EL CREADOR DE IMÁGENES

“ESTOY ACOSTUMBRADO A ENMARCAR LA REALIDAD PARA CREAR IMÁGENES”, ASÍ DE NATURAL SE HA TOMADO TOM FORD SU TRAYECTO DESDE LA MODA AL CINE. CON EL ESTRENO Y LOS RECONOCIMIENTOS RECIBIDOS POR ANIMALES NOCTURNOS, SU SEGUNDO FILME, CONFIRMAMOS QUE EL EXPERIMENTO ES MÁS QUE UN CAPRICHO Y QUE ESTAMOS ANTE UN CINE DE AUTOR CUYAS MEMORABLES PELÍCULAS NO DEJAN INDIFERENTE A NADIE, MENOS AÚN A QUIENES COMPARTEN SU PASIÓN POR LA ESTÉTICA.


Texto Carlos Loyola Lobo

Corría septiembre del año pasado, y en La Semana de la Moda de Nueva York se reunían en un mismo lugar celebridades como Tom Hanks, Jon Hamm, Alicia Keys, Julianne Moore, Baz Luhrmann, Neil Patrick Harris y la inefable Anna Wintour, entre otros, citados por el mismísimo Tom Ford para presentar en un pequeñísimo salón, y a todos los mencionados vestidos de mentada gala, su colección otoño invierno. Sin embargo, la cabeza del diseñador estaba en Venecia.

Una semana más tarde presentaría en competencia su segundo largometraje, Animales nocturnos, en el Festival de Cine que se ha convertido en una de las plataformas vitales para que las películas tengan alguna chance en la temporada de premios de fin de año.

Siete años después de su celebrado debut cinematográfico con A Single Man, el diseñador y hoy director de cine de 56 años, nacido en Texas, con una carrera prometedora en Gucci e Yves Saint Laurent y con 100 tiendas de su propia marca alrededor del mundo, confiesa que el cine ha resultado ser su proyecto de diseño supremo: “dentro de una película puedes decidir la vida o la muerte de los personajes; lo que dicen y cómo lo dicen; puedes diseñar el aspecto que va a tener el ambiente, las habitaciones, los escenarios y, por supuesto, la ropa que van a llevar puesta.

Además, es un mundo que una vez filmado continúa existiendo para siempre, absolutamente imperecedero. El negocio de la moda, por otra parte, resulta demasiado efímero. Desde el momento en que diseñas algo, ese objeto recibe un valor de novedad, resulta poderoso pero a la vez fastidioso. Sin embargo, seis meses después esos zapatos ya no son lo más, es un círculo sin fin que puede resultar agotador”, ha dicho en entrevistas.

Basada en la aplaudida novela Tony and Susan del americano Austin Wright (publicada en español como “Tres Noches” por Editorial Salamandra), Ford es rápido en aclarar que libro y película son sumamente diferentes, por lo que hace hincapié en la palabra “basado”. Lo que le atrajo de la novela fue el monólogo medular articulado en torno a la venganza, como también la posibilidad de hacer una película acerca de un libro que es a su vez acerca de un manuscrito.

En una entrevista realizada por Vogue Hommes, el diseñador-director no titubeó en contestar la pregunta que todos están haciéndose: ¿es estéticamente comparable Animales nocturnos con A Single Man, su aplaudido debut cinematográfico? “Diría que lo es, e incluso que la supera”, contestó con toda seguridad y sin miedo alguno de sobreprometer.

Lo cierto es que finalmente Animales nocturnos recibió el Premio del Jurado en el Festival de Venecia. El éxito no se detuvo ahí, nominaciones a los Globos de Oro, al Bafta y una nominación a los recientes Premios Oscar cuentan entre los reconocimientos. La crítica nuevamente cayó sorprendida. Ya podríamos hablar de Tom Ford como un autor hecho y derecho, conocedor a propiedad de los mundos que habita en sus filmes. Sus creaciones cinematográficas tienen una elegancia, una decadencia y una melancolía ya reconocibles. A diferencia de A Single Man estamos ahora ante una cinta mucho más oscura y violenta, siempre basada en una obra de la literatura. Tom Ford ha vuelto a la que parece ser su mayor pasión, en la que se toma su tiempo, porque no deja la moda y ya vemos que en el cine no ha querido dar pasos en falso.

