Claudia Bobadilla

TALCA, PARÍS Y LONDRES

CUESTA IMAGINARSE A ESTA MUJER DE PELO RUBIO Y PIEL TRANSPARENTE SOBREVIVIENDO EL CALOR DE MOLINA, EN LAS CERCANÍAS DE TALCA, EN PLENO CAMPO CHILENO. SIN EMBARGO, ESA NOTA PROVINCIANA QUEDA EN EVIDENCIA EN EL ENTUSIASMO CON QUE CUENTA LO QUE LE PASA Y LE HA PASADO. CON ESE MISMO ENTUSIASMO, NOS GUÍA POR LA CATARSIS DE PREGUNTAS QUE LE GENERAN LA PROLONGACIÓN DE LA VIDA HASTA LOS 130 AÑOS, LAS INNOVACIONES CIENTÍFICAS Y LOS CAMBIOS SOCIALES QUE EXPERIMENTA EL MUNDO ACTUALMENTE.


Texto Juan Diego Montalva Foto Mat Mondaca Moda Gerri Kimber Maquillaje Mariana Bacarreza

Claudia Bobadilla lleva tiempo haciendo lo que quiere con bastante éxito. El último trabajo formal que podría asociarse con el mundo laboral centrado en los fines de lucro es el que ocupó como directora de asuntos jurídicos de Terra Networks Chile a fines del siglo XX. Luego de ese trabajo, lo suyo han sido las organizaciones promotoras del conocimiento, del desarrollo de la ciencia o la “innovación” como diría un empresario más preocupado del conocimiento aplicado que del pensamiento volado. A veces agota la diversidad de temas que se le abren en la cabeza. Hace años está obsesionada con la ciencia y puede dedicar horas a conversar sobre los múltiples descubrimientos que ha conocido personalmente y que asegura nos van a cambiar la manera de vivir en un par de años.

Claudia es abogada de la universidad Diego Portales y luego de abordar el derecho y la informática en Terra Networks pasó a la gerencia de la Fundación País Digital, donde estuvo por más de seis años. Paralelamente fue miembro del directorio del Banco Santander y estrechó vínculos con otras instituciones futuristas como el Comité Chile Japón Siglo XXI, la Fundación Chilena del Pacífico, el Proyecto Astronómico ALMA, Educación 2020, Circulo de Innovación y Tecnología de ICARE y Comunidad Mujer. Todo esto hasta que partió a Londres acompañando a su pareja, el empresario Tomás Müller, cuando lo nombraron embajador en el Reino Unido del gobierno de Sebastián Piñera (2010-2014). A su partida de Chile había armado el proyecto RAD, Red de Alta Dirección, un ambicioso proyecto que a su vuelta, y producto de la experiencia londinense, sólo aumentó en términos de ambición.

¿Vives asombrada?
Más que asombrada soy curiosa. Ando siempre en una búsqueda de conocimiento

¿Cómo fue estar en al ambiente diplomático durante el cargo de Tomás en Londres?
Lo pasé bien, me encanta la gente en general. Me gustó mucho Londres y nos tocó estar en una época privilegiada: las Olimpiadas, el jubileo de la Reina, matrimonios reales, discusiones sobre Europa, etc.

¿Fuiste a los matrimonios reales?
No, no fui. No estaba invitada.

Pero conociste a la reina cuando hicieron presentación de credenciales. ¿Qué se habla con la reina de Inglaterra?
De Chile. Sabe mucho acerca de nuestro país, nos conoce y tiene un especial cariño por Lucía Santa Cruz. Hablamos sobre Tierra del Fuego, la Patagonia y la Antártida. Es una mujer magnífica, lúcida, conectada y sumamente entretenida.

Y el primer ministro era David Cameron.
Una persona con un perfil muy interesante porque dentro del mundo de los Tories o conservadores es un no conservador, muy pro mujer, derechos de las minorías sexuales y de la igualdad, que combina con una política económica liberal.

Desde hace mucho tiempo estás vinculada a instituciones que pretenden cambiar las cosas ¿Cuál es tu afán por el cambio?
Tiene que ver con mi historia personal. En los últimos días me ha tocado, a raíz de la enfermedad de mi padre, tener que enfrentarme con mi historia, y entre otras cosas, con el lugar de dónde vengo.

¿De dónde vienes?
Nací en Talca, viví en Molina. Con la muerte de mi padre he vuelto a esos pueblos, y lo digo en el mejor de los sentidos cuando hablo de “pueblo”.

¿Tu padre murió en el pueblo?
En Talca, vivió en Linares, en el campo, estuvo en un hospital, no en la clínica. Yo nací en el hospital de Talca, como corresponde cuando eres del pueblo.

¿Como fue volver a eso?
Bastante emotivo, porque en el entendimiento de tus orígenes, hay grandes aprendizajes.

¿Cómo influyeron tus orígenes sobre quien eres actualmente?
Me dieron perspectiva. Mi colegio, la Alianza Francesa, me mostró que había otras cosas más allá de mi pueblo. Estas dicotomías son las maravillas y no maravillas que tiene vivir en un pequeño pueblo.

