El mar hecho bolsa

CADA MINUTO EL OCÉANO RECIBE EL EQUIVALENTE A UN CAMIÓN DE BASURA DE PLÁSTICO EN EL MUNDO. PARA EL 2050, HABRÁ MÁS PLÁSTICO QUE PECES EN EL MAR. SE ACABAN DE ENCONTRAR RESTOS PLÁSTICOS EN EL LUGAR MÁS PROFUNDO DEL OCÉANO Y EN EL AGUA Y NIEVE RECIÉN CAÍDA EN LA ANTÁRTICA. “LA LUCHA CONTRA EL PLÁSTICO ES LA GRAN BATALLA MEDIOAMBIENTAL QUE ENFRENTA HOY LA HUMANIDAD”, ASEGURA GREENPEACE. ¿QUÉ SIGUE MÁS ALLÁ DE LA PROHIBICIÓN DE BOLSAS DE PLÁSTICO?


Texto Rodrigo Barría Fotos Biblioteca Greenpeace

En abril pasado, el estudio Human footprint in the abyss: 30 year records of deep-sea plastic debris dio a conocer un récord del que nadie podría sentirse orgulloso: el hallazgo de una bolsa plástica en la fosa de Las Marianas, ubicada al este de Filipinas, a 10.898 metros de profundidad, la parte más honda de los océanos del mundo.

“Que se haya confirmado la presencia de plástico en el punto más profundo de nuestros océanos revela que el tema requiere una solución urgente. Existe una responsabilidad corporativa que no se puede eludir. Necesitamos que la industria comience a liderar el cambio e implemente a la brevedad estrategias innovadoras para no seguir elaborando este material que ha terminado por invadir nuestros mares”, dice Soledad Acuña, coordinadora de la campaña antiplástico de Greenpeace en Chile.

En este contexto, el pasado 5 de junio, en el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, la ONG decidió situar la mira justamente en la urgencia de enfrentar de manera frontal la amenaza en que se ha convertido el plástico. “La gran batalla que hoy enfrenta la humanidad es poder derrotar al plástico”, sentenció Greenpeace. Y para lograr dimensionar la magnitud del “enemigo”, entregó devastadoras cifras sobre este problema: cada año en el mundo se usan 500 mil millones de bolsas de plástico y al menos 8 millones de toneladas de este tipo de material termina en los océanos, lo que equivale a la descarga de un camión de basura cada minuto.

Otros cuatro datos arrojados por la ONG dan cuenta de la magnitud del problema: en la última década la humanidad ha producido más plástico que en todo el siglo pasado; el 50% del que se utiliza es de un solo uso; cada minuto se compran un millón de botellas de plástico y se espera que la producción mundial de plásticos llegue a 500 millones de toneladas en 2020.

¿Qué propone la ONG ambientalista? Entre otras ideas está la de exigir, por ejemplo, a grandes empresas como Nestlé, Procter & Gamble, Coca-Cola, Mc Donald’s, Unilever, Starbucks, supermercados y empresas del retail, que implementen con urgencia estrategias para reducir la contaminación plástica que generan. “No solo deben adaptarse y respetar las normas, como la que prohibirá las bolsas plásticas, sino que deben ir más allá y liderar un cambio relevante. Deben ser protagonistas y atrevidas y no solo seguir ajustándose a las normativas. También es una demanda que debe hacerse a las autoridades. Por ejemplo, quizás es hora de pensar en etiquetados en los productos en donde se advierta a los consumidores que son altos el contaminación. ¿Por qué solo debemos avisar que son altos en grasas o azúcares?”, explicó Soledad Acuña.

Antártica con mala prueba de “blancura”

Entre enero y marzo de 2018 Greenpeace realizó una expedición a la Antártica para llevar adelante una investigación cuyos resultados se han encargado de teñir la noción de blancura que se tenía de este supuesto natural y prístino espacio del planeta.

Liderados por el rompehielos Arctic Sunrise, siete de las 8 muestras de agua de superficie marina analizadas contenían microplásticos. Paralelamente, se tomaron 9 muestras con un “manta trawl” -una red de arrastre de manta que permite también muestrear la superficie de los océanos- y se detectaron fragmentos en dos muestras. Junto con ello se analizó nieve, concluyéndose que 7 de las 9 pruebas analizadas contenían concentraciones detectables de los llamados químicos PFC, utilizados ampliamente en procesos industriales y productos de consumo, y que han sido relacionados a problemas reproductivos y de desarrollo en la fauna.