Deudor del cine de Hitchcock, David Lynch y con reminiscencias de Almodóvar, Tom Ford nuevamente nos deleita con una estética exquisita en un filme intenso y seductor, así como su personalidad y su exitoso trabajo en las pasarelas.


texto Amaro Gómez-Pablos

Estamos en guerra. A diferencia de ocasiones anteriores, esta Guerra Mundial, tercera en su tipo, no tiene la entonación de Edith Piaf, “el Gorrión de París”, quien personificó la voz de la resistencia francesa ante la ocupación nazi, ni tampoco el ritmo de la mítica melodía “I didn’t raise my child to be a soldier”, que en 1915 denunciaba la barbarie de la Primera Guerra Mundial.

Nuestra Tercera Guerra Mundial no tiene un sello musical distintivo. Podría, tal vez, ser hip hop o reggaetón, esa estridencia popera tan inmemorable como lo es permanente: un zumbido constante que ya ni sabemos distinguir, de forma muy similar a lo que nos ocurre con el conflicto mismo, que se ha vuelto una sucesión visual de bombardeos aéreos y ataques suicidas cuyo origen ya no recordamos ni entendemos, y cuyo final no vaticinamos. Un estruendoso zumbido que pese a ser global, nos sigue pareciendo remoto. Despertamos apenas de la modorra bélica cuando nos atropella un camión en Niza o asistimos a una multitudinaria procesión a favor de las riadas de refugiados (a quienes no vemos), escapando de campos de batalla (que tampoco vemos). Después, volvemos a dormir.

Pese a su aparente lejanía, el frente de la Tercera Guerra Mundial está abierto y sangra todos los días. Hay, literalmente, decenas de países involucrados con sus respectivos civiles, militares y paramilitares, pero es la asepsia tecnológica la que nos tiene confundidos: armas del siglo XXI se usan para combatir un Islam yihadista del siglo XVIII: Al Qaeda o la multinacional del terror que es hoy Estado Islámico, la organización terrorista más acaudalada de la historia, la más nutrida en adeptos y la de mayor alcance planetario.

¿Pero cuándo empezó el conflicto? ¿Fue con el desplome de las Torres Gemelas? Esa fatídica mañana del 11 de septiembre del 2001, Al Qaeda consumaba su plan: gastó cerca de 500 mil dólares en los ataques, pero el daño infligido fue muchísimo mayor. El costo de la destrucción y la posterior respuesta militar de Estados Unidos ascendió a más de tres mil millones de dólares. Es decir que por cada dólar de Al Qaeda, Estados Unidos gastó siete millones. La contabilidad es efectivamente importante porque reseña una de las características fundamentales de esta Tercera Guerra Mundial: su asimetría. Es un patrón que se repite cuando pequeños grupos de combatientes desangran a picotazos el poderío militar tradicional, fuerzas irregulares e impredecibles contra la predictibilidad de un enemigo más grande, más poderoso pero más torpe en maniobra. No se trata de aplastar a la superpotencia y su coalición, sino de mermarla desorganizadamente hasta agotarla.

Esta Tercera Guerra Mundial no tiene una frontera acotada, por lo que es inabarcable en su comprensión, predicción y contención. La artillería pesada abre fuego tanto en Siria como en Iraq, Afganistán, Libia, Nigeria, Yemen y Somalia, mientras que los atentados retumban en las calles de París, Bruselas, Estambul o Sídney. La sociedad civil en Occidente tiene, además, otro talón de Aquiles: un déficit atencional que la aburre con facilidad, por lo que los conflictos prolongados le generan la fatiga emocional propia de un público acostumbrado a la gratificación inmediata y la pronta resolución de sus problemas, ante lo cual nuevamente, se vuelve a dormir.

No existen las guerras cortas. Y el tedio occidental es una doble exigencia sobre nuestros políticos y una enorme desventaja estratégica. Como bien decía un combatiente afgano: “Occidente usa un reloj de pulsera. Nosotros un reloj de arena”. El conflicto aventaja a quien esté dispuesto a guerrear por años sin mirar el minutaje, porque esta guerra tiene tintes de guerrilla pandémica globalizada.

Abu Safiyya puede bien ser un nombre que no suscite gran reconocimiento. Fue un joven criado en Noruega, angloparlante, también conocido como Bastián Vásquez: chileno convertido al islam y escogido a conciencia por el Estado Islámico para anunciar el califato. ¿Por qué él? Para dar cuenta de la globalidad y el alcance de un movimiento capaz de nutrirse de adeptos provenientes de los lugares más recónditos del planeta. En esta Tercera Guerra Mundial la desafección de jóvenes de todas las latitudes es cantera casi inagotable de reclutamiento, munición hecha carne para quienes empeñan la vida como un arma.

