Constanza Michelson

ES LA COLUMNISTA DEL MOMENTO, LA QUE HABLA DE FEMINISMO, TENDENCIAS, SEXO; LA PSICOANALISTA LACANIANA QUE LLEVAN A LA TELE; LA AGOTADA MAMÁ CUARENTONA DE 4 NIÑOS, INCLUÍDA UNA GUAGUA DE 9 MESES; LA EX ADOLESCENTE TÍMIDA QUE LO PASÓ MAL Y HOY ESCRIBE Y HABLA SIN QUE LA PAREN. ES CONSTANZA MICHELSON. 


Texto Ximena Torres Cautivo Fotos Sebastián Utreras

 

La Coni, como le dicen familiarmente a la psicoanalista, columnista y escritora Constanza Michelson (40) es una tan de este tiempo, que me hace sentir vieja eterna. Old fashion.

Ella, a propósito de senectud, se describe físicamente por escrito como si nunca la hubiéramos visto, mientras viaja rumbo al sur por el fin de semana: “Siempre he sentido que tengo cincuenta años, así es que no sé si me veo más joven o más vieja que mi edad espiritual, la verdad. Estatura media, he sido gorda y flaca, hoy las dos cosas, acabo de tener guagua y no sé que talla tengo. Tengo ojos saltones, pero todos afirman que son lo más importante en mí. Supongo que, como dice Clarice Lispector, lo más importante es la mirada”. 

No es la mirada lo que a mí me queda de ella, sino su boca. Tiene una boca de tamaño mediano, rosada, bonita, de lengua movediza y discurso hipnótico. Le aprietas play y habla, habla, habla, sin pausa, con una envidiable capacidad de no perder el hilo, pese a una hemorragia de llamadas que entran a mi celular e interrumpen nuestra conversación. Debe ser porque está en la flor de la edad, porque a mí se me habría ido la onda hace rato, o porque tiene una gran autoconciencia de sí misma y de su discurso, o porque, como ella misma dice, así compensa los años en que su timidez la volvió muda, casi autista. “Estoy recuperando lo que no dije en esos tiempos de silencio”. 

Cuesta creerle que se haya quedado callada alguna vez, pero al saber quién es su padre y que en su pubertad explotó el escándalo en su familia como una bomba de racimo, la entendemos y acatamos su pedido de no entrar en más detalles sobre el tema. “Ya lo hablé una vez y fue suficiente; quien quiera saber más que googlee”, nos dice. 

Es la penúltima entre 4 hermanos, incluida Carolina, elegida segunda Miss Chile en 1991, cuando la Coni tenía 13 años y estudiaba en The Grange School. “Yo la veía como una princesa, segura de sí misma, resuelta. Tenemos 10 años de diferencia; nuestras historias son distintas. Pero no puedo afirmar lo que ella sentía entonces”. Sí sabe lo que ella sentía en su adolescencia. 

Explica: “Yo era la rasca del Grange. Es una conciencia forzosa de clases lo que sentía (y con este asunto de la cuestión de clases parte mi nuevo libro de ensayos). En las fotos de mi etapa de prepúber, 12, 13 años, yo soy la que tenía el jumper más corto de todas mis compañeras; lo veo en las fotos de esa época. Por buscar amor, yo iba a terminar siendo la puta de los cuicos, por eso reacciono y me desclaso y me dedico al pensamiento. Cuando en mi familia se produce la gran debacle, experimento el cruce entre clase y machismo, y quedo en la posición de puta, no de dama, me vuelvo un ser inferior dentro de mi clase, el de la chica al que ningún hombre iba a considerar en serio”…

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