Carolina Escobar

LA MEJOR RAZÓN PARA PRENDER LA TV A LAS 6 AM

NACIÓ EN SANTIAGO, CRECIÓ Y ESTUDIÓ EN CONCEPCIÓN, FUE SEGUNDA MISS CHILE CUANDO CURSABA SU ÚLTIMO AÑO EN LA UNIVERSIDAD Y, YA RECIBIDA, VIAJÓ A ATLANTA, DONDE TRABAJÓ POR DIEZ AÑOS COMO PERIODISTA EN CNN. RELAJADA Y CARISMÁTICA, DESDE 2013 QUE ESTA CONDUCTORA DE TVN HA IDO GANANDO TERRENO EN TELEVISIÓN, POSICIONÁNDOSE COMO UNO DE LOS ROSTROS MÁS IMPORTANTES DEL CANAL PÚBLICO. CAROLINA ESCOBAR ES UN PERSONAJE QUE HAY QUE TENER EN LA MIRA. 


Texto  Sofía Aldea  Foto Sebastián Utreras  

A las 6:30 AM, de lunes a viernes, se da inicio a la pauta informativa de TVN con Carolina Escobar en pantalla. Ahí, en el programa Tu mañana, informa – junto a Mauricio Bustamante- acerca de las principales noticias que hay que tener en cuenta para comenzar el día informado. Pero hace horas que esta periodista está en el ruedo: su despertador sonó a las 4:15 de la mañana, y cuando sale al aire, hace rato que ya leyó los principales medios extranjeros online, se informó de lo que publicaron los diarios nacionales y se enteró de lo que está pasando en redes sociales.

Esa conexión también es parte de su vida y de la pauta informativa del programa, en el que Escobar destaca, ante todo, la gran interacción que puede tener con el público. En el Facebook Live, junto a Iván Torres, responden en directo las preguntas de la audiencia respecto al pronóstico del clima, y revisa, con el periodista Sebastián Marchant, el tránsito en la aplicación Waze. Según Carolina, es ese contacto con la gente la gran razón por la que es periodista.

A las 13:30 vuelve a estar al aire como conductora de 24 tarde. Ahí, además de leer las principales noticias de la mañana, está encargada de la sección El Especialista Responde, donde distintos profesionales contestan las preguntas que postear la audiencia a través de las redes sociales. Es el servicio -en el que se desempeñó gran parte de los diez años que trabajó como periodista de CNN, en Atlanta- el área en la que se ha especializado durante su carrera, y uno de sus sellos como conductora de noticias. Uno que cada día toma más fuerza en la pantalla nacional.

Creciste en Concepción. ¿Cómo son tus recuerdos de infancia?
Súper, pero súper ricos. Nací en Santiago, pero nos fuimos porque a mi mamá la transfirieron por trabajo cuando yo tenía 6 años. Tengo el recuerdo de subir las cosas al auto y partir. Fue una buena experiencia, de estrechar relaciones, porque el resto de nuestra familia estaba acá, incluido mi papá. Me siento una afortunada de haber vivido la etapa escolar y universitaria en esa ciudad. La vida en provincia es espectacular.

¿Cuál sientes que es la principal diferencia de vivir en Santiago?
Vivir en capital es lo distinto. A mí no me había tocado, más allá de mis primeros seis años, vivir en una hasta que volví de Atlanta. De verdad que el ritmo de vida es diferente. Vivir en capital es vivir al cien, a mil.

Tu trabajo también tiene un ritmo acelerado.
Y yo soy así, soy a full.

¿Y no has pensado en irte a vivir fuera de Santiago para que tus hijos vivan esa experiencia? Tu trabajo también tiene un ritmo acelerado.
Hay días en que lo pienso, pero después le doy una vuelta y creo que probablemente me aburriría. Además, mi familia está en Santiago y para mí es súper importante poder recuperar todos los años que no los tuve. Cuando vivía en Atlanta, hablábamos por teléfono los fines de semana y siempre tirábamos la talla de invitarnos a almorzar, cuando evidentemente no se podía. Ahora, cuando decimos eso, sí se puede. Y eso es algo qué, después de cuatro años acá, sigo disfrutando como si fuera el primer día. No somos muchos, entonces tratamos de estar lo más juntos posible. A pesar de no tener una típica composición familiar -y a qué quizás más que un árbol, somos un grupo de arbustos- tenemos una relación increíble.

¿Cómo se compone tu familia?
Soy la mayor de cinco hermanos; tres del segundo matrimonio de mi papá y una del de mi mamá. Mi mamá es sicóloga y trabaja en un colegio y su marido es independiente. Mi papá murió en un accidente cuando yo era chica, tenía 13 años. De un minuto a otro. La viuda de mi papá es dentista y su actual marido trabaja en la industria de los pollos.

