Botswana a color

UNA VEZ AL AÑO, DESPUÉS DE 6 MESES DE SEQUÍA Y HAMBRUNA, EL PASTO REEMPLAZA AL POLVO Y BOTSWANA SE CONVIERTE EN EL PARAÍSO AFRICANO PARA TODOS LOS ANIMALES. LAS LLUVIAS EN ANGOLA Y EL RECORRIDO QUE HACE EL AGUA POR MÁS DE 5 MESES PARA TERMINAR EN EL DELTA DEL OKAVANGO, SON UN FENÓMENO TAN ÚNICO QUE EL LUGAR FUE DECLARADO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD POR LA UNESCO EN EL AÑO 2014.


Fotos y Texto Vicente García Mekis

Lo primero que memorizas son los colores, aterrizar en el dorado de la planicie africana interrumpida por los miles de canales de agua que han viajado más de mil kilómetros e inundan el territorio, Botswana se convierte en el vergel fértil para la vida animal, no hay un lugar en la tierra en donde el poder del agua quede mejor demostrado.

Desde junio hasta principios de Septiembre, son miles de animales los que emigran a este centro con el único propósito de encontrar agua, este evento trae consigo uno de los espectáculos mejor conservados para hacer safari en todo el continente, sobre todo por las políticas de conservación que ha promovido Botswana a lo largo de todo su territorio, prohibiendo la caza de animales y alimentando un turismo exigente y exclusivo, queda claro desde un principio que uno es el invitado, las manadas de animales se toman el territorio y uno se convierte en un oyente y testigo mudo de la experiencia.

El safari en Botswana se vive de manera diferente que el resto de África, su práctica se relaciona estrictamente con el agua y con la rutina de los animales en ella, es por eso mismo que el modo en el que uno presencia a los animales es siempre activo, se vuelve común ver a los elefantes tomando agua y bañándose en el barro, a los hipopótamos construyendo canales a través de los pantanos, como ingenieros que habilitan el curso del agua a través del territorio y ciento de aves que migran y hacen de este lugar su parada obligatoria para el resto del camino.

El color rosado del amanecer lo tiñe todo de una luz clara y suave, aparece el silencio después de noches interrumpidas por el sonido de los animales comiendo y, que sin duda, toma un tiempo acostumbrarse, es la mejor hora para mirar y entender en dónde uno esta, comienzan las migraciones y hay un apuro que urge a los animales antes de que el calor del mediodía inunde con amarillo la planicie.

Por las tardes, después de los safaris es común compartir las experiencias de lo visto con otros huéspedes de los Lodge, es imposible no volverse un fanático de los animales y del lugar, un interesado en entender de lo que uno es testigo, las fogatas son todo un ritual para terminar el día, los atardeceres son adictivos y como uno de los guías me dijo; “este es un lugar especial, la gente muere y nace feliz en Botswana”, puede que tenga razón, hay algo en el aire, mientras el morado del atardecer se desvanece a negro, pienso que quiero quedarme aquí para siempre.

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