Esteban Fontalva

EL SASTRE


Texto Javiera Medina Payá Fotos Pato Mardones 

Son las once de la mañana y Esteban está en su sastrería. Le pregunto cómo es el proceso de un traje y no duda en hacerme pasar a la sala de corte; una pequeña pieza con trajes a medio hacer colgados, telas sobrepuestas en un mueble y una mesa al centro, donde trabaja. En ese espacio toma las medidas de sus clientes que luego pasa a un cartón. Cada cliente tiene uno. Y ahí están, todos juntos en una esquina con nombre y apellido.

Toma una de las maquetas, pone una tela en la mesa y con una tiza empieza a dibujar. “Esta parte es entretenida porque vas a visualizar lo que estoy haciendo”, dice mientras marca un bolsillo de la chaqueta. Y así, con la huincha en el cuello, también cuenta que las telas que utiliza son de lana y las trae de Italia e Inglaterra.

Camina hacia otra habitación y se encuentra con Miguel, uno de los cinco trabajadores de la sastrería. Lo bromea pidiéndole una foto, se ríen y busca un “cuerpo”, que son las partes que antes dibujó, cortadas y unidas con hilos. “Viene el cliente, se prueba esto y vemos cuáles son los detalles a mejorar. Después de eso se pega de buena forma, se agrega el cuello, las mangas y se plancha. Así se termina”, relata.

Esteban Fontalva descubrió el oficio gracias a su padre, que tenía una sastrería en Providencia. Cuando terminó de estudiar Diseño en la Universidad de Chile, se dio cuenta que “a las sastrerías les faltaba cierto nivel para atender a gente con buen gusto y que viaje mucho”, por eso comenzó a ayudarlo. Después de un tiempo decidió poner Sastrería Fontalva en Vitacura, en la que lleva más de 15 años. Su sello es el traje de novios. “Ellos se asombran porque les levanta la figura y adquieren una confianza increíble. Cambian completamente”.

Su especialidad es el Bespoke: la realización de trajes a medida. “El cliente elige la tela, el forro, los materiales, la estructura de la chaqueta, las formas, el calce y los detalles. Nosotros asimilamos lo que él busca y le entregamos lo que quiere”. Además, añade, que con esta técnica pueden jugar con la moda. En terminarlo se demoran cuatro semanas, pero a quienes no les gusta esperar, en esta edición de Espacio del Hombre también podrán encontrar trajes “ready to wear”.

Esteban vuelve al principio de su tienda y se apoya en una mesa. Atrás suyo tiene varios maniquíes vestidos con sus trajes. Diseños más arriesgados que no le han pedido los clientes. “Hay que experimentar y de eso me encargo yo. Me gusta jugar y mezclar, así que esos diseños quedan para mí”. También expresa que le encantaría que los chilenos fuéramos más jugados, porque “la gente no se atreve. Tenemos cierta personalidad que no nos permite ir un poco más allá. Somos muy prejuiciosos. Por ejemplo, hay hombres que no tienen personalidad para ocupar pantalones apretados, aunque saben que así se verían muy estilizados y finalmente se sentirían bien”.

Pasó una hora y Esteban ya me explicó el proceso de la creación y confección de un traje. Me mostró las opciones de colleras para las camisas y también todas las posibilidades de telas para invierno, media estación y verano. Se mira al espejo, se arregla un poco el pelo y acomoda su ropa. Las fotos van a empezar y quiere que su traje salga perfecto. Está todos los días aquí. Él atiende a los clientes y se encarga de que las cosas funcionen. “Así es la pasión”, confiesa.

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