Haber perdido a tu papá tan chica probablemente te marcó.
Para un niño, perder a sus papás siempre es fuerte, y obviamente es algo que te determina. Por el hecho de no vivir con él, para mí creo que el proceso es un poco más lento que para mis hermanos, porque a ellos les faltó alguien sentado en la mesa todos los días. Eso obviamente no quita que fue súper penoso, y es un dolor que todavía compartimos. Pero también lo recordamos con todo el cariño del mundo. Mi papá pasó a ser un personaje, una presencia. Cuando alguno tiene un viaje o una semana más complicada, siempre decimos “te presto al papá para que te cuide”. Creo que en parte aprendí de esa experiencia que lo que te toca, te toca no más. Fue algo que me hizo más fuerte y me enseñó a tener la capacidad de levantarme y seguir adelante. A darle el valor que corresponde a los problemas cotidianos. Uno se vive quejando de tonteras; que el semáforo se puso en rojo cuando vas apurado, que se te echó a perder algo en la casa. Y de verdad que no vale la pena, porque realmente hay cosas mucho más complicadas en la vida.

Tienes tres hijos y has mencionado varias veces lo importante que es para ti ser mamá. ¿Cómo lo compatibilizas con tu trabajo?
Mi horario en este momento es ideal porque alcanzo a pasar las tardes con ellos. Trato de estar muy presente, lo más posible.

¿Eres culposa?
Cien por ciento, pero siento que la culpa viene de la mano con la maternidad. No me ha tocado conocer a alguna mujer  mamá que vaya liviana de culpa por la vida.

¿Y con qué culpas cargas?
Con las culpas de siempre, que principalmente tienen que ver con cuánto tiempo puedes dedicarles. Cuando me toca trabajar en un día feriado y mis hijos me preguntan por qué no voy a estar con ellos, o los fines de semana cuando tengo turno, siento algo en la guata, aunque ellos tienen súper asumido que de eso se trata mi pega y que a mí me encanta. Cuando fue el terremoto en México, me pasé toda la tarde del domingo pegada con el tema. Me resulta súper difícil sacarme la camiseta de periodista. Como que viene con uno. Pero trato de desconectarme.

¿En general estás muy conectada?
Sí, bastante. Y en todas las plataformas. Hoy día con las redes sociales el consumo informativo es enorme, lo que por un lado es maravilloso y por otro lado es casi adictivo. Me informo a través de todo: diarios, plataformas online de medios internacionales, radio y redes sociales.

¿Sufres de esa necesidad de estar conectada?
Creo que más que sufrirla, la disfruto. Como soy intensa, es rico levantarme temprano en la mañana y cuando el día está recién partiendo, ya estar súper enchufada.

PERIODISMO: SERVICIO Y NEUTRALIDAD

Participaste de Miss Chile cuando estabas terminando de estudiar periodismo. ¿No te dio miedo que te afectara el prejuicio que en este tipo de instancias se privilegia la belleza por sobre la inteligencia?
No, para nada. Lo tomé como una experiencia más. Tengo esa curiosidad propia del periodista, de querer vivir y conocer experiencias nuevas. No creo en el estereotipo de que una cara bonita no es capaz de dar una respuesta concreta, porque ese prejuicio se alimenta bastante por un sistema donde se exponen jóvenes con nula o muy poca experiencia frente a una cámara a contestar preguntas que no te permiten explayarte con una respuesta lógica, y a las que ningún líder del mundo ha logrado dar solución. Se ponen nerviosos los doctores, los expertos, los científicos y no se va a poner nerviosa una niñita de 20 años.

Otra de las experiencias que viviste fue irte a trabajar a CNN, en Atlanta, donde estuviste por 13 años. ¿Por qué decidiste volver a Chile?
Siempre estuvo esa inquietud. Y después del terremoto y del rescate de los mineros, sentí que necesitaba estar acá. Aunque suene cursi, sentía que estaba en deuda con el país, con mi gente. En ese minuto no existía ninguna posibilidad laboral que me permitiera volver, pero después de un tiempo salió la oportunidad de trabajar en el canal. Y eso que pensé que no iba a pasar nunca, pasó.

¿Pensaste que te irías por tanto tiempo?
No, jamás. Había ido a hacer la práctica profesional mientras estaba en la universidad, pero estando de practicante en CNN conocí a Diego, mi marido, y volví a Atlanta cuando terminé la carrera. Pensaba ir por un rato a ver cómo era este cuento, a ver de qué se trataba. Pero me terminé quedando trece años. Vivir afuera te da una visión del mundo que es súper rica. Te amplía la mente. Y tuve que adaptarme a culturas distintas, a nuevas maneras de interactuar.

