Carolina del Real

STAND UP

EN ABRIL DE 2017 CAROLINA DEL REAL CONTÓ MITOS Y VERDADES SOBRE EL VIH, CÓMO ES VIVIR CON LA ENFERMEDAD Y LA REACCIÓN DE PADRES Y ADOLESCENTES POR SUS CHARLAS SOBRE EL TEMA EN DIFERENTES COLEGIOS DE CHILE. HOY, CON EL AUMENTO DE UN 96% DE CASOS CONFIRMADOS EN EL PAÍS RESPECTO AL 2010, EN REVISTA SML QUISIMOS REVIVIR SU ENTREVISTA. 


Texto Isabel Eyzaguirre Foto Maximiliano Jorquera 

Algo tiene Carolina del Real (36) que hace que sea un placer conversar con ella. Pueden ser sus grandes ojos claros que te clavan la mirada, su voz ronca, media rasposa, su capacidad de reírse de sí misma, aunque probablemente sea la honestidad y valentía con que enfrenta su vida; VIH incluido. A la edad de 29 años Carolina supo que tenía el virus, ella que estudió en colegio de niñitas bien, que no consumía drogas. Ella, que hasta ese momento había tenido tres pololos de varios años de relación con cada uno, la hija mayor, muy cuidada de sus papás, la prontamente relacionadora pública, la niña bonita que tenía un tremendo futuro.

Todo comenzó el año 2009 cuando sintió que se le agotaron las energías, tenía fiebre constantemente, picazón en los ojos que rápidamente se transformaba en una terrible conjuntivitis, una seguidilla de molestias de las que no salía y, que al poco tiempo derivaron en una feroz neumonía, que, como dice ella, fue la que le salvó la vida. Perdió la cuenta de cuántos doctores la vieron, de la cantidad de exámenes que se repitió hasta el cansancio, de las noches sin dormir esperando su diagnóstico.

Sabía que había algo peor; sospechaba del cáncer, del lupus, de cualquier cosa, menos del SIDA. “Mi entorno me quería convencer de que tenia depresión, pero como yo convivo con ella, sabía que no era eso, lo sentía diferente, me fui deprimiendo en el proceso, sentía que nadie me creía. La complicidad con mi papá siempre fue muy importante, yo lo miraba y le decía, papá esto no es depresión. El me decía lo sé, vamos a descubrir qué pasa con tu cuerpo. Me acuerdo cuando me descartaron Lupus, me enojé mucho, ‘¿qué tengo?’, gritaba, quería que alguien me dijera, es tremendo lo que tienes, pero esto es”, relata. Así, sin diagnostico peregrinó por diferentes clínicas hasta que llegó convulsionando con 40 grados de fiebre, sin saturar y con las uñas moradas a la Urgencia de la Clínica Cordillera. “No me la llevo sin saber qué tiene”, repetía su padre. Fue ahí, delante de ella que pidieron repetir la ronda de exámenes y agregaron uno que jamás le habían hecho; Test de Elisa, “para descartar un posible VIH, SIDA”, fueron las palabras del doctor. Carolina recuerda cómo se sacó la mascarilla y dijo, “papá: SIDA, no tengo”.

Al poco tiempo el resultado positivo cambió la vida no sólo de Carolina sino de la familia completa. Son pocas las cosas que recuerda; su papá al lado de ella sin apenas poder hablar, “la Carolita tiene SIDA”, le dijo a su ex mujer, que se desvaneció ahí mismo, al lado de la cama de su hija. Carolina confiesa que jamás lo imaginó. “Llevaba un año en cama sin haber tenido relaciones sexuales, con nadie. En ese momento yo encontraba que estaba casi recuperando mi virginidad”, bromea.

¿Qué pasó contigo cuando te dicen que tienes VIH, SIDA?
Cuando me dicen que sí, fue muy fuerte pero encontré la respuesta. No me tranquilizó, pero sentí que se acabó la búsqueda, la gente que me iba a dar coaching a mi cama cuando yo no quería ver a nadie, los que me rezaban y yo no soy católica, otros se enojaban, me decían “pon de tu parte, cómo vas a estar así, nos tienes agotados”; una amiga me mandó a la cresta porque ya no podía ir más a la universidad y éramos compañeras de trabajo. Dejamos de ser amigas porque yo vivía enferma y ella se aburrió. Vi todas esas imágenes. Por un lado, fue una tapada de boca para todos y para mí una respuesta.

