Ángela Restrepo

LA HISTORIA DETRÁS DEL SOFÁ

CONSCIENTE DE QUE EL SOFÁ ES EL ELEMENTO PRINCIPAL DE UNA CASA, DESDE QUE SE AVENTURÓ EN EL RUBRO HACE UN TRABAJO PERSONALIZADO CON CADA UNO DE SUS CLIENTES. GRACIAS A SU BUEN GUSTO Y A SU MODO DE TRABAJAR, ÁNGELA RESTREPO SE HA INSTALADO COMO UN REFERENTE EN EL MUNDO DE LA DECORACIÓN.


Texto Javiera Medina Payá Foto Pato Mardones 

En los primeros meses de 1999 era común ver a guardias con armas en los parques de Bogotá, Colombia. Se escuchaban los carros policiales constantemente y el miedo se sentía en todas partes. Desde su casa, Ángela Restrepo lamentaba no poder salir a jugar con sus hijos a la plaza. Tenía 30 años y “sentía pánico todo el tiempo”. Un domingo, cuando volvía de misa, su marido le contó que recién habían secuestrado a todas las personas que estaban en una iglesia en Cali. Podría haber sido ella. Podrían haber sido sus hijos. Ahí fue cuando decidió irse a vivir a otro país, y sin vuelta atrás.

Ángela (50) vive en Chile hace más de 20 años. Hoy tiene su tienda de sofás en Vitacura y siente que está en el punto más alto de su carrera. Pero el camino no fue fácil. Estudió Ingeniería Comercial en la Universidad de Los Andes de Bogotá, se casó y a los 23 años se fue a Estados Unidos. Ahí tomó cursos de historia del arte, vitrinismo y mercado de moda. Cuando volvió a Colombia tuvo a su primer hijo y empezó a trabajar en la tienda de telas de decoración de alta gama que tenían sus padres. Recién ahí descubrió a lo que se dedicaría toda su vida: le recomendó a sus padres empezar a vender sofás, ya que muchos clientes les pedían datos.

Así pusieron una franquicia de sofás hechos a medida. El cliente elegía el modelo y ellos lo importaban desde Estados Unidos. Fue un éxito y tenían más de cuatro locales, pero el contexto del país comenzó a empeorar y ya ni siquiera podían salir de la ciudad. Ángela tenía 31 años y dos hijos chicos, así que decidió abandonar para siempre su país. “Si te vas por un tiempo, al final no estás ni aquí ni allá. Decidimos irnos porque nuestros hijos estaban chicos e iban a crecer como locales del país donde fuéramos. Nosotros seremos siempre extranjeros, pero eso no nos incomoda”.

Eligieron Chile porque era el país que más les acomodaba en cuanto a forma de crianza, y también porque habían estado aquí durante tres meses por una asesoría que estaba realizando Diego Mora, su marido. “Para nosotros tomar el auto y viajar de noche era impensable. Un día estábamos buscando un campo en Curicó a las doce de la noche y la sensación de libertad, de que no nos iba a pasar nada, nos pareció increíble”. Fue esa experiencia la que la ayudó a tomar la decisión de venirse a Chile para siempre.

Luego de unos años viviendo aquí, empezó a ensamblar los sofá por su cuenta, es decir, traer desde Estados Unidos las partes, pero armarlos en su propio taller. Ese fue el comienzo de su negocio y su nueva vida. En una casa de Avenida Kennedy montó su primera tienda y en paralelo adquirió un espacio en una tienda de retail pero, contrario a lo pensado, eso no dio buenos resultados. En 2004 redimensionó su taller y solo se quedó con un espacio en una casa de Nueva Costanera. Aunque no duró mucho tiempo.

Menos es más

La invitaron a participar en el piso de diseño del Parque Arauco y, como la oferta era atractiva, aceptó. Sofá Gallery empezó a crecer y la carga era cada vez más pesada. “Terminé montada con un negocio grande sin entender cómo llegué a eso, y bueno, no era lo que quería para mi vida”. Cuenta que aunque vendía mucho, colapsó. Los problemas, el terremoto de 2010, una fusión con otra empresa que no salió bien, todo eso la llevó a decir “me salgo del negocio. No más. Se acabaron los muebles”.

Pasó un tiempo y sus clientes la llamaban, pero ella explicaba que había dejado el rubro, que no podía trabajar más en eso. Había terminado “sin un metro de tela, sin un sofá, sin nada”, pero todos le decían que se organizara, que la iban a esperar. Por otro lado, sus maestros le ofrecieron trabajar gratis un tiempo con tal de que ella pusiera su fábrica otra vez. Esa fidelidad la llevó a tomar pequeños proyectos, y se volvió a encantar.

En la entrada de su tienda, una casa iluminada y muy cómoda en la calle Carmen Fariña, no se lee Sofá Gallery. Hoy se presenta como Ángela Restrepo y ésa es su marca. En una pared del interior del lugar se lee que “para adquirir un buen sofá hace falta juicio, experiencia y filosofía”, y eso es lo que ella ha aprendido con el tiempo. Está feliz y tranquila. Atiende a sus clientes y eso es lo que quería, cercanía. “Aquí estoy, después de catorce años con altos y bajos, pero feliz en esta nueva etapa. Hoy, después de todo, lo estoy disfrutando”.

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