CERCA DEL 80% DE LA INFORMACIÓN QUE NOS RODEA ESTÁ RELACIONADA CON SEXO Y SIN EMBARGO, A LA HORA DE LA ACCIÓN CARECEMOS DE CONSENSO ESCRITO EN TORNO A LA ‘ETIQUETA Y CORTESÍA AFTER-SEX’.

¿QUÉ ES ACEPTABLE Y QUÉ ES DETESTABLE? EL SECRETO ESTÁ EN LA EMPATÍA, LA DISCRECIÓN Y EN EL SENTIDO COMÚN. SE TRATA DE PEQUEÑOS GRANDES GESTOS QUE PUEDEN DESTRUIR LA MEJOR DE LAS QUÍMICAS O BIEN ASEGURAR UN PRÓXIMO ENCUENTRO DEL ÚNICO DEPORTE CON MÁS COBERTURA MEDIÁTICA QUE EL FÚTBOL.


Texto Richard Sharman Ilustración Cosima Zu Knyphausen

LOS 12 PEORES FAUX-PAS DEL AFTER SEX EN EL S. XXI

 

1. DAR LAS GRACIAS.
Un simple “gracias” hace que el sexo se transforme en favor o servicio. Por bueno que haya sido el encuentro, jamás lo agradezca (o al menos no en voz alta).

2. PREGUNTAR POR DESEMPEÑO.
La detestable pregunta de ¿cómo estuvo?
Si hace falta hacerla es porque no basta con la evidencia. Saque sus propias conclusiones al respecto.

3. TODA ACTIVIDAD TELEFÓNICA INMEDIATA.
Fatal, pero sumamente común. Ni en la mesa, ni en reunión y mucho menos en la cama. Los mil grupos de WhatsApp, el mail de la jefa, Instagram, etc. definitivamente pueden esperar. Esto es más importante.

4. LA NO-TAN-SUTIL MIRADA AL RELOJ.
“Uf qué tarde, mañana tengo que madrugar”. No lo haga. Si ese es efectivamente el caso, es lamentable, pero lo hecho está hecho: ahora aperrar y punto. Lo contrario equivale a botar a la otra persona de la cama.

5. ABANDONAR LA ESCENA.
Si bien es cierto que ciertas situaciones ameritan una salida de emergencia, lo que sí no puede hacerse es abandonar la escena sin explicación ni despedida alguna, cual ladrón. En caso de que la contraparte duerma al momento de la fuga, es imperativo dejar una nota escrita. (No, WhatsApp no cuenta).

6. ACOSTARSE Y DARLE LA ESPALDA A LA OTRA PERSONA.
No basta con permanecer en la escena. Hay sutiles conductas que son al sexo lo que el Tánax es a las hormigas, y esta es una de ellas. El lenguaje corporal íntimo es sumamente delicado, por lo que hay que manejarlo con pinzas tanto al comienzo de una relación como tras 50 años de matrimonio.

7. THE X FACTOR.
“Con mi ex hacíamos tal cosa”.
“A mi ex le gustaba tal cosa”.
“Esta es la primera vez que hago esto desde que terminé con mi ex”.
La palabra ex, al igual que el teléfono, no se toca en la cama. Tan simple como eso.

8. INSINUAR O INCITAR RANKINGS DE PERFORMANCE, EXPERIENCIA Y/O TAMAÑO.

Buscar aprobación, dentro y fuera de la cama, es otro veneno pasional. Evidencia inseguridades, a la par que inseguriza innecesariamente a la otra persona.

9. CONSEJOS DEL KAMASUTRA
En gustos no hay nada escrito y en técnicas tampoco. Hacer un review sexual es del todo detestable, en particular si nadie lo ha pedido. Esto es sexo, no entrenamiento ni lecciones del Kamasutra.

10. CORTESÍA BÁSICA
Como a cualquier otro invitado, a una contraparte sexual se le tiene que necesariamente ofrecer algo para tomar y comer sin que lo tenga que pedir.

