Antonio Campos

“SOY UN DIRECTOR QUE SABE PRODUCIR”

PARA LOS AMANTES DEL CINE, UNA JOYA QUE PUEDE SER VISTA EN AMAZON PRIME VIDEO ES CHRISTINE, LA PELÍCULA DIRIGIDA POR ANTONIO CAMPOS (34) QUE LE VALIÓ EL RECONOCIMIENTO EN LOS MEDIOS INTERNACIONALES. MIENTRAS SE PREPARA PARA VOLVER A DIRIGIR ALGUNOS CAPÍTULOS DE LA SERIE THE SINNER, DESDE NUEVA YORK LE SIGUE LA PISTA AL CINE NACIONAL. A RAÍZ DE “UNA MUJER FANTÁSTICA”, DICE QUE ALGO MUY COOL ESTÁ PASANDO EN CHILE.


Basada en la historia de la periodista Christine Chubbuck -que se hizo popular tras suicidarse en televisión-, Christine fue reconocida por la impecable actuación de Rebecca Hall, pero también por el rol de su director. “Campos invita a la empatía en su retrato de una mujer al filo”, dijo sobre ella el crítico de cine de The Guardian, Nigel M. Smith.

Siempre ha tomado riesgos. Cuando estaba en tercer año de Cine en la NYU, decidió irse a París a través de un programa de residencia del Festival de Cine de Cannes. En la universidad le dijeron que si partía, no podía volver. “Pero hoy, que mis películas han tenido algún reconocimiento, estoy en la lista de graduados de la NYU”, cuenta con humor desde Nueva York.

Antonio Campos ha estado toda su vida rodeado de cámaras y famosos. Su papá, el brasilero Lucas Mendes, es un reconocido periodista y corresponsal internacional de Globo, que ha cubierto casos como Watergate, conflictos como la Revolución Sandinista y varias elecciones presidenciales. Su madre americana trabajó en cine y televisión y era manager de Xuxa y Pelé. De hecho, fue la encargada de llevarlo a Estados Unidos cuando firmó con el New York Cosmos. “Tengo recuerdos de él de cuando yo era chico, pero no son muchos. Pasábamos algún tiempo en su casa en el campo acá en Nueva York”.

Su primer trabajo profesional fue Buy It Now. Una cinta que en treinta minutos cuenta la historia de una adolescente que vendía su virginidad por Ebay. Con ella ganó el Cinefondation Award en Cannes 2005. Entonces decidió que era tiempo de largarse a hacer su primera película. Ahí tomó el riesgo de partir a París, dejando sus clases en la NYU. Una decisión de la que nunca se arrepintió. Instalado en París, compartió casa con otros cineastas: un iraní, un belga, un argentino y un chileno, Sebastián Lelio. En esos meses en Francia, Campos trabajó en Afterschool, su primera película larga para la que se inspiró en su propia experiencia del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. “El papá de mi mejor amigo murió ese día. Aunque no trata directamente ese tema, sí está inspirada en esos sentimientos y en lo que implicaba ser un adolescente en ese momento”.

A partir de ahí ha armado una carrera que va transitando entre las producciones y la dirección. Ha dirigido tres películas, ha trabajado como guionista y producido varios cortos y cintas como Martha Marcy May Marlene, que fue estrenada en Sundance y pasó también por Cannes y el Festival de Cine de Toronto. Christine, la última que dirigió, obtuvo más de veinte nominaciones y ocho premios en diferentes festivales internacionales. Su último trabajo fue la dirección de dos episodios de la aclamada serie The Sinner, con la que seguirá vinculado dirigiendo nuevos capítulos de la segunda temporada. “The Sinner, por ejemplo, es un show que pude dirigir porque la gente había visto Christine. La cadena y los creadores vieron la película y dijeron que la serie podría encajar con mi trabajo. Fue una gran experiencia en mi vida haciendo televisión, trabajando con gente maravillosa”.

¿Qué tan difícil es hacer carrera en Estados Unidos?
Es difícil ser un cineasta que hace sus propias películas y logra con ellas captar atención. He hecho películas desde que tengo 13 años y de manera más profesional desde que tengo 15. Y es difícil, muy difícil, pero de a poco se va convirtiendo en algo más fácil. Para hacer una película tienes que de verdad querer hacerla realidad y te tiene que importar, porque hay que tener convicción para conseguir que alguien te de millones de dólares para poder hacerla. El camino de cada uno es diferente. Algunos tienen éxito altiro y otros no.

¿Y cómo ha sido en tu caso?
Creo que mi carrera está en un punto medio. No tuve éxito inmediato pero tampoco ha sido tan lento. Hoy sí soy reconocido por lo que hago y te puedo decir que es difícil vivir de ser cineasta y yo lo hago, así que me siento muy afortunado. Me ha tocado trabajar con la gente que quiero trabajar, he hecho televisión y cine.

Has sido productor, guionista, director, ¿con qué te identificas más?
Soy un director que sabe producir. No soy un productor en el sentido de que me guste levantar fondos y lidiar con contratos, sino trabajar con amigos y ayudarlos a hacer sus películas. Lo que más me gusta es estar en el set con el equipo, jugando y explorando el mundo que vamos a crear a través de nuestro trabajo. Dirigir es con lo que me identifico.

