Texto Carlos Palacios, Londres

De pie sobre el parachoques de un Range Rover, con una mano en la cintura y la mirada concentrada en el desfile ecuestre de Windsor. En una pose e imagen de 1974, Felipe Mountbatten, duque de Edimburgo y marido de la reina Isabel II de Inglaterra, resume lo que hasta hoy es el paradigma del estilo casual británico: chaqueta de tweed y pantalón de lana, camisa blanca de cuello inglés, corbata azul y un prolijo pañuelo doblado en el bolsillo. Delicadamente soberbio y en extremo elegante, sin demostrar mucho esfuerzo pero, ante todo, correcto.

A pesar de que le falta poco para cumplir 100 años y está alejado de la vida pública, la imagen del príncipe ha vuelto a tomar vuelo gracias a la serie The Crown que transmite Netflix, donde el actor Matt Smith viste réplicas fieles a los modelos que solía llevar entre los años ‘40 y ’60. Sin embargo, la galería de fotos originales de su vida dignas de una editorial de moda es interminable y va más allá de esas décadas: mientras baja de una lancha con un impermeable clásico, con sombrero de fieltro y anteojos de sol en un juego de polo, o con un entallado chaqué en un evento primaveral.

En cualquier contexto, su estilo combina tradición y sobriedad, un estudiado equilibrio que manifiesta su rol en la corona sin opacar a la protagonista absoluta, la reina. Hoy el príncipe es un ícono de la moda. De hecho, ostenta tantos títulos nobiliarios como apariciones en los rankings de los mejor vestidos del Reino Unido y es un nombre habitual en la lista que cada año publica la versión británica de GQ. “Personifica totalmente el estilo británico”, dice Dylan Jones, editor general de la revista y además presidente de la London Fashion Week Men. “El príncipe se ha convertido en un bastión de conformidad. Un hombre que, en lugar de gritar, sólo ha susurrado con sus ropas”, asegura.

LA IMPRONTA DE SAVILE ROW

En el número 7 de Sackville St., en el barrio de Mayfair, en Londres, se ubica la sastrería Kent & Haste. Ahí, en un rincón del famoso sector conocido como Savile Row, trabaja el sastre personal del príncipe Felipe, John Kent, quien comenzó en los ’60 confeccionándole los pantalones. El año 2010, en cambio, armó su propio negocio junto a su socio (Terry Haste), y hoy cuenta con el patrocinio oficial de la corona.

La sastrería funciona en un pequeño y discreto local, repleto de muestrarios de telas inglesas e italianas que decoran las estanterías blancas como libros en una biblioteca. Holland & Sherry, H. Lesser o Ermenegildo Zegna, son algunos de los afamados géneros que sirven de materia prima para vestir al príncipe, y Kent se mueve entre ellos a paso lento, con una camisa rosada, corbata y los puños arremangados. “A mi edad no puedo correr el riesgo de perder la licencia real (Royal Warrant)”, se justifica lleno de culpa –pero en un tono agradable y comedido, todo un gentleman-, por no poder responder.

Vestir a los reyes no es cualquier cosa. Se requieren al menos cinco años como proveedor de la corona para formar parte de la Royal Warrant Holders, asociación que desde 1840 reúne al selecto grupo de marcas que cuentan con alguno de los sellos soberanos: el de la reina Isabel, el príncipe Felipe o el de su hijo, el príncipe Carlos. Eso, y respetar un estricto protocolo de confidencialidad.

Lo que no es un secreto es que al momento de elegir una chaqueta el príncipe prefiera casi siempre llevar una versión simple de uno o dos botones. Pocas veces opta por trajes cruzados (excepto cuando lleva uniformes), no obstante tenga un cuerpo ideal para éstos: alto, atlético y de hombros anchos. Invariables, en cambio, son el corte perfecto de cada pieza y los colores clásicos, desde el abrigo de cashmere en tono gris o camel, al traje azul y la camisa blanca, hasta el pantalón recto con pinzas. “Smart”, dicen los ingleses.

VACACIONES EN BALMORAL

Así como John Kent tiene la licencia real para confeccionar los trajes del príncipe, hay otras marcas que llevan este sello cuando se trata de sus zapatos, botas, anteojos, sombreros o, derechamente, cualquier otro accesorio. Porque más allá de la formalidad de Savile Row, el duque de Edimburgo también representa el modo inglés de vida al aire libre, campestre y placentero, pero, sin duda, tradicionalista y suntuoso en los detalles.

Hay varias postales típicas de las vacaciones de los reyes en su castillo preferido, Balmoral, en Escocia: la Reina con un foulard en la cabeza mientras maneja su Land Rover o el príncipe Felipe con el icónico chaquetón verde de la marca Barbour (que también tiene el patrocinio real) empuñando un rifle. “Su look de cacería transmite una cierta austeridad y simpleza. Es lineal, sobrio y desprovisto de cualquier atributo real, totalmente indicado para su objetivo”, explica Lisa Lardera, profesora de Historia de la Moda, Fashion Buying y Merchandising del Euopean School of Economics, en Milán.

Otra de las marcas más famosas y que se ha vuelto a poner de moda, es Hunter, el fabricante de botas de agua, ideales para recorrer los terrenos enlodados que rodean a este castillo. Los zapatos del príncipe, en cambio, están a cargo de John Lobb, casa centenaria que desde 1849 fabrica artículos de cuero. Este tipo de atuendos deportivos los suele combinar con otro look campestre emblemático: el escocés. En este caso, Kinloch Anderson es la encargada de fabricar los kilt, tejidos tartán y trajes conocidos como “highland dresses”, compañía hoy manejada por la sexta generación de la misma familia que la fundó en 1868.

EL TRAJE DE PRÍNCIPE

El duque terminó su rol activo en la Marina Real Británica hace ya más de 60 años, pero el uniforme naval es recurrente: lo usó el día de su matrimonio, para la coronación de la Reina y también durante los festejos oficiales de su último jubileo. Es su vestuario oficial decorado con medallas, emblemas y un sable. En fin, es el príncipe. “Su look militar es siempre impecable y austero, pero también denota un innegable orgullo. Creo que estas son características
y atributos que también distinguen a su carácter”, dice Lardera. En este caso es Gieves & Hawkes, otra sastrería de Savile Row, la que confecciona los trajes navales, y Johns & Pegg la que se ocupa de los demás uniformes militares.

Según ella, el príncipe “sabe moverse tranquilamente en las antípodas de la moda”. “Esta capacidad de adaptarse confirma que su estilo sí es constante. Hablamos de un hombre que personifica, hasta hoy, la elegancia británica: rigurosa, solemne y oportuna”, afirma.

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