CONSTANZA HAGEMANN Y NICOLÁS VALDÉS


SON LOS ARQUITECTOS TRAS EL PROYECTO LEGUÍA RIESCO, UN EDIFICIO RESIDENCIAL QUE A FINES DE ESTE AÑO INAUGURARÁ EN EL GOLF Y QUE FUE CONCEBIDO LUEGO DE QUE ESTA DUPLA -QUE VIVIÓ AHÍ VARIOS AÑOS-, DECIDIERA TOMAR LOS ELEMENTOS DEL BARRIO COMO PRIORIDAD, RESPETANDO LAS CONDICIONES Y CUALIDADES DEL SECTOR.

En 2009 Constanza Hagemann y Nicolás Valdés formaron Panorama Arquitectos.
Juntos trabajan en la fase creativa y en el contacto con los clientes. Después, cada uno toma roles más específicos. 

Están casados, tienen tres hijos y son socios en Panorama Arquitectos, estudio que formaron en 2009 y a través del que han hecho diferentes proyectos industriales y residenciales que han sido reconocidos en Chile y en distintos medios internacionales especializados en el rubro. Su visión de la arquitectura es enfrentar cada proyecto replanteándose la forma de abordarlo, pensando las cosas de manera diferente a la común, buscándoles el otro lado. “Nos da sentido el tratar de buscar nuevas respuestas. La arquitectura nos hace sentido por eso, porque creemos que es una herramienta para resolver necesidades, pero todos tenemos necesidades y gustos distintos entonces si vas multiplicando ese factor, hay alternativas y espacios para proponer. No nos gusta lo simple, nos gusta lo complicado para tratar de dar soluciones simples”, dice Nicolás. Después de vivir unos años en Londres -donde Constanza hizo el programa de postgrado DRL en la Architectural Association y Nicolás trabajó en la oficina KPF Architects-, llegaron a vivir a Santiago, a un edificio de los años 50, de 17 pisos, que cubría la esquina de Augusto Leguía y Presidente Riesco en El Golf. Viviendo ahí tuvieron que acostumbrarse a los tacos propios del sector, que a diario se hace aún menos amigable por el constante cambio de tráfico de Presidente Riesco. Y conocieron también desde adentro la vida de barrio, dada principalmente por las áreas verdes, restaurantes y el movimiento que entrega un sector de oficinas. No fue raro entonces empezar a recibir ofertas de inmobiliarias que querían emplazar en ese lugar un edificio nuevo y con mayor capacidad. Pero como siempre pasa, esas propuestas se iban cayendo una a una y no llegaban a concretizarse. “Siempre había alguien que no quería vender, entonces era muy difícil armar al paño. En un minuto estábamos en la recta final, pero el proyecto se cayó por el lado de la inmobiliaria. Con la Coty nos sentíamos huérfanos, porque habíamos hecho un trato con esa inmobiliaria de incluso participar un poco en la arquitectura del nuevo edificio. Quedamos en el vacío y nos dimos cuenta de que era un valor ser propietarios y que todos quienes vivían ahí nos conocieran. Juntamos a los vecinos y nos pusimos de acuerdo en los precios de venta para empezar a armar la planilla. Los vecinos tenían una alianza con nosotros, y como a todos se nos había caído la venta en algún momento, nosotros de alguna manera los ayudamos a solucionar el problema”, dice Constanza. El proceso fue largo y fueron ellos mismos incluso los que ayudaron a que algunos de los vecinos encontraran dónde vivir si la idea resultaba. Y resultó. Después de tocar varias puertas, fue la inmobiliaria Indesa la que les compró el paño en el que desde un año se está construyendo Riesco Leguía, un edificio de 15 pisos cuya arquitectura está a cargo de Nicolás y Constanza y que fue concebida desde sus inicios por dos cabezas que conocen desde adentro el funcionamiento y la lógica del lugar. “Para nosotros la vida urbana que hay acá es súper importante, por eso, por ejemplo, dejamos la esquina despejada. El edificio no tiene rejas, es abierto a la ciudad. Tiene jardines en el primer piso y se accede por Presidente Riesco pero hay un acceso interior por Augusto Leguía para que te dejen en el lobby. Tomamos en cuenta las condiciones urbanas que nosotros conocíamos por haber vivido ahí y las que creíamos que el edificio se tenía que hacer cargo. La idea es facilitar la vida y prescindir del auto”, dice Constanza.

El proyecto surge básicamente con la idea de reconocer todo el barrio como un atractivo metropolitano de vista. Por eso, no tiene un frente y un atrás, hay plantas con vista al cerro San Luis, otras al San Cristóbal y Costanera Center, y otras miran hacia el hotel W y la Plaza Perú. Todas las vistas son abiertas, con ventanales de piso a suelo completos, y con los muros imprescindibles para mantener la estructura en pie. “Así como en la fachada de otras construcciones hay un juego con las ventanas, acá el juego es con los muros. Todo es abierto, salvo esta estructura que le da identidad y carácter al edificio con un propósito netamente estructural. Nos gusta eso de mostrar la estructura y que de alguna manera eso termine siendo lo importante”, dice Nicolás. Pensado para personas que trabajan y viven en el barrio, Riesco Leguía tendrá 36 departamentos de entre 95 y 110 metros cuadrados -y con opciones de una o dos piezas-, todos son con living, comedor y cocina integrados, baño de visitas y terraza grande. En el piso de arriba, una enorme piscina común que mira al cerro San Luis y El Plomo, y un lounge con cocina, mesa de living y una parrilla que mira hacia Santiago sur. Además, el primer piso tendrá estudios para quienes quieran usarlos de oficina que dan a un patio inglés abierto. Nada de estacionamiento a la vista -todos estarán a partir del piso -1-, y en el primer piso será protagonista un jardín pensado en base a las diferentes estaciones del año que se complementará con esculturas a cargo de Benjamín Ossa y Javier Toro Blum. 