“Vimos todo tipo de desechos de la industria pesquera en la Antártida”, advirtió Frida Bengtsson, de la campaña Protege la Antártida de Greenpeace, detallando que durante la travesía se encontraron boyas, redes y lonas hundidas entre icebergs. “Fue muy triste de ver. Las quitamos del agua pero me quedó muy claro que necesitamos mantener esta área fuera de los límites de la actividad humana si es que queremos proteger a la increíble fauna de este ecosistema”, añadió.

“La contaminación, el cambio climático y la pesca industrial de krill están dejando una huella clara y dañina de la humanidad. Los resultados muestran que los hábitats más remotos de la Antártida están contaminados con desechos microplásticos y químicos peligrosos persistentes”, sostuvo por su parte Estefanía González, coordinadora de la campaña de Océanos de Greenpeace.

En ese marco, González enfatizó en la urgencia de concretar la creación del Santuario en el Océano Antártico con el objetivo de proteger a los pingüinos, las ballenas y a todo el ecosistema en general. Serían 1.8 millones de kilómetros cuadrados, cinco veces el tamaño de Alemania, formando así el área protegida más grande del planeta. Una iniciativa que está siendo propuesta por la Unión Europea (UE) y sobre la que se tomará una decisión en la futura reunión de la Comisión del Océano Antártico (CCRVMA) en octubre de 2018.

Adiós a las bombillas de plástico

La multinacional sueca IKEA es una gigante de la fabricación y venta de muebles y objetos de decoración para el hogar. De ahí la importancia del anuncio que recientemente acaban de realizar en cuanto a que, de aquí a fines de 2019, dejará de vender utensilios de plástico de un solo uso. Saldrán de sus estanterías entonces artículos tan comunes como pajitas o bombillas de plástico, platos, tazas, bolsas de congelar, bolsas de basura y platos y tazas de cartón revestidos de dicho material. Su objetivo es reducir un 80% su huella ecológica y alcanzar un nivel mínimo de emisiones para 2025.

Una decisión tan autónoma como osada que se suma a la de la cadena de supermercados alemanes Lidl, que a fines de mayo anunció que durante este año dejará de vender bolsas de plástico en todos sus establecimientos. A estas compañías se debe sumar a McDonald’s, que un mes antes anunció que comenzaría a utilizar pajitas de papel en sus restaurantes, aunque solo del Reino Unido.

Una tendencia de protección más amplia y a la que se sumó recientemente la reconocida compañía de cruceros Royal Caribbean, que dijo que eliminará de manera progresiva el uso de bombillas de plástico en toda su flota de barcos –unas 50 embarcaciones-, reemplazándolas por bombillas de papel para los pasajeros que las soliciten.

En esa misma línea, la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la Unión Europea (UE), acaba de proponer a sus 28 Estados miembros reducir o modificar el consumo y la producción de al menos 10 artículos de plástico que hoy se encuentran de manera descontrolada y masiva en playas y mares del Viejo Continente, entre los que se encuentran vasos, cubiertos desechables y bombillas.

¿Y Chile?

En nuestro país el foco a nivel de políticas públicas ha estado puesto en la necesidad de terminar con el uso de bolsas plásticas, esas mismas que suelen durar unos pocos minutos en manos de los consumidores, pero que tardan decenas de años en degradarse en el ambiente.

En este escenario, a fines de mayo pasado el Congreso despachó el proyecto de ley que prohíbe el uso de bolsas plásticas en el comercio. Una medida que ha sido aplaudida por distintos sectores medioambientales y que convierte a Chile en la primera nación de Latinoamérica en establecer esta reglamentación.

Soledad Acuña aclara el nivel de impacto de la medida: “Se trata de una de las noticias más relevantes del último tiempo en materia medioambiental en Chile”. Sin embargo, la representante de la ONG apuntó al “desafío no menor” que ello conlleva y que tiene que ver, por una parte, con la implementación efectiva de la medida y, por otra, con el “importante cambio cultural y de comportamiento para ajustar nuestras vidas a estar sin bolsas plásticas”.

“Comienza una importante tarea de educación ambiental para garantizar el éxito de la normativa. Como sea, aspiramos a ir más allá como país y entender que existe un amplio espectro de productos de uso cotidiano que también debieran comenzar a ser normados en su fabricación y distribución. Debemos ser atrevidos, innovadores y apostar por ganar esta batalla al formidable y poderoso enemigo en que se ha transformado el plástico. Ojalá estemos a la altura de las circunstancias”, sentenció Acuña.

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