11. PUDOR EXCESIVO
Esto trasciende el dilema de “luz prendida/ luz apagada” y se adentra en territorios de autoestima y seguridad, que son indiscutidamente un afrodisíaco universal. No se trata de ser o no ser un Adonis, sino más bien de sentirse a gusto en la propia piel y demostrarlo. Un 90% del mal sexo es producto de inseguridades autoimpuestas.

12. SALIR CORRIENDO A LA DUCHA
Meterse a la ducha inmediatamente puede tomarse como si te sintieras sucio o arrepentido de lo que hiciste. Simplemente espera un poco.

 


EL TEMA DE LA APROPIACIÓN CULTURAL, ES DECIR cuando un agente adopta características de un pueblo al cual no pertenece, en supuesto detrimento del mismo, es una caja de Pandora que, ante el escenario multicultural e individualista que enfrenta la sociedad moderna, no puede mantenerse cerrada.

El ejemplo más cercano suele ocurrir en el mundo de la moda. ¿Por qué? Porque la moda es vestuario, y el vestuario es la expresión más inmediata y evidente de una cultura. Más allá de los rituales o creencias, el fenotipo cultural de un pueblo, y por ende cómo es reconocido, es por cómo está vestido. Resulta necesario hacerse cargo de las consecuencias de la apropiación cultural, no sólo porque muchas veces se trate lisa y llanamente de plagio, sino porque además suele olvidarse el trasfondo histórico y social que arrastran ciertos elementos de vestuario y diseño, muchos de los cuales se remontan a historiales de opresión, religión o violencia, más allá de su estética marketeable.

A primera vista podría tratarse de una inocente ausencia de tacto, sin embargo tras el análisis anterior, efectivamente resulta ofensivo trivalizar elementos culturales al usarlos como un simple disfraz o accesorio decorativo que del todo subestima su génesis.

La apropiación cultural se ha visto en innumerables pasarelas a lo largo de la historia: desde diseñadores que plagian y patentan milenarios diseños indígenas, como lo hizo Isabel Marant hace un par de años con los diseños de Oaxaca; campañas publicitarias inspiradas en África en que sólo se usan modelos blancas, como la de Valentino de SS 2016 inspirada en los Masai de Africa Oriental; o el mismísimo Marc Jacobs, quien recientemente puso sobre sus pasarelas a modelos blancas con enormes nidos de dreadlocks sobre la cabeza. Pero ¿cuál es el límite entre apropiación y apreciación? Tras duras críticas, el mismísimo Jacobs se reivindicó en su última colección dándole el crédito a la cultura hip hopera como “fuente de inspiración” de sus creaciones.

Pareciera ser que utilizar elementos de otra cultura sólo es ofensivo cuando no se le atribuye su origen; cuando se “copia y calla”. Pero el tema no es tan sencillo como una cita al pie de página. Una segunda derivada indica que esta ley de “lo políticamente correcto” dista mucho de ser justa. Así como ciertas culturas se ven ofendidas y otras no, también ciertos perpetuadores son condenados y otros del todo perdonados. No pareciera haber problema en que el mundo entero se disfrace de duende para St. Patrick’s Day, pero sí se considera sacrílego que la cantante estadounidense Lana del Rey haya utilizado un capo de guerra navajo en su videoclip “Ride”.

Pareciera ser que ciertas razas pueden hacerlo y otras no, y en general suelen ser “los blancos”, vistos como los más privilegiados, quienes son también los más perjudicados. Este doble estándar necesariamente complejiza el veredicto en torno a la problemática: muchos artistas negros usan elementos de otros pueblos para su provecho, Kendrick Lamar vistiendo un qipao en su último video, Beyoncé vestida como una actriz de Bollywood en “Hymn for the weekend”, Nicki Minaj vestida de geisha, o Pharrel Williams usando un tocado tradicional indígena en la portada de Elle. ¿Dónde están los límites de la apropiación cultural cuando quienes la critican trivializan culturas ajenas a la propia? si la apropiación cultural se trata de faltar el respeto a otras creencias y culturas sean cuales sean, ¿por qué se ha perpetuado esta dualidad?

