Después de 8 meses de trabajo, el emblemático Hotel Termas de Chillán, encumbrado en plena cordillera de Ñuble, reabrió sus puertas en medio de la temporada de invierno. Quienes conocían el hotel se encontrarán una grata sorpresa: 113 habitaciones relucientes, un spa de tres pisos, la incorporación de un nuevo café, bar y restaurante completamente modernizados; todo con una decoración cuyo principal actor es la llamativa naturaleza de la zona. ICC Inmobiliaria, la empresa dueña del hotel y ligada al empresario Guillermo Harding, se propueso hacer de este lugar uno más acogedor, familiar y moderno, con espacios más íntimos y una identidad chilena única, pensada para que los visitantes puedan vivir una de las mejores experiencias de montaña que del país. El imponente bosque que rodea al hotel fue la inspiración para dar forma a su interior, que cuenta con materiales naturales, especialmente madera nativa, piedras del propio valle y cobre chileno para otorgar calidez a las áreas comunes. “Construir un diseño elemental, incorporando lo natural y abstrayéndose de sus morfologías para traer el paisaje al interior fue parte del objetivo, así como mimetizar la arquitectura con el entorno y lograr consistencia con el lugar. Fue esa la generatriz que inspiró el trabajo arquitectónico”, dice el arquitecto jefe del proyecto, Rodrigo Caldera. El interiorismo y decoración fue desarrollado simultáneamente con la arquitectura del proyecto, donde se trabajó de manera conjunta el concepto inicial. La decisión fue actuar en concordancia con la naturaleza y, además, añadir el rescate de artesanías identitarias de Chile. El conjunto le otorga al hotel una personalidad chilena cordillerana única en su clase. “Este es un hotel con denominación de origen chileno, que rescata la artesanía criolla para resignificarla con innovación y tecnologías”, finaliza Cuevas, arquitecto experto en interiorismo de hoteles y a cargo de la decoración del proyecto. 


LA VIDA ILIMITADA DEL ESCRITOR DE CULTO SAUL BELLOW

UN MONUMENTO POP DESVANECIDO. GENIAL AUTOR, TERRIBLE PADRE. MUJERIEGO DESATADO. ESPANTOSAMENTE DIVERTIDO. SAUL BELLOW SALIÓ DE UNA INFANCIA DE EXTREMA POBREZA Y DE UNA FAMILIA LOCA DE LOS AÑOS ´30 -ENTRE MAFIOSOS Y DESESPERADOS-, A ESA EPIFANÍA CONSTANTE, LA LITERATURA. “SOY ESTADOUNIDENSE NACIDO EN CHICAGO”, COMIENZA “LAS AVENTURAS DE AUGIE MARCH”, QUE LO VOLVIÓ RICO Y FAMOSO.


Texto Mili Rodríguez Villouta Foto Getty Images

La escribió a la salida de una depresión, en el lúgubre parís de la posguerra y con ella ganó el National Book Award, el primero de sus tres Book Awards. Y después llegó Herzog, la novela que se sostuvo en la lista de los más vendidos del NY Times durante 42 semanas, con 140 mil copias en tapa dura y un millón en edición de bolsillo en una sola temporada. Bellow no paró hasta el Nobel, en 1974. Y hasta los 84 años: cuando tuvo una hija y escribió Ravelstein.

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