¿Y la Alianza dónde estaba?
En Curicó. Eso me despertó un espíritu medio aventurero. Me gusta viajar, me gusta descubrir cosas nuevas y personas nuevas, soy curiosa en general. Por eso me interesa entender los grandes cambios que están ocurriendo en el mundo actualmente.

¿Pero eso no es la simple capacidad de asombro que tenemos todos?
No, es que no es lo mismo nacer en Santiago, Londres, París, Roma o Tokio que nacer en Talca y vivir tu infancia en Curicó, viendo el mundo pequeño a escala grande por la perspectiva de ser niño. El conectarse más allá de las fronteras físicas, intelectuales o emocionales, permite descubrir y comenzar a entender los grandes cambios que se están produciendo en el mundo y darse cuenta que si no somos capaces de entenderlos de alguna manera, no vamos a participar de lo que está pasando y de dimensionar cómo nos afectará.

¿Cuáles son los cambios que más te preocupan?
Lo que más me genera interés es lo que está ocurriendo actualmente en el mundo de la ciencia. El mundo de la tecnología sigue avanzando, pero los grandes cambios se están produciendo en la ciencia. Están surgiendo nuevas maneras de pensarnos.

¿Cuáles son esas nuevas maneras de pensarnos?
Cómo nos vamos a relacionar con el consumo, por ejemplo. Cuál va a ser la relación con la manera en que consumimos bienes y servicios. Cómo nos relacionamos con el mundo del trabajo, cómo vivimos en las ciudades, cómo formamos distintos modelos de hacer familia, qué va a pasar si vivimos 130 años y tenemos múltiples parejas, los avances de la medicina y la búsqueda de vida en otros planetas. Todo eso está en proceso de definirse.

¿Qué te parece vivir 130 años?
Imagínate que uno antes tenía claro que había cambios a los 20, luego a los 30 y a lo más a los 50. Hasta ahí uno llegaba y pensaba que todo se terminaba a los 80, pero ¿qué va a pasar de los 80 a los100 y de los 100 a los 130? Eso implica cambios en el sistema de salud, el sistema laboral, las ciudades, el entretenimiento y prácticamente todo.

¿Todo cambia entonces?
Todo. Basta con ver cómo cambió el entretenimiento con Netflix. Todo está en proceso de cambio.

¿Cómo será para las mujeres? ¿Más difícil?
Lo que debería ocurrir es una evolución que rompa con la categorización por género. Ya no debiera ser un tema si soy mujer, hombre, transgénero u homosexual. Somos todos seres humanos sobre un mismo planeta, y nuestro deber está no sólo en cuidarlo sino en cuidarnos.

¿Cómo irá a cambiar el arquetipo de belleza con la prolongación de la vida?
Justamente, hubo un debate hace poco en Londres sobre lo que será la belleza a los 130 y el impacto de la nueva alimentación con la introducción de los alimentos funcionales, diseñados según tu código genético.

¿Existe ya un examen para identificar tu código genético?
Sí, “23 and me”. Me lo hice hace unos años.

¿De qué se trata?
Es bien interesante porque te hacen un perfil para entender de dónde vienes y para saber cuál es tu composición genética. Es maravilloso.

¿Cómo fue la tuya?
Todos tenemos un porcentaje de Neandertal. Yo, en particular, tengo harto Neandertal.

¿Qué implica eso? ¿Es la parte animal de uno?
No, tiene que ver con características físicas. Lo más relevante es entender que en algún momento de nuestra historia nos encontramos y nos relacionamos.

¿Qué porcentaje tenías de Neandertal?
Si 7 era el más alto, yo tenía 6,9.

O sea, eres casi casi Neandertal.
Sí (ríe), pero también descubrí que tenía un porcentaje Ashkenazy, nativo americano y europeo.

¿Sabías algo de esta herencia?
No, nada. Lo impresionante es que cuando eres capaz de ver tus orígenes te das cuenta que eres pura diversidad y que eso nos hace seres completamente únicos. Otra cosa que te permite este examen es determinar cuáles son las enfermedades que puedes desarrollar a futuro.

¿Ese fue el examen que se hizo Angelina Jolie y que motivó que se operara de cáncer de mamas de manera preventiva?
Sí, el mismo.

Claro, así es probable llegar a los 130.
Exactamente. Accediendo a información precisa respecto a tu composición genética, puedes acceder también a información respecto a algunas enfermedades que corres el riesgo de desarrollar por predisposición genética, entre ellas el Parkinson y el Alzheimer. Eso sí, para estas enfermedades tienes que seguir un protocolo que te permita abrir el “candado” que protege esa información.

¿Qué es este “candado”?
Tienes que llenar una serie de documentos a través de los cuales aceptas y declaras que eres consciente de la información a la que estás accediendo y de su potencial consecuencia.

¿Lo abriste?
Sí.

¿Hay gente que no lo abre?
Seguramente, depende de cada uno.

Pero cuando se consiga una cura puede ser bueno saberlo.
Exacto, como en el caso de la diabetes tipo 1 en que la cura ya se está experimentando en ratas.