Historia, sociología y un sinfín de otras disciplinas son necesarias para llegar a culquier respuesta válida y aun así inconclusa, llevándonos a una dimensión práctica en torno al dilema cultural: ¿podemos andar pisando huevos con cada cosa que vestimos en un mundo tan globalizado e inmerso en una cultura pop pangéica como la actual? ¿Es factible esperar y exigir que cada persona, común y corriente, sepa la historia que hay tras sus argollas imponentes, sus trenzas o las tendencias que ha decidido usar esta temporada? ¿a quién le pertenece realmente la cultura? La gracia de la moda es que abre mundos y permite vivir la historia sociológica y psicológica de la raza humana, y eso no es posible sin distintas y variadas fuentes de inspiración, contemporáneas o históricas. Si bien la idea no es ir vestido de sahri por la vida o ir a La Vega con kimono, ¿por qué no hacer referencias
respetuosas en un outfit?

A grosso modo, los que pueden educar realmente acerca de la apropiación cultural y transformarla en apreciación cultural, son los que tienen mayor visibilidad: artistas, diseñadores y todo aquel que esté en la palestra y use esta misma para crear conciencia, para explicar y para homenajear a las minorías cuyas características y elementos son enriquecedores para los demás. Apreciar, no apropiar. Homenajear, no disfrazar.


(DOBLE CHECK Y AZUL)

Texto Rocío Ursic

Pasada la medianoche comienza lo que las mujeres chilenas conocemos como “la hora de los valientes”: esa mágica fracción de la noche en que la confianza y el alcohol están con happy hour.

Se anuncia sin falta con un sutil dzz-dzz de WhatsApp, porque aun con doble dosis de confianza en el cuerpo, en el 2017 pescar el teléfono e invitar a alguien a salir es un concepto del todo obsoleto. Algo que sí ha generado el flirteo textual es el análisis ex-post que las mujeres, al menos, nos damos el gusto de hacer en grupo, usualmente con copa de vino en mano. En uno de estos comadreos fue que una amiga argentina preguntó: “¿Che, que onda los chilenos y el ‘jaja’?”. Todas nos miramos con total despiste. Ni idea de qué hablaba. Ante nuestra confusión sacó el aparato del delito y abrió la conversación del galán whatsappero, justo en plena hora de la total confianza, para mostrarnos la evidencia.

“Podríamos salir mañana jaja” (doble check)

“No entiendo, ¿me está invitando a salir, o es broma?” Decía con genuina confusión apuntando a las cuatro letras de la discordia.  “¿Es algo chileno meterle el jaja a absolutamente todo?”.

Esa noche me quede reflexionando: ¿Es el jaja la muletilla textual del chileno? Me puse a revisar mi propio historial en busca de evidencia y efectivamente, ahí estaba:

“Te vi anoche jaja”

“En que estai? jaja”

“Lo pasé bien jaja”

“Quiero verte, jaja”

“Un vinito? Jaja”

“Podríamos repetirlo jaja”

“Gracias por apañar el sábado, jaja”

“Me cambiaste por otro jaja”

… y así tantísimos más.

No fue necesario mayor análisis. La evidencia me llevó de galán en galán y voilá: me quedó claro. El “jaja” no es más que el grito de guerra de una conquista acobardada, es el “parche ante la herida”. El colchoncito de simpatía que tanto nos gusta a los chilenos. Esa manía de enmascarar todo de broma: la total carencia de asertividad y crónica falta de cojones.

Felices los cobardes-vergonzosos con esta nueva era tecnológica en que la mensajería instantánea nos permite tirar la piedra y esconder la mano. Las mujeres ya no nos bancamos más la excusita nacional de la timidez como encanto viril. El chileno no es tímido, es cobarde; cobarde de caer mal, de decir NO, de hablar en serio, de rechazar y ser rechazado. Parchando todo con una dosis de falsa simpatía que se cae con el primer temblor.

Lo dije y qué. jaja.


A CONTINUACIÓN, SEIS PASOS DE BAILE PARA EVITAR A TODA COSTA.

