Apropiación V/S Apreciación

El tema de la apropiación cultural, es decir cuando un agente adopta características de un pueblo al cual no pertenece, en supuesto detrimento del mismo, es una caja de Pandora que, ante el escenario multicultural e individualista que enfrenta la sociedad moderna, no puede mantenerse cerrada.

El ejemplo más cercano suele ocurrir en el mundo de la moda. ¿Por qué? Porque la moda es vestuario, y el vestuario es la expresión más inmediata y evidente de una cultura. Más allá de los rituales o creencias, el fenotipo cultural de un pueblo, y por ende cómo es reconocido, es por cómo está vestido. Resulta necesario hacerse cargo de las consecuencias de la apropiación cultural, no sólo porque muchas veces se trate lisa y llanamente de plagio, sino porque además suele olvidarse el trasfondo histórico y social que arrastran ciertos elementos de vestuario y diseño, muchos de los cuales se remontan a historiales de opresión, religión o violencia, más allá de su estética marketeable.

A primera vista podría tratarse de una inocente ausencia de tacto, sin embargo tras el análisis anterior, efectivamente resulta ofensivo trivalizar elementos culturales al usarlos como un simple disfraz o accesorio decorativo que del todo subestima su génesis.

La apropiación cultural se ha visto en innumerables pasarelas a lo largo de la historia: desde diseñadores que plagian y patentan milenarios diseños indígenas, como lo hizo Isabel Marant hace un par de años con los diseños de Oaxaca; campañas publicitarias inspiradas en África en que sólo se usan modelos blancas, como la de Valentino de SS 2016 inspirada en los Masai de Africa Oriental; o el mismísimo Marc Jacobs, quien recientemente puso sobre sus pasarelas a modelos blancas con enormes nidos de dreadlocks sobre la cabeza. Pero ¿cuál es el límite entre apropiación y apreciación? Tras duras críticas, el mismísimo Jacobs se reivindicó en su última colección dándole el crédito a la cultura hip hopera como “fuente de inspiración” de sus creaciones.

Pareciera ser que utilizar elementos de otra cultura sólo es ofensivo cuando no se le atribuye su origen; cuando se “copia y calla”. Pero el tema no es tan sencillo como una cita al pie de página. Una segunda derivada indica que esta ley de “lo políticamente correcto” dista mucho de ser justa. Así como ciertas culturas se ven ofendidas y otras no, también ciertos perpetuadores son condenados y otros del todo perdonados. No pareciera haber problema en que el mundo entero se disfrace de duende para St. Patrick’s Day, pero sí se considera sacrílego que la cantante estadounidense Lana del Rey haya utilizado un capo de guerra navajo en su videoclip “Ride”.

Pareciera ser que ciertas razas pueden hacerlo y otras no, y en general suelen ser “los blancos”, vistos como los más privilegiados, quienes son también los más perjudicados. Este doble estándar necesariamente complejiza el veredicto en torno a la problemática: muchos artistas negros usan elementos de otros pueblos para su provecho, Kendrick Lamar vistiendo un qipao en su último video, Beyoncé vestida como una actriz de Bollywood en “Hymn for the weekend”, Nicki Minaj vestida de geisha, o Pharrel Williams usando un tocado tradicional indígena en la portada de Elle. ¿Dónde están los límites de la apropiación cultural cuando quienes la critican trivializan culturas ajenas a la propia? si la apropiación cultural se trata de faltar el respeto a otras creencias y culturas sean cuales sean, ¿por qué se ha perpetuado esta dualidad?

Historia, sociología y un sinfín de otras disciplinas son necesarias para llegar a culquier respuesta válida y aun así inconclusa, llevándonos a una dimensión práctica en torno al dilema cultural: ¿podemos andar pisando huevos con cada cosa que vestimos en un mundo tan globalizado e inmerso en una cultura pop pangéica como la actual? ¿Es factible esperar y exigir que cada persona, común y corriente, sepa la historia que hay tras sus argollas imponentes, sus trenzas o las tendencias que ha decidido usar esta temporada? ¿a quién le pertenece realmente la cultura? La gracia de la moda es que abre mundos y permite vivir la historia sociológica y psicológica de la raza humana, y eso no es posible sin distintas y variadas fuentes de inspiración, contemporáneas o históricas. Si bien la idea no es ir vestido de sahri por la vida o ir a La Vega con kimono, ¿por qué no hacer referencias
respetuosas en un outfit?

A grosso modo, los que pueden educar realmente acerca de la apropiación cultural y transformarla en apreciación cultural, son los que tienen mayor visibilidad: artistas, diseñadores y todo aquel que esté en la palestra y use esta misma para crear conciencia, para explicar y para homenajear a las minorías cuyas características y elementos son enriquecedores para los demás. Apreciar, no apropiar. Homenajear, no disfrazar.

Share this post