El 70% de los presos en Francia son musulmanes, pero sólo el 10% del total de la población francesa profesa el islám. En Bélgica sólo un 6% reza a Alá, pero cerca del 40% de los reclusos son musulmanes. ¿Es acaso casual que hayamos visto los más crudos atentados ocurrir en París y Bruselas? ¿Pueden las ya sobre exigidas naciones de Occidente rápidamente enmendar sus políticas de inclusión social? La respuesta a esa pregunta es otra ventaja para el Estado Islámico, ya que su oficina de reclutamiento está siempre abierta y ni siquiera hay que ficharse para hacer un atentado, sino que puede hacerse desde el anonimato individual.

Las guerras asimétricas no son nuevas, pero su perfeccionamiento sí lo es. En Harvard, el profesor Iván Arreguín-Toft ha analizado 197 de ellas. Antes los más débiles no ganaban más que en un 11,8% de los conflictos, pero entre 1950 y 1998, ese porcentaje se disparó a un 55%. Es un cambio de paradigma brutal porque si antes la superioridad de fuego determinaba la victoria, hoy ya no es el caso. Estamos viviendo lo que los expertos llaman “una guerra de pleno espectro”: hay armas tradicionales de avanzada en tecnología, pero también bombas físicas, cuya sencillez es capaz de infligir el mismo daño que un tanque de última generación. De igual forma, hay propaganda en todos los campos, virtuales y reales, desde las redes sociales, al café de la esquina, y los combatientes ya no son sólo uniformados, sino principalmente civiles indetectables al ojo desnudo, cuya camaleónica apariencia ha desatado una cacería de brujas igualmente desastrosa que su origen. Así es como estamos frente a una guerra siempre latente. Con comienzo pero sin fin, sin perímetros ni parámetros… y decididamente sin lírica, porque no hay canción que logre distinguirla.



TODOS PODEMOS COMETER ERRORES Y, DESAFORTUNADAMENTE, SIEMPRE EXISTIRÁN EVIDENCIAS FOTOGRÁFICAS EN NUESTRA CONTRA.

AFORTUNADAMENTE EXISTE UN DECÁLOGO NO ESCRITO DE LAS COSAS QUE SIMPLEMENTE NO PUEDEN USARSE.


LA BARBA SIN BIGOTE

La barba enmarca la cara y, en la mayoría de los hombres, bien cuidada, se ve bien. No obstante, hay aquí un binomio que más vale respetar: la barba va con el bigote, no existe por sí sola. El look Abraham Lincoln no va a volver.

_

RESPETAR LAS TALLAS

Los pitillos parecen haber llegado para quedarse. A muchos les gustan, pero a muchos no les quedan bien. No hay nada de qué avergonzarse, muy por el contrario, las piernas gruesas suelen ser más atractivas que las cañuelas flacas. Lo que sí: el pitillo y otras piezas ajustadas no son para todos los cuerpos. Es clave conocer la talla de cada cual, buscar cortes adecuados, y ya.

_

BASTA DE ABUSOS PERFUME Y GEL

• Todo bien con mantener el pelo, pero hay una delgada línea entre mantener y ser Johnny Bravo. En el uso de productos capilares, menos es más.

• El olfato es clave, en especial en una primera cita y más aún si fue exitosa. Los olores se impregnan, desconcentran e incluso asquean. En esto la gente es bastante quisquillosa, por lo que sugerimos evitar a toda costa el exceso de perfume: un click, dos a lo más, pero no una tina de perfume. Nuevamente, menos es más.

_

EL TEMIDO POLAR

El polar debiese ser usado, como lo dice su nombre, en climas extremos: la montaña, el polo norte, cabalgando por Islandia o esperando ver la Aurora Boreal. ¿Abriga? Sí, claro que abriga, pero hay tantas otras opciones, tanto más elegantes, que también abrigan: cashmere, lana merino, alpaca, algodón, y la lista sigue. Dejemos el polar para el día que subamos el Aconcagua.

_

CALZONCILLOS

Los calzoncillos dicen mucho de quien los usa. Es por eso que, no porque no se vean, pueden ser ignorados. Las mujeres coinciden que “el momento del calzoncillo” (hemos investigado) puede ser el más mata pasiones o, muy por el contrario, el matchpoint de una cita. Y ojo que lo comentan con todas sus amigas, así que piensen bien si quieren ser el hombre del bóxer ajustado de algodón, el del bóxer suelto con dibujos o el del calzoncillo de abuelo con el elástico vencido… Santiago es muy chico.