En bailar debe primar la soltura de cuerpo y la disposición a pasarlo bien, dejando de lado la vergüenza para sentir y disfrutar el ritmo de cada canción. No obstante, hay límites para todo, y la pista de baile puede jugarnos malas pasadas cuando más vulnerables estamos: absortos en la música con unas copas encima.


Texto Richard Sharman Ilustraciones Cosima Zu Knyphausen

1. BAILAR APUNTANDO CON EL DEDO ÍNDICE (O CUALQUIER DEDO)

Los BeeGees lo hacían a la perfección, pero eso fue en 1978, y por más que esté de moda lo retro, este paso de baile no es vintage ni nada por el estilo, sino simplemente erróneo. Los deditos, los guardamos. Gracias.

2. BAILAR SOBREACTUANDO LA CANCIÓN

Si usted no culpa a la noche, a la playa, ni a la lluvia; basta con bailarlo, no hay para qué actuarlo como si de ello dependiera su vida. Eso se aplica a todo espectro de canciones que suelen volverse lamentables y vergonzosas pantomimas.

3. IR A LA BARRA CAMINANDO-BAILANDO

“Voy por un copete”. Todo bien, pero evite a toda costa la caminada-bailada: ese andar en que se aleja de su pareja con rezagos del ritmo que interrumpió.

4. BAILAR MIRÁNDOSE LOS PIES

Caída de carnet segura. Bailar mirándose los pies es ergonómicamente incómodo y además lo hace ver como de 105 años. Ojos sobre su pareja, siempre.

5. PELVIS HACIA ADELANTE:

Cada ritmo tiene su grado de sensualidad y contacto físico, pero hay hombres que con el primer reggaetón suelen catapultar la cadera hacia delante y dejarla inmóvil toda la noche. Esto no sólo se ve horrible, sino que la gran mayoría de las mujeres lo detesta, ¿y cómo culparlas?

6. HACER EL PASO RÁFAGA:

Llegó la hora de eliminar este duro-de-matar paso de baile, que por motivos ajenos a nuestra comprensión sigue vivo, haciendo apariciones espontáneas en uno que otro matrimonio. Dejemos en claro lo que nadie ha sido capaz de decir: NADIE SE VE BIEN HACIENDO ESTE PASO, por favor superémoslo.

 


UN VENTI AYAHUASCACCINO, PARA LINDSAY, SIN CREMA.

La iluminación es el objeto de conquista masiva de la nueva-nueva era, el Santo Grial del wellness, y el adjetivo más codiciado del siglo XXI. No se trata de un invento contemporáneo, sino de un concepto tan antiguo como el hombre mismo, utilizado para referirse a un entendimiento divino que va más allá de la realidad terrenal, esclareciendo la esencia misma de nuestra existencia.

En la Biblia, el Salmo 18:28 se refiere a Dios como la iluminación de un camino oscuro, quien ‘mantiene la llama encendida’, dando a entender que la solución a la oscuridad humana y a la angustia existencial a la que estamos “condenados” yace en el entendimiento divino de la teología. San Agustín de Hipona fue aun más lejos, adentrándose en la iluminación y relacionándola con un entendimiento, un saber general, no solo religioso. En sus escritos se refiere a la ignorancia como la oscuridad, y a la sabiduría como la iluminación: una mente que “sabe” es una mente iluminada, mientras que una mente ignorante permanece a oscuras. El hombre ilumina su existencia a través de la toma de consciencia, abriéndose paso entre las tinieblas del desconocimiento innato.

Hoy en día, los caminos a la iluminación son tantos como quienes la desean. La masificación de su búsqueda toma la forma de retiros de silencio, ayunos, cursos de meditación trascendental y toda clase de experiencias cuyo objeto es situar al participante en un contexto de auto-conocimiento, orgánico o inducido.

Escépticos, críticos y parodias respecto a la “moda” de la iluminación hay por montón: “La iluminación en tiempos de la Selfie”, “Cómo vivir espiritualmente” del YouTuber JP Sears, y una decena de sketches de Saturday Night Live en los que se cuestionan los motivos tras la búsqueda del hombre contemporáneo, cual polilla, de aquella luz.