Fuerte.
El mundo de la ciencia está cambiando todo. Imagínate que ya se están planificando viajes espaciales. ¡La próxima expedición de la RAD tiene que ser al espacio!

¿Hacen viajes con la RAD?
En la RAD hacemos expediciones científicas, verdaderos safaris intelectuales. Recién regresamos de la Antártida y la Patagonia con el Congreso del Futuro. Hemos realizado expediciones a ALMA con foco en astronomía, antropología y geología, como también nos hemos conectado con importantes proyectos y zonas de conservación y desarrollo, por ejemplo Karukinka en Tierra del Fuego o el Amazonas peruano.

¿Qué es Karukinka?
Es un gran parque de conservación y protección de la biodiversidad: 300 mil hectáreas ubicadas en Tierra del Fuego, donadas a perpetuidad por Goldman Sachs a la Wildlife Conservation Society. Es una reserva de bosques sub antárticos, de lengas, coihues y ñirres y con una gran concentración de turberas.

¿Turberas?
Son como unos pastos que almacenan el CO2. Esa zona es la mayor reserva de turberas al sur del planeta.

Explícanos de qué se trata RAD.
En nuestros orígenes, nuestra misión principal fue conectar a la alta dirección de las organizaciones con la ciencia y la tecnología a través de nuestros programas de expediciones y de conversaciones para ir construyendo visiones y comprensiones nuevas y más complejas del mundo, que nos permitieran comprender la dimensión de cambios que se están gestando desde esas disciplinas. Con el andar, comprobamos que la dimensión del propósito de la RAD requería también incorporar las voces emergentes de las humanidades y extender las redes de conexión y colaboración a más organizaciones y personas.

¿Conexiones entre nosotros?
Sí, porque es evidente que somos un país fracturado y dividido, que hoy día sufre de grandes niveles de desconfianza y desazón. Estamos muy alejados del resto del mundo. Nuestro principal propósito es fortalecer el desarrollo de las ciencias y de su conexión con el resto de la sociedad, generando espacios humanos de encuentro, reflexión, conocimiento y acción entre personas de distintas formaciones, culturas y visiones.

¿Cómo se hace esa mezcla?
Colaborando, colaborando y colaborando en redes locales e internacionales.

¿Cómo caracterizarías las cosas que hace RAD?
Multiculturales, diversas, transversales, abiertas y con mucho debate.

A muchas personas les impresionó la puesta en escena de la conferencia que hicieron sobre cambio climático en el Congreso del Futuro ¿De dónde surgió esta idea?
Hace dos años trajimos a Chile la franquicia de un foro de debates que se llama Intelligence Squared –IQ2-, que opera en Londres, Nueva York, Grecia, Hong Kong y Australia. No estaban en América Latina. Fui a verlos porque pienso que es relevante para la estabilidad democrática el acto de debatir públicamente. Me gustó mucho su trabajo, metodología, línea editorial y la forma en que producían. Conocí a uno de los fundadores y tomé desayuno con él para preguntarle si se entusiasmaba con que tuviéramos IQ2 en Chile, me dijo inmediatamente “of course, darling”. Nuestra idea es tener formatos de debates con rigor profesional, una línea editorial provocadora, y una puesta en escena convocante.

¿Por eso la puesta en escena?
Es una puesta en escena atractiva que trabaja muy bien con la televisión, a lo que se suma y es su fuerte, la calidad de moderadores y speakers, sus premisas controversiales y una activa y abierta participación del público.

Hubo mucho espacio a las preguntas.
Nos suele asustar que la gente pregunte, y hay que perder ese miedo cuanto antes. El mundo cambió y todos queremos participar, es cosa de ver lo que está pasando con las redes sociales. Todos queremos ser partes de la discusión y no estar sentados escuchando la receta.

¿Te parecieron buenas las preguntas?
No hay preguntas malas, todas las preguntas producen reflexión y han permitido a la humanidad evolucionar. ¿Qué es la ciencia sino puras preguntas? Un ejemplo cercano a nosotros son las preguntas que está levantando ALMA.

¿ALMA?
ALMA es un radiotelescopio que puede llegar a las zonas más frías y oscuras del universo.

¿Y que implica eso en términos prácticos?
Que a través de sus observaciones y descubrimientos podemos entender más y de mejor manera nuestros orígenes, cuya comprensión nos permitirá plantear nuevas preguntas y desarrollar nuevas disciplinas como la astro química y la astro biología.

¿A qué han accedido?
Ya hay unos descubrimientos preciosos. Por ejemplo, a principio del año pasado vieron la formación de un planeta desde sus orígenes. Te mueres lo que son las imágenes.

¿Cómo llegaste a ALMA?
Me invitaron a ser parte de un panel informal de AUI en Chile, les advertí que no era física, ni química, y me dijeron que no importaba, que eso es lo que necesitaban. Me uní a ellos hace ocho años y lo que hago es conectarlos con el mundo de los no científicos. El año pasado tuve el honor de ser invitada a formar parte de su Board of Trustees en Estados Unidos. Ha sido una experiencia realmente transformadora.

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