¿Cómo fue esta noticia para tu entorno?
Fue todo muy rápido, me cambiaron de clínica, yo estaba aislada, full morfina. Mi familia estuvo conmigo, ellos sufrieron, mi hermana estaba de 7 meses de embarazo, mis hermanos siempre entraban a verme de buena cara, pero yo sé que lo pasaron mal. Todos fueron muy valientes, estaban presentes, mi papá que nunca se ha fumado un pito, me decía “disfruta la morfina, relájate”. Después con el tiempo te enteras que en la sala de espera estaba quedando la escoba.

¿El querer saber quién te lo transmitió, es inmediato?
Yo tenía la suerte que desde mi primer pololo formal, con quien estuve 5 años, hasta el último eran tres personas. Encontré necesario avisarles, ellos no podían pasar por lo mismo que yo, entonces cuando salgo de la UCI agarro el teléfono. Partí por el que era el más fácil, el primero, hablamos, me apoyó, él ya era papá, era cero necesario que se chequeara, y fue un súper apoyo. Después voy al segundo, su polola estaba recién embarazada y se habían hecho los exámenes, el se los repitió igual, pero salió negativo. Ahí supe que era el tercero. Él se hace el test cuando yo le cuento y sale positivo. Tuvo la generosidad de decirme la verdad, porque pudo decirme “no fui yo” y me deja con que alguien me está mintiendo. Me dio mucha pena, el es un tremendo tipo y de hecho, nuestra relación se terminó por mi debilidad, porque me sentía muy mal, él nunca mostró síntomas, una vez lo vi resfriado.

¿Qué relación tenías con el SIDA?
Yo lo asociaba a tener una vida sexual súper dispersa, como que fuera acumulativo, yo me veía muy fuera del grupo de riesgo. Ahora sé que el grupo de riesgo somos todos. No conocía a nadie que tuviera el virus, era algo muy lejano a mí. Tiempo después de mi diagnóstico me acordé que fui con mi papá como a los 13 años a ver a un familiar lejano a la clínica, que murió de SIDA. Me acuerdo de estar en el ascensor y decirle, “¿papá, el tiene cáncer? ¿se va a mejorar?” “No creo que lo vuelvas a ver Carolita, él tiene SIDA, una enfermedad de mierda”. Las cosas de la vida. Aún así nunca investigué.

Hoy día con todo bajo control, ¿qué es lo más difícil? ¿Lo laboral, lo social?
En el tema laboral es más evidente. En lo social nadie te dice en la cara “encuentro asqueroso lo que tienes y nunca te podré mirar de otra forma más que de amiga”. Eso es más difícil que alguien te lo diga.

¿Crees que así lo piensan?
Por supuesto. Pero no estoy cerrada al amor. Desde que me diagnosticaron he vuelto a estar en pareja, tuve un pololo cuatro años. La verdad es que me va re bien, pero yo ahora no quiero nada.

Hoy Carolina vive sola, trabaja, mantiene sus amistades y se ha realizado completamente con su Stand Up con el que recorre colegios de todo Chile contando la vida de esta niñita bien que se infecto de SIDA. Sólo al final revela que es su propia historia. Curiosamente antes del virus no sabía qué hacer; había intentado en Bachillerato de Humanidades, en Párvulos y en Relaciones Públicas, había trabajado de grazna, barwoman, promotora, en producción y en todo lo que le ofrecieran. Pero es hoy, cuando siente que su trabajo no lo cambiaría por nada. “Si hoy me llamaran de un banco y me dicen te queremos de relacionadora pública , ¡no gracias!. Mi vida es inestable económicamente pero me llena el alma y el corazón”.