Por sobre todas estas experiencias destaca la popularización del uso de Ayahuasca, una milenaria planta amazónica cuyo consumo ha aumentado explosivamente en las últimas décadas. También conocida como Yagé, la Ayahuasca es endémica de la cuenca del Amazonas, sin embargo en las últimas décadas se ha extendido por occidente, particularmente Europa y Norteamérica.

Consiste en una decocción de la liana Banisteriopsis caapi, aunque puede hacerse también con otras plantas como la Ruda Siria. El origen de su nombre se encuentra en el quechua aya, que significa cadáver, y waska, que significa liana; la Liana de los Muertos. Si bien el término Ayahuasca suele utilizarse en referencia a la planta en sí, en la mayoría de los casos se le llama así al resultado de su cocción en conjunto con otras plantas que contienen Monoamino Oxidasas (MAOI) y activan la Diemetiltriptamina (DMT) de la liana caapi.

Tras miles de años de tradición medicinal, las tribus amazónicas se enfrentan hoy a una amenaza tan poderosa y voraz como la deforestación o el calentamiento global, alimentada por el mismo némesis capitalista.

Esta vez, sin embargo, no usa chaqueta y corbata ni se esconde tras una amenazante retroexcavadora corporativa, sino que combate inocentemente desde la comodidad de una cafetería en Brooklyn, Melbourne, Portland e incluso Santiago, en bicicleta y con un MacBook Air a cuestas. La Ayahuasca es la más reciente víctima de la gentrificación cultural en la cruzada de occidente por iluminarse.

En 2014 la norteamericana Lindsay Lohan protagonizó un “docureality” de ocho capítulos titulado “LINDSAY” para el canal OWN, en el que la actriz intentaba dar vuelta su vida tras una seguidilla de adicciones e incluso una breve visita a la cárcel. “Para llegar donde estoy trabajé con un chamán y tomé Ayahuasca. Fue loquísimo. Renací, vi como mi vida entera se esclarecía ante ante mis ojos y solo entonces pude identificar las cosas que debía soltar para seguir adelante. Es la experiencia más fuerte que he tenido: recuperé las ganas de vivir, volví a sentir el fuego que había perdido. No quiero cambiar nada del lugar donde estoy, porque por primera vez en mucho tiempo soy feliz”, concluyó Lohan en el capítulo final de la serie.

A sus declaraciones se sumaron rápidamente los testimonios de otras celebridades como Sting y Chelsea Handler, igualmente entusiasmados por las propiedades alucinógenas de la cocción, generando un incremento exponencial en su demanda alrededor del planeta.

820 resultados tiene hoy la búsqueda ‘Ayahuasca’ en E-bay; mostrando desde concentrados en goteros tipo Flores de Bach, a preparados deshidratados, raíces en polvo, pipas, altares, libros, videos y hasta collares “sagrados”. El problema no son Lindsay ni Sting. Muy por el contrario, es probable que ambos hayan experimentado los efectos indudablemente esclarecedores de la Ayahuasca y quien sabe, puede que en efecto hayan vivido un antes y un después en sus vidas. El problema de fondo es la desventaja de las tradiciones indígenas al ser expuestas de golpe a una cultura voraz, regida por el derecho de propiedad y la sobre-explotación.

Para las tribus amazónicas, el problema es gravísimo, por decir lo menos. Desafortunadamente, el pronóstico de toda gentrificación cultural se desenlaza en el inevitable despliegue de una serie inocuos conceptos como la denominación de origen, las marcas registradas, la ilegalidad y la prohibición. Podrá sonar algo fatalista, pero basta reexaminar la reciente historia de la cocaína para ver las señales: Previo a la invasión española, los incas reservaban la hoja del árbol de la Coca exclusivamente para ceremonias religiosas. La conquista puso fin a esta tradición, ampliando su uso para fortalecer y controlar la mano de obra indígena e incluso exportándola Europa.

En 1884, Albert Niemann pulverizó la cocaína por primera vez, y menos de una década más tarde Freud había terminado de escribir “Über Coca” su -hoy controversial- texto académico en que defendía acérrimamente los beneficios de la cocaína como tratamiento contra la depresión y la impotencia sexual.