¿Es un sueño para ti convertirte en un director de taquilla de Hollywood?
No tengo el sueño específico de dirigir un blockbuster, pero sí sé que quiero tener la posibilidad de hacer películas sin tener que pasar por tantas complicaciones. Quiero hacer películas o televisión y para lograr eso antes hay que tener ciertos éxitos. La gente no deja que hagas lo que quieres hacer todo el tiempo si no haces plata para ellos o no ganas premios. Quiero tener más días de rodaje, más cosas con las que jugar. Creo que Pablo Larraín, cuando estaba en el escenario de los Oscar y miró al público, dijo “vamos a estar bien por lo menos dos o tres años más”. Eso significa que se dio cuenta de que por un tiempo van a poder hacer lo que quieran hacer. Y eso es muy bueno. Es ahí donde siempre quieres estar. Pero es difícil llegar al lugar donde puedas hacer siempre lo que quieras. Primero tienes éxito y después puedes hacer lo que quieras, hasta que te va mal y tienes que empezar todo de nuevo.

De tus trabajos, ¿cuál tiene un significado especial para ti?
Cualquier película que haya dirigido ha sido importante, por el hecho de ser capaz de hacerla. Sólo he dirigido tres y han pasado alrededor de cuatro años entre una y otra. Y cada una es muy importante por razones distintas. De cierta forma, reflejan una etapa específica de mi vida. Cuando las he terminado he sentido que he crecido o soltado parte de algo con lo que estaba lidiando. Buy it now, por ejemplo, fue a Cannes y eso realmente impulsó mi carrera. Fue una película que hice sin plata, con mis amigos, y ganó el primer premio. Afterschool, mi primera película larga, no ganó mucha plata pero fue a los principales festivales de cine y fue muy importante en motivarme a seguir trabajando. También me ayudó a producir Martha Marcy May Marlene, que fue importante no solo porque ha sido de lo que más orgulloso he estado como productor, sino porque llegó a Fox Searchlight y tuvo mucha prensa. Fue un gran estreno para una película independiente. Simon Killer se estrenó en Sundance pero no tuvo grandes éxitos, la gente la conoce menos. Sí diría que desde el punto de vista de mi carrera, es una película que significó mucho para mí. Por alguna razón, yo necesitaba hacerla. Mi última película, Christine, fue la más grande. La actuación de Rebecca Hall fue muy muy potente. La gente la reconocía, y eso cambió mi carrera.

¿Qué buscas profesionalmente al explorar tantos caminos en la industria?
Creo que siempre he hecho cosas que exploran un cierto tipo de sicología y un cierto tipo de personajes. Tiendo a contar historias de este tipo de personajes. Aunque no escriba las historias, de alguna forma terminan siendo cosas en las que me involucro. Siempre quise ser un cineasta flexible y fluido, capaz de moverse de un género a otro y contar historias que se sintieran personales aunque yo no las escriba. No soy un cineasta a quien no le importe si nadie ve sus películas; sí me importa. Me importa porque eso también quiere decir que puedo hacer más cosas. No puedes hacer para siempre películas que nadie ve.

¿Lees las críticas sobre tu trabajo? ¿Te afectan?
Sí, soy curioso acerca de lo que la gente está diciendo, de sus reacciones. Hacer películas y exponerlas frente al mundo te lleva a querer saber a quién le gustan y a quién no. Pero hay que ser inteligente. Cuando leo críticas de cosas recién estrenadas soy mucho más sensible, porque pienso que van a influir en la venta de entradas o en si la gente prende o no la televisión. Y aunque te ayuda a entender qué puede estar pasando, si estoy muy sensible eso me molesta. Si ya ha pasado tiempo desde el estreno, las malas críticas no me importan. Soy muy consciente de que lo que uno hace no funciona para todos.

¿Viste Una mujer fantástica?
La vi el viernes antes de los Oscar y creo que es muy buena. Lo que Lelio transmite en todas sus películas es el tamaño de su corazón, su humanidad, revela cuánto le importan los personajes. Sebastián se interesa en la gente y en crear experiencias para el público, haciéndolos sentir empatía. Hace un trabajo tan bello, que creo que hacia donde va cinematográficamente hablando es muy emocionante. El era como un hermano mayor para mí cuando vivimos juntos y verlo ganar un premio como ese, es una locura. Me hace sentir muy orgulloso e inspirado. Él ha hecho las películas que ha querido hacer y ver que es reconocido es maravilloso. Creo que es grandioso ver a cineastas de nuestra generación subir a ese escenario o ser nominados. Lelio es la persona más buena del mundo, así que no podría estar más feliz por todo lo que le ha pasado.

¿Hay otros cineastas chilenos a los que sigas?
Sí, soy amigo de varios de ellos. Sofía (Subercaseaux), mi mujer, es chilena y es mi conexión con ellos porque edita para Sebastián Silva, a quien conocí en 2008 y me la presentó. Por eso mi conexión con el mundo del cine chileno es profunda. Realmente amo el trabajo que está saliendo de Chile y creo que es muy inspirador. Las películas de Sebastián Silva son algunas de mis favoritas, de hecho Tyrel -todavía no estrenada-, fue una de mis preferidas de este año. Creo que hay algo muy cool pasando allá, hay una energía muy buena proviniendo de Chile.

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