Escapes para capear el invierno feroz

LAS ISLAS GRIEGAS SON UN COMPENDIO DE LOS MEJORES ANHELOS DE DESCANSO, ESO SI, VISÍTELAS UN POCO ANTES (MAYO/JUNIO) O UN POCO DESPUÉS (SEPTIEMBRE/OCTUBRE) DE LA TEMPORADA ALTA (JULIO Y AGOSTO). ASÍ SE ASEGURA EL MISMO BUEN CLIMA, PERO UNA MESA EN EL RESTAURANTE QUE QUIERA, MEJOR PRECIO EN LOS HOTELES Y LO MEJOR, MENOS GENTE EN LAS PLAYAS.


Patmos, Apocalipsis Now

La isla griega de Patmos es muy probablemente una de las más místicas del egeo. El apóstol Juan, estando desterrado ahí escribió nada menos que el Apocalipsis. Sus playas de arena dorada, mar cristalino, restaurantes con vistas conmovedoras y comidas deliciosas, tiendas en que es difícil encontrar algo feo, sumado al hecho de que por estar apartada y no tener aeropuerto, aun se mantiene prístina y sin sobrepoblación de turistas, la vuelven un spot imperdible de ver.

DÓNDE COMER:

Benetos
Regentado por una gringa que recibe, se presenta y da la lata contando, sin mayor entusiasmo, de dónde vino y qué está haciendo allí, tiene una carta llena de entradas que cuesta elegir por tentadoras y vistas extraordinarias. Un bar animado se ha sumado recientemente, lo que ayuda a pasar el rato mientras se espera mesa; el lugar tiene una gran demanda.

Hay que pedir los erizos, que sin bien son enanos, son dulces y deliciosos, al igual que todas las entradas.

Kyma
Un locación imperdible, encima del mar, coronado por peces que se pasean como adiestrados frente a uno en el mar ( atraídos por las luces submarinas instaladas en la orilla), con vistas al puerto de Skala y muy a lo lejos, Chora, la ciudad del monasterio. Este restaurante es manejado por unos jóvenes amigos cuyo emprendimiento intenta dar un upgrade a la cocina mediterránea, y lo logra, en algunos platos, pero su setting es quizás el más atractivo de la isla.

NO DEJAR DE HACER:

Arrendar un barco para ir a los islotes cerca, llenos de playas desiertas, rocas blancas, cuevas submarinas. Y mar de colores inverosímiles.

Recorrer y comer en Chora, la ciudadela antigua con el monasterio de San Juan el Teólogo enclavado en la punta del cerro. Visitar el Monasterio que posee un museo de una riqueza invaluable.

 

 

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