El siguiente paso en la gentrificación cultural de la Coca, lo tomó John Pemberton en 1886 cuando incluyó 9 milígramos de cocaína por cada vaso de su popular bebida, Coca-Cola. La masificación del estimulante llevó a su lógico abuso, hasta que en 1922 el gobierno de Estados Unidos la declaró una sustancia ilegal. No hace falta adentrarse en la subsecuente catástrofe cultural que esta prohibición desencadenó, sumiendo a millones de personas alrededor del mundo en su comercialización ilícita y generando daños irreparables a países como Colombia que hasta el día de hoy combaten sus obstinados estigmas.

A lo que se enfrenta la Ayahuasca hoy en día, pese a ser radicalmente distinta a la cocaína en cuanto a efectos y contraindicaciones, es algo tristemente similar. Aún flanquea la ilegalidad, con venta en blanco a través de sitios web, operadores turísticos y chamanes viajeros, pero si algo nos ha enseñado la historia, es que el ser humano tiende a repetir sus errores.

No sería del todo sorprendente que en cualquier minuto Starbucks nos sorprendiera con el Ayahuascaccino o que Lindsay creara su propia mezcla registrada, a la cual de seguro le iría fenomenal.


9 errores imperdonables en el vestir

En el error está el aprendizaje, y por lo mismo es que a porrazos aprendemos a caminar, andar en bicicleta, enamorarnos y también a vestirnos. La prueba del aprendizaje, sin embargo, está en la reincidencia: existen ciertos errores cuya reincidencia merece una multa, un prontuario, e incluso cadena perpetua.


El calcetín muy corto: Al vestirse formal es fundamental que jamás se vea pierna por sobre el calcetín: ni parado, ni sentado, ni de piernas cruzadas.

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Anteojos de sol…de noche: Imperdonables. A nadie lo encandila la luna y Santiago no es Jersey Shore.

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Zapato punta: El zapato en punta es al hombre lo que el alerón es al auto: inaceptable. Contra todo pronóstico, sin embargo, el zapato en punta sigue vivo, soliendo ser visto de noche, junto a otras fechorías callejeras  como los pantalones corte de bota y el imperdonable exceso de gel.

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Sandalias con calcetines: ¿Por donde partir? Sandalias con calcetines son un oxímoron visual. Si hace frío como para usar calcetines, entonces use zapatos. Si hace calor como para usar chalas, entonces no use calcetines. Sencillísimo.

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La polera “chora”: Ttambién conocida como la polera “Catador de minas”, “100% Piscolero”, FBI (Female Body Inspector), etc. Nadie necesita decirlo, nadie quiere saberlo y no es chistoso. Fin.

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El cigarro electrónico: Pese a que el cigarro hace pésimo, la gente se ve bien fumando; es un hecho estético. Vale decir, sin embargo, que esto no se aplica por ningún motivo al cigarro electrónico. No es que la gente se vea mal propiamente tal, sino más bien ridícula, que tampoco es aconsejable.

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La sobredosis del cuello en V profundo: No hay temperatura que sea capaz de justificar un cuello en V inferior al esternón. No es sexy ni atrevido, sino del todo desacertado.

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El palo de selfie: A estas alturas nadie puede juzgar las selfies, seamos sinceros. No obstante, efectivamente hay un límite que rompe el deseo, y ese límite es este siniestro artefacto.

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El abominable traje negro brillante: El traje negro brillante se roba todas las miradas por todos los motivos equivocados.  A lo lejos los optimistas atribuyen su curioso acabado a un error de planchado, pero lo cierto es que no se trata de un error, sino de un horror. Son pocas las cosas brillantes que le quedan bien al hombre y este traje definitivamente no es una de ellas.

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Ilustración Isidora Sepúlveda


TODOS PODEMOS COMETER ERRORES Y, DESAFORTUNADAMENTE, SIEMPRE EXISTIRÁN EVIDENCIAS FOTOGRÁFICAS EN NUESTRA CONTRA.