¿Sientes que a raíz del VIH descubriste tu vocación?
Siempre me gustó escuchar, mis amigas en el colegio me contaban sus problemas como si yo fuera sicóloga, no sabía que tenía pasta para las comunicaciones, para hablar de corrido en TV sin ponerme nerviosa y con las charlas es lo mismo; pararme en el escenario frente a todos estos alumnos y estar en un Stand Up sin para de hablar y lograr esa conexión, esa montaña rusa de emociones y dejarlos muy revueltos, es lejos lo que más amo hacer. Les cuento mi vida, me río de mí, de mi papá, de mi hermana, de mis amigos, hablamos del primer beso, de los mejores amigos, de la importancia de cuidarlos. Son los que yo aún conservo.

¿Qué es lo principal que quieres comunicar con estas charlas?
Lo más importante es dejar claro que a todos nos puede pasar, quiero que quede claro que ellos no son inmunes a nada, cómo se tienen que proteger, qué es realmente el virus, yo les digo “yo estoy bien, tengo mi tratamiento, pero esto jode, esto se siente, no da lo mismo, yo tengo la fuerza, el tratamiento es bueno, pero no se lo doy a nadie”. “De algo hay que morirse”, me responden algunos. Si no te importa por ti, piensa en tu mamá, a alguien le va a doler. Vivir con el virus, ser fármaco dependiente, es difícil.

¿Qué preguntas te hacen los adolescentes?
Se quedan callados, mucho wow, son efectos especiales, algunos se ponen a llorar, una vez se desmayó una niñita. Yo dije “pongan ojo ahí, porque si se desmaya es por algo”, después se descubrió por qué. Hay más emociones que preguntas. Igual después me agarran solos y me dicen “yo hice tal cosa, ¿estoy en riesgo?”, o me cuentan detalles súper privados. Me escriben al fanpage con lujo de detalle todo lo que hicieron.

¿De qué colegios te llaman para hacer las charlas?
Estoy más en los colegios subvencionados, públicos y de regiones. El único que ha marcado la diferencia fue el Santiago College. He conocido colegios fantásticos de Quillota, de Angol, con unos programas de educación maravillosos, buena infraestructura, profesores comprometidos, pero finalmente hablan de que sus alumnos son vulnerables porque detrás de ellos hay familias menos informadas, algunos conviven con el alcoholismo, sin figuras paternas o maternas, etc.

¿Te has ofrecido para hacer charlas en los colegios más tradicionales de Santiago?
Cuando partí, sí. De hecho, mis amigas, que tienen a sus niños en esos colegios, me dicen, “deberías estar en todos los colegios”, pero el problema es que los papás no se ponen de acuerdo. Ponen mil excusas: “los niños no están preparados”, “no es la edad”, “una cosa es que les hablen de sexualidad y otra muy distinta es que le hablen del SIDA”, “porque a mi hija no le va a pasar, mis niñitas me cuentan todo”… esas son las respuestas. Entonces cuando me llamó el Santiago College fue genial y los alumnos fueron súper respetuosos, fueron dos charlas muy masivas, fue muy lindo.

¿Crees que en algún momento eso se va a revertir?
Espero. Esos niños están más expuestos porque se creen inmunes, yo sé con quién me junto, esa respuesta la escucho todo el tiempo. Se juntan con gente de su misma clase social, pero esto no tiene que ver con eso, no discrimina y hay mucho conservadurismo. La mayoría de los papás juran que la niñita está con el pololo de la mano y no tienen idea lo que hacen cuando salen de la casa. Son familias conservadoras, donde los adolescentes manejan plata, pero no la gastan en condones, sino que en trago, en droga o en zapatillas.

¿Te has arrepentido alguna vez de haber hecho pública tu enfermedad?
Nunca jamás. Creo que es lo más importante que he hecho en la vida, es la hija que no tuve, yo creo que es mi granito de arena al mundo, es mi hito, yo sé que mi sobrina va a recordar esto cuando yo no esté y va a estar orgullosa, y cada vez que me dicen “gracias a tu testimonio yo me atreví y me hice el examen y ahora tengo cultura de prevención”, me siento feliz. Poder ayudar a la gente que está en el piso y se vuelve a parar, es impagable la satisfacción.

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