¿Cómo sientes que cambió Chile en los 13 años que viviste afuera?
Cuando recién llegué, conocí a muchas extranjeras que estaban viviendo acá y quise hacer un sondeo con ellas. Cuando les pregunté cómo veían Chile, después de insistirles que no me iban a ofender, respondieron que lo veían esquivo, agresivo, mezquino. Y me sorprendí mucho, porque la canción no dice que somos así, dice que le damos la bienvenida al forastero. Después de escuchar su opinión salí a las calles a ver cómo éramos, pero no viví la misma experiencia que ellas, para nada. Creo que seguimos siendo un país tremendamente solidario. Por mi trabajo me ha tocado viajar por todo el país y, por ejemplo, cuando estuve en El Maule en el verano, a propósito de los incendios forestales, vi que la gente sigue siendo súper cariñosa. Todavía existe ese sentimiento de clan, de ser muy cercanos el uno con el otro. Lo que sí cambió es que ahora en las calles se ve mucha más diversidad, está lleno de extranjeros. Y me gusta. Ese es un camino que puede ser tremendamente enriquecedor si se lleva bien.

En CNN trabajaste en varios programas de servicio. ¿Cómo fue pasar de eso a la lectura de noticias?
No ha sido tan diferente, porque los noticieros en los que trabajo tienen bastante servicio también. Incluso, me permiten tener mayor relación con las personas de lo que tenía en CNN, donde no tienes contacto con el público porque es mucho más amplio y menos identificable. Al ser una señal para diferentes países, no hay una cara. Aquí, en cambio, sé a quién le estoy hablando.

El periodismo en Estados Unidos es bastante opinante, mientras que acá hay una cultura que trata de perseguir una supuesta objetividad ¿Con qué corriente te identificas tú?
Creo que a nadie le interesa lo que opino. La gente busca que le muestre los hechos para que ellos mismos puedan forjar su propia opinión. No se trata si yo estoy de acuerdo o en desacuerdo frente a un determinado tema.

A mí me interesa saber qué opinas ¿Cuál es tu postura frente al aborto?
Depende de cada uno. Mientras mayor alternativa tiene la gente, más posibilidades y más empoderamiento les estás dando. Pero creo que hay que estar en los zapatos, hay que vivirlo. Es más, es mejor que no opine al respecto.

¿Y tu postura acerca del matrimonio igualitario?
La misma historia. Por mi rol de periodista, creo que no puedo mani-festar mi opinión. En esta campaña electoral varios programas políticos, donde tra-bajan periodistas, han ido adquiriendo un tono más opinante. Y por eso es súper importante darle más cabida a las distintas declara-ciones de los candidatos para que la gente pueda conocerlos mejor y de acuerdo a eso, tener un voto lo más informado posible.

¿Hay algún entrevistado que te haya marcado?
Si bien me ha tocado entrevistar a personajes emblemáticos, y algunos de ellos súper interesantes, la verdad es que lo que más rescato es poder conversar con una mamá soltera que tiene las ganas, el ánimo y el espíritu de echarle para adelante por sacar a flote a sus niños. O poder conocer a personas como don Luis, un hombre que ha perdido la vista en un casi cien por ciento, que vende encendedores y cinturones en el centro de Santiago, a quien entrevistamos la semana pasada. Como su familia no lo acompaña, vivía de allegado en la casa de la vecina del lugar donde vende sus cosas, y conversamos con él porque le dieron un bono para poder comprar su propio departamento. Si a mí me cuentan la historia de un hombre que está perdiendo la vista, a sus 64 años, me pongo a llorar. Pero él no. Tenía, en cambio, un gran sentido del humor y una capacidad de querer salir adelante impresionante. Esos son los entrevistados que me marcan. Esas personas que tienen todo para tirarse para abajo y aún así salen adelante, probablemente quejándose mucho menos que cualquiera de nosotros. Para mí el periodismo es un tema social. Esa es mi misión en esta vida.

Te gusta rescatar las historias anónimas.
Sí, absolutamente. Son historias humanas, historias ejemplificadoras y de gran motivación. Muchas veces, cuando me levanto de mala en las maña-nas, pienso cuántas mujeres hay que no solamente se están levantando a la misma hora que yo, sino que además van a tener que andar dos horas en micro para llegar a un trabajo que no necesariamente les gusta. Y llegó ahí y es como ‘ya, córtala’.

¿Cómo ves tu carrera en el futuro?
Creo que como periodista uno nunca sabe. Si hace cinco años –ni siquiera más que eso, porque llevo cuatro años acá- me hubieran preguntado si creía que iba a estar con un noticiero diario en Chile, habría respondido que obvio que no. Pero mira dónde estoy. Nunca he sido de proyectarme mucho para adelante. Y tampoco pienso en hacer algo para que me resulte otra cosa. Soy más del día a día. Me pongo la camiseta a full, vivo a concho el presente y me enfoco en eso. Si bien me gusta tener estructuras y me apegado a ellas, no planifico. Y si planifico algo que falla y hay que armar todo de nuevo, no tengo problema. Tengo la capacidad de ir adaptándome a lo que viene.

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