_

PANTALÓN PATA DE ACORDEÓN

Los calzoncillos dicen mucho de quien los usa. Es por eso que, no porque no se vean, pueden ser ignorados. Las mujeres coinciden que “el momento del calzoncillo” (hemos investigado) puede ser el más mata pasiones o, muy por el contrario, el matchpoint de una cita. Y ojo que lo comentan con todas sus amigas, así que piensen bien si quieren ser el hombre del bóxer ajustado de algodón, el del bóxer suelto con dibujos o el del calzoncillo de abuelo con el elástico vencido… Santiago es muy chico.

_

ZAPATO PUNTA CUADRADA CAFÉ

Salgamos a caminar por cualquier parte de Santiago y nos toparemos con más zapatos de punta cuadrada café que perros callejeros, otra horripilante pandemia de la que nadie quiere hablar. Aquí, la respuesta no es que sean cómodos, porque no lo son. A la hoguera.

_

CROCS

No nos digan que las usan para la playa o el lago. La respuesta sigue siendo NO. Lo que alguna vez fue sinónimo de elegancia (Croc=crocodile), es ahora sinónimo del zapato más feo del mundo, que de una u otra manera ha logrado infiltrarse en las casas de millones de personas alrededor del mundo. Huyan.

_

LOS ZAPATOS DE TREKKING 

CONTEXTO: palabra clave a la hora de vestirse. No se trata de borrar el sello personal de cada uno, sino de tener una pizca de tino. Los zapatos de trekking son, como bien lo dice su nombre, para hacer trekking. No para salir a bailar, ni para ir a una comida, ni para nada que no sea… trekking. Pastelero a sus pasteles, súper simple.



Contar con cierto conocimientos financieros pareciera ser un privilegio de pocos. Y muchos son los que están entregados de alguna u otra manera a las instituciones que proveen instrumentos financieros. Esto no debiera ser así. La educación financiera trae múltiples beneficios, tanto directos como tomar buenas decisiones financieras, como indirectos como vivir una vida tranquila sin ser esclavo de las cuentas y de los créditos. La educación financiera no debiera ser un privilegio, sino que debiera ser parte de nuestro conocimiento general. Esto no sólo le hace bien a los usuarios financieros, sino también al sistema financiero. No sólo lo hace más estable, sino también lo hace más legítimo.

Es por esa visión que la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF) ha desarrollado por segundo año consecutivo “El mes de la Educación Financiera” en octubre. Y el resultado, en términos de participación y alcance de las diferentes iniciativas, superó con creces la anterior edición. Tanto en el número de entidades públicas y privadas que se hicieron parte activamente en las diferentes actividades como por el número de personas que, en diferentes modalidades, se involucraron. Por ejemplo, las actividades implementadas por la SBIF durante octubre en diferentes colegios comprendió a más de tres mil estudiantes y con un alcance nacional. Por otra parte, el corazón dentro de las múltiples actividades, que es la Feria de la Educación Financiera, fue ampliamente visitada, especialmente por jóvenes y adultos mayores. Hay interés. Hay necesidad.

Es una buena noticia que demuestra que progresivamente las personas y diferentes instituciones del mundo público y privado están tomando conciencia y asumiendo un papel activo. En el contexto de estas actividades, las personas aprovecharon de informarse, que es el primer paso para transformarse en un sujeto activo y no pasivo en sus relaciones con el sistema financiero. Y tanto organizaciones públicas como privadas están entendiendo la necesidad de coordinación frente a sus diversas acciones. El desafío es integrar los diferentes esfuerzos públicos a fin de ganar en eficiencia dadas las particulares visiones y mandatos institucionales. Para la industria, diversa también, ya que participaron bancos, cajas de compensación, cooperativas y aso-ciaciones gremiales, fue una oportunidad para relevar los distintos esfuerzos que realizan no solamente enfocada en sus clientes sino con un alcance mucho más amplio. El énfasis tiene que estar dirigido a la responsabilidad social empresarial de verdad.