Todos los departamentos son distintos y ninguno se carga en orientación. Son plantas invertidas en las que el cliente podrá elegir la orientación que más le guste. “Otra cosa interesante es que cuando la gente vea el edificio terminado y habitado, se va a dar cuenta de que hay una cosa inesperada, porque no hay elementos como el tamaño de las ventanas que te hacen reconocer ciertos espacios de un edificio. Tratamos el proyecto como algo más unitario, dejando los recintos a la vista. El edificio es súper transparente, es todo abierto. Creemos que la seguridad está dada en la medida en que muestras más, en que haya más apertura. Creemos que los espacios encerrados te llevan a encerrarte y aquí quisimos proponer lo contrario, abrirnos para no perder el contacto con el de al lado, para hacer vida de barrio. Insistir. Es como el vecino mala onda que no te saluda. Salúdalo e insiste hasta que te salude. Aquí es lo mismo, porque si no, uno se encapsula”, dice Constanza.



Brillando por dentro

HAY ALGO EN LEONARDO FARKAS QUE PARA NOSOTROS LOS CHILENOS, ACOSTUMBRADOS AL LOW PROFILE, ACHICADOS, CONSERVADORES, RESERVADOS, AUSTEROS, NOS PUEDE PARECER CASI IMPÚDICO. Y ES QUE ES TANTO EL BRILLO, LOS BILLETES ONDEANDO EN LA MANO, LOS RISITOS FLOTANDO EN EL AIRE, LA SONRISA FLUORESCENTE, QUE PARECE QUE UNA BOLA DE ESPEJOS OCHENTERA HUBIESE QUEDADO GIRANDO SIN PARAR SOBRE SU CABEZA.


Texto Pablo Mackenna Foto Mat Mondaca

Pero todas esas luces se desvanecen al oírlo. Pasan los minutos y el artificio desaparece. Fade out, diría él, en uno de los cientos de giros americanos que sazonan su lenguaje. Algo muta, ya no se te hace tan extraño, se vuelve llano y surge un ser extremadamente sensible y de convicciones. Sí. ¡concha, este huevón es de verdad!, me pilló diciéndome con ganas de abrazarlo. Brillante Farkas, qué duda cabe. Pero de verdad les digo, este buen hombre, brilla por dentro.

Es difícil concentrarse bajo el fulgor de la inmensa lámpara de lágrimas multicolores que se suspende sobre nuestras cabezas, hecha cristal por cristal por encargo en algún taller de Murano. Una de las tantas joyas de la corona. Una lámpara de lágrimas que paradojalmente en su estallido arcoiris, sonríe. Al igual que leonardo Farkas, que perfectamente trajeado y enjoyado -yo me visto así para mí, aunque no vaya a ningún lado me explicara más tarde- con total amabilidad luego de ofrecer café y deliciosos panecillos, me mira fijamente y dice: Shoot.

Continue reading →


Reina Sur

LA CASA EN COLINA DEL BANQUETERO JUAN PABLO JOHNSON ES UN PROCESO, NO UN RESULTADO. POR LO MISMO ES QUE SU DUEÑO SE REFIERE AL ESPACIO COMO UNA CREACIÓN EN CONSTANTE EVOLUCIÓN, CUYA GÉNESIS ES INTUITIVA Y DE RITMO PROPIO. ES UNA CASA DE DIFÍCIL DEFINICIÓN, INCLUSO PARA SU DUEÑO, QUIEN LA OCUPA RELIGIOSAMENTE DE JUEVES A SÁBADO HACE 27 AÑOS Y DONDE SE HACEN ADEMÁS, LOS MEJORES EVENTOS DE SANTIAGO. EN UN ESFUERZO POR DEFINIRLA TIRAMOS AL AIRE DESCRIPTORES COMO “ECLÉCTICO”, “ORGÁNICO”, Y OTROS SIMILARES, PERO LO CIERTO ES QUE TODOS LE QUEDAN CORTOS.


Texto Richard Sharman Foto Vicente García Mekis

Reina Sur es el nombre de esta casona de más de 200 años, convenientemente ubicada a sólo media hora de Santiago. Las dos palabras de su nombre le vienen como anillo al dedo a su acampada sencillez, cuyos colores desgastados rinden tributo tanto al paso del tiempo como al campo chileno, quienes le acompañan perpetuamente. Es una casa siempre abierta a amigos, llena de plantas y colores que invitan no a la contemplación sino al uso, como actores sobre un gran escenario. Cada pieza tiene una historia, y absolutamente todo lo que hay en la casa, se usa. “No me interesa que la casa sea de catálogo, sino que la gente se sienta bienvenida, la use y participe de sus espacios. Es una casa para vivir, para celebrar”.

Tras pasear por sus largos pasillos e inusuales espacios, nos queda claro que la Reina Sur y su dueño comparten, por sobre todo, una característica medular: la generosidad.