EL AMANTE DE LA MASA MADRE

EL BELGA QUE HIZO SU PEQUEÑO IMPERIO CON EL MÁS PRIMITIVO Y BÁSICO DE LOS ALIMENTOS Y, A SU VEZ, EL MÁS DIFÍCIL DE HACER CORRECTAMENTE: EL PAN.


Texto Nina Mackenna Foto María Eugenia Irarrázaval

Alain Coumont (56) es atractivo, habla inglés con el esperable acento francés que lo vuelve casi una piedra Rosetta, no fuma, no consume azúcar electiva (le basta con la que viene oculta en prácticamente todos los alimentos procesados), se declara un experto en gluten y no se compra la paranoia anti-gluten que considera un gran negocio: “poner en una etiqueta de libre de gluten hoy, hace ganar plata.”

Para quienes aman el pan hecho con masa madre, cocinar a la antigua respetando los tiempos y procesos naturales, y la comida orgánica, la noticia de la apertura en Santiago de la cadena Le Pain Quotidien fue como una bendición. Hasta su primera sede en Chile, ubicada en Isidora Goyenechea y recientemente inaugurada, llegó su fundador Alain Coumont, el hombre que encarna el espíritu de este lugar de éxito mundial que partió en Bélgica en 1990 y que ya tiene más de 250 sedes repartidas en diferentes partes del mundo. Chile es el tercer país sudamericano en que se instalan, después de Brasil y Argentina.

Coumont se dio varias vueltas antes de visualizar su futuro ligado al pan. Trabajó en muchos restaurantes, aprendió de chefs llenos de estrellas Michelin, fue chef personal de millonarios y tuvo su propio restaurante en Bruselas. Fue ahí donde surgió, por necesidad y sin querer, el camino del pan. Tener buen pan para su restaurante fue el motor. De ahí en adelante todo es historia y anécdotas.

En su cadena Le Pain Quotidien no compran harina. La hacen ellos mismos, a la antigua. Tienen sus propios granos y hacen su propia mezcla.

Nos cuenta que en los últimos 40 años, el trigo ha sido alterado y modificado, y que toda esa mecanización de los procesos lo ha convertido en un grano que produce un gluten demasiado fuerte. “Con la selección y manipulación de los granos se ha creado un gluten que el organismo no es capaz de digerir bien”.

Aclara que el gluten no existe en el trigo y que es creado por el panadero cuando se mezcla la masa. Ahí se activan las proteínas glutelinas y la gliadinas con agua y se forma el temido término de moda, al que todo el mundo se está sintiendo súbitamente alérgico. “En Le Pain Quotidien usamos masa madre (proceso en que la fermentación se produce naturalmente en la masa), porque es un proceso mucho más lento que cuando se usa solo levadura envasada. El gluten entra en un estado que, para explicarlo de forma sencilla, es como que se pre digiere, se rompe. Si le sumamos que se mastique bien, el gluten se desarma y la proteína se puede digerir bien”.

 

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MERCEDES BENZ CLASE G

PARA QUIEN DISPONE DE LOS RECURSOS SUFICIENTES PARA ELEGIR EL AUTO QUE QUIERA, EL REAL Y SUPREMO TODOTERRENO CLASE G DE MERCEDES BENZ, ES LA PIEZA MÁS ALTA A LA QUE SE PUEDE ASPIRAR EN EL EMPEDRADO CAMINO DE LAS 4X4.


Epítome de lo cool, puede que haya visto pasar por Santiago algún modelo antiguo y, con mucha suerte, alguno nuevo. Sin duda le habrá quedado dando vueltas en la retina. Su forma, a estas alturas icónica, a nadie deja indiferente, dado que es todo lo que no son las SUV actuales. Clásico (su diseño ha permanecido prácticamente inalterado desde 1979), súper robusto, alto y con líneas prácticas y rectas, su carrocería y ADN no tienen otro objetivo que ofrecer las máximas capacidades en cualquier terreno.

Alabar sus propiedades off-road sería una descripción mezquina, en cuanto se trata de un modelo capaz de hacer su propio camino y avanzar sin dificultades, gracias a sus soluciones técnicas de alto alcance. Obviamente no hay muchos; su elevado costo lo hace ser un bien cuya propiedad puede ser alcanzada por muy pocos.

SU HISTORIA

Clase G viene de la palabra alemana Gelandewagen, cuyo significado es vehículo cross country. En 1972 la marca decidió que necesitaban un auto todo terreno que fuera inigualable, entonces se aplicaron en desarrollar el G Wagen. Fue finalizado en 1979.

Sus orígenes se remontan a aplicaciones militares que le dotaron de características que ningún otro auto poseía y que lo ayudaron a llegar a donde muy pocos podían hacerlo, pero con el lujo, confort y seguridad que sólo la marca Mercedes Benz podía ofrecer. Incluso llegó a ser un célebre Papamóvil.

En 1990 apareció la Clase G propiamente tal, llegando al mercado norteamericano y catapultándose rápidamente como lo mejor en su especie. Es un vehículo con un look definitivamente práctico, donde la funcionalidad y la utilidad se hacen cargo del diseño y combinan a la perfección con un interior de altas prestaciones y materiales de calidad extraordinaria.