LA POTESTAD SANCIONADORA DE LA ADMINISTRACIÓN junto con la potestad penal son manifestaciones del ius puniendi del Estado. Sin perjuicio de que ambos instrumentos tienen notables similitudes y convergencias, es de suma importancia distinguir con claridad sus diferencias, de manera que el Estado pueda aplicarlos en forma coordinada y complementaria.Tal como lo ha señalado el Tribunal Constitucional, los principios y garantías penales pueden aplicarse -con matices- al ámbito de la potestad sancionadora administrativa. La aplicación del derecho administrativo sancionador en materia ambiental es reciente en nuestro país. El año 2010 se modificó el marco legal institucional chileno, creando la Superintendencia del Medio Ambiente entregándole la misión de fiscalizar los principales instrumentos de gestión ambiental que contempla nuestra legislación y de castigar sus incumplimientos. Es poco el tiempo transcurrido como para sostener que exista ya una consolidación de criterios y jurisprudencia sobre los distintos aspectos relacionados con la sanción ambiental. En efecto, cuestiones tales como la determinación de las circunstancias que permiten establecer la sanción administrativa específica para cada caso, la aplicabilidad del concurso infraccional –respecto de la cual no ha habido todavía un pronunciamiento del máximo tribunal del país- o el alcance que ha de tener el estándar de fundamentación de las multas que aplica la Superintendencia, son todas materias que están viviendo un proceso natural de debate a nivel tanto doctrinario como judicial. Ahora bien, en medio de este proceso de maduración al que asistimos del derecho administrativo sancionador en materia ambiental, emerge el debate inevitable acerca de la tipificación de los delitos ambientales en Chile. Este debate debe ser conducido en forma prudente pero meticulosa con el objeto de no caer en inconsistencias o redundancias legislativas. Lo que se busca es fortalecer el marco legal e institucional ambiental en Chile, no debilitarlo. Esta Superintendencia es partidaria de la tipificación de los delitos ambientales en nuestro país. Hemos visto casos en que el desparpajo y la irreverencia de algunos titulares frente a la ley es de tal magnitud que la sanción administrativa simplemente queda corta. En ese contexto, el derecho penal ambiental debe entrar a cumplir una función. Pero dicha función debe reservarse para las conductas más graves y aplicarse cuando la tutela administrativa no resulte ser suficiente. Es decir, allí donde la sola intervención administrativa no garantiza la tutela jurídica se crea un espacio que permite y requiere de la intervención penal. Tal intervención del derecho penal debe dirigirse, por lo tanto, a aquellos casos donde se constaten efectos graves sobre el medio ambiente o la salud de las personas y donde el causante de estos efectos se resista persistentemente a cumplir con la legislación ambiental. En esos casos -de los cuales hemos conocido algunos en la Superintendencia- parece del todo apropiado aplicar el derecho penal, en su calidad de instrumento de ultima ratio. El análisis de las diferencias y similitudes, y de la complementación de ambos tipos de responsabilidades, es entonces del todo necesario y requiere un debate sereno y cuidadoso que, dando cuenta del desarrollo incipiente del derecho administrativo sancionador, nos permita definir muy claramente cuál será la frontera entre este último y el derecho penal ambiental.

Autor: Cristián Franz / Ilustración: Sebastián Ilabaca



Desde que Richard Thaler y Cass Sunstein escribieron el libro Nudge el 2008 no existía un término que pudiera describir el cambio de comportamiento a través del diseño de políticas públicas que le dieran un pequeño codazo (nudge) a la gente recordándoles, o tal vez obligándolos, inconscientemente a comportarse de una manera más adecuada para la sociedad. La gracia además de no ser obligatoria es que esta forma de cambiar el comportamiento no requería de grandes inversiones. Es por eso que es necesario investigar qué opciones resultan y logran objetivos específicos de políticas públicas más eficientes y que aumenten el bienestar de la población.

Es la nueva forma de complementar inteligentemente las regulaciones. EE.UU. e Inglaterra han implementado este nuevo enfoque de la economía del comportamiento y con muy buenos resultados. Uno de los ejemplos clásicos en esto de dar codazos para cambiar el comportamiento, es la mosca dibujada que muchos de nosotros encontramos en los urinarios especiales de hombres. Esto ha significado contar con urinarios más limpios ya que ahora estamos más preocupados de apuntarle al pequeño dibujo y no de rociar por todos lados.

Otro ejemplo, tal vez más cotidiano para todos, ha sido el de las líneas blancas en las carreteras y caminos que separan los sentidos en que van y vienen los autos. Sólo en 1921 después de múltiples choques, alguien tuvo la idea de hacer estas separaciones visuales en Inglaterra que hasta hoy perduran dada su efectividad y eficiencia. Hay por supuesto ejemplos mucho más glamorosos que estos que están relacionados con el pago a tiempo de multas, las cotizaciones no obligatorias para futuras pensiones, o el consumo óptimo diario de alimentos.

Siempre hemos asumido que los gobiernos sólo pueden cambiar el comportamiento de las personas con leyes, regulaciones y normas. Pero esta nueva forma de complementar y apoyar el cambio de comportamiento inteligentemente parece ser un camino a explorar.