AFORTUNADAMENTE EXISTE UN DECÁLOGO NO ESCRITO DE LAS COSAS QUE SIMPLEMENTE NO PUEDEN USARSE.


LA BARBA SIN BIGOTE

La barba enmarca la cara y, en la mayoría de los hombres, bien cuidada, se ve bien. No obstante, hay aquí un binomio que más vale respetar: la barba va con el bigote, no existe por sí sola. El look Abraham Lincoln no va a volver.

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RESPETAR LAS TALLAS

Los pitillos parecen haber llegado para quedarse. A muchos les gustan, pero a muchos no les quedan bien. No hay nada de qué avergonzarse, muy por el contrario, las piernas gruesas suelen ser más atractivas que las cañuelas flacas. Lo que sí: el pitillo y otras piezas ajustadas no son para todos los cuerpos. Es clave conocer la talla de cada cual, buscar cortes adecuados, y ya.

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BASTA DE ABUSOS PERFUME Y GEL

• Todo bien con mantener el pelo, pero hay una delgada línea entre mantener y ser Johnny Bravo. En el uso de productos capilares, menos es más.

• El olfato es clave, en especial en una primera cita y más aún si fue exitosa. Los olores se impregnan, desconcentran e incluso asquean. En esto la gente es bastante quisquillosa, por lo que sugerimos evitar a toda costa el exceso de perfume: un click, dos a lo más, pero no una tina de perfume. Nuevamente, menos es más.

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EL TEMIDO POLAR

El polar debiese ser usado, como lo dice su nombre, en climas extremos: la montaña, el polo norte, cabalgando por Islandia o esperando ver la Aurora Boreal. ¿Abriga? Sí, claro que abriga, pero hay tantas otras opciones, tanto más elegantes, que también abrigan: cashmere, lana merino, alpaca, algodón, y la lista sigue. Dejemos el polar para el día que subamos el Aconcagua.

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CALZONCILLOS

Los calzoncillos dicen mucho de quien los usa. Es por eso que, no porque no se vean, pueden ser ignorados. Las mujeres coinciden que “el momento del calzoncillo” (hemos investigado) puede ser el más mata pasiones o, muy por el contrario, el matchpoint de una cita. Y ojo que lo comentan con todas sus amigas, así que piensen bien si quieren ser el hombre del bóxer ajustado de algodón, el del bóxer suelto con dibujos o el del calzoncillo de abuelo con el elástico vencido… Santiago es muy chico.

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PANTALÓN PATA DE ACORDEÓN

Los calzoncillos dicen mucho de quien los usa. Es por eso que, no porque no se vean, pueden ser ignorados. Las mujeres coinciden que “el momento del calzoncillo” (hemos investigado) puede ser el más mata pasiones o, muy por el contrario, el matchpoint de una cita. Y ojo que lo comentan con todas sus amigas, así que piensen bien si quieren ser el hombre del bóxer ajustado de algodón, el del bóxer suelto con dibujos o el del calzoncillo de abuelo con el elástico vencido… Santiago es muy chico.

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ZAPATO PUNTA CUADRADA CAFÉ

Salgamos a caminar por cualquier parte de Santiago y nos toparemos con más zapatos de punta cuadrada café que perros callejeros, otra horripilante pandemia de la que nadie quiere hablar. Aquí, la respuesta no es que sean cómodos, porque no lo son. A la hoguera.

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CROCS

No nos digan que las usan para la playa o el lago. La respuesta sigue siendo NO. Lo que alguna vez fue sinónimo de elegancia (Croc=crocodile), es ahora sinónimo del zapato más feo del mundo, que de una u otra manera ha logrado infiltrarse en las casas de millones de personas alrededor del mundo. Huyan.

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LOS ZAPATOS DE TREKKING 

CONTEXTO: palabra clave a la hora de vestirse. No se trata de borrar el sello personal de cada uno, sino de tener una pizca de tino. Los zapatos de trekking son, como bien lo dice su nombre, para hacer trekking. No para salir a bailar, ni para ir a una comida, ni para nada que no sea… trekking. Pastelero a sus pasteles, súper simple.