Amaro Gómez Pablos

“SOY CHURRO”

NO ES UNA DECLARACIÓN ESTÉTICA, SINO EL NOMBRE DE SU NUEVO EMPRENDIMIENTO, UNA PASTELERÍA ESPECIALIZADA EN LOS TRADICIONALES DULCES ESPAÑOLES. AD PORTAS DE LOS 50, EL RUBIO PERIODISTA HABLA DE LO DULCE, LO ÁCIDO Y LO AMARGO.


Por Ximena Torres Cautivo  Foto Javier Álvarez  Producción Mari Mackenna y Gerri Kimber

Es caballeroso, servicial, educado, compuesto y bien hablado. Está dispuesto a dejar su boulangerie favorita por un lugar donde yo no arriesgue una infracción, cuando le cuento que quedé mal estacionada. Camina por el lado externo de la vereda, protegiéndonos. A la antigua, como se debe. Saluda con una venia a los transeúntes de Vitacura que lo reconocen. Observándolo, resulta fácil entender que haya salido victorioso en el mítico concurso del espacio “Solteras sin compromiso”, donde se elegía al hombre ideal. Se presentó a la competencia cuando tenía 18 años y llevaba apenas dos semanas en Chile, a instancias de su padrastro, el publicista húngaro-australiano Jerry Sinclair, que le dijo que podía ser una experiencia interesante.

-Él, con su mentalidad anglosajona, me aconsejó “métete, no tienes nada que perder y mucho que ganar”. Lo hice, pero jamás imaginé que Chile iba a tener una memoria tan elefantiásica y lo iban a seguir recordando durante décadas. Gané 30 mil pesos, que en ese tiempo era mucho dinero, un televisor chiquitito a color y una cita con mi supuesta mujer ideal, según las computadoras, porque en entonces, 1985, había una especie de obsesión cibernética. Amaro Gómez Pablos (48) agrega a sus virtudes de trato un metro 86 de estatura, ojazos calipsos, una sonrisa de dientes blancos y parejos y un pelo rubio y abundante, aunque afirma, modesto, que “ya pinta canas”. Todo lo dice en ese español castizo, de resonancias arcaicas, que refuerza la idea de estar frente al príncipe azul de una película traducida. No le hacen gracia las críticas a su hablar tan castellano. Dice que es pura ignorancia, falta de mundo y algo de malaleche, aunque reconoce que en algún momento intentó hablar más neutro. “En TVN me hizo clases la mujer de Tito Noguera, Claudia Berger, pero finalmente me desahució. Dijo que no tenía remedio”, comenta, riéndose de sí mismo. Y añade que “de tanto preocuparme de cómo decía las cosas, me estaba despreocupando de las cosas que decía”.

ÉL, JULIETA Y EL PRINCIPITO

Amaro Gómez Pablos Benavides nació en Madrid. Su abuelo materno era diplomático y estaba de servicio en España con su familia. Así fue como Patricia, su mamá, conoció al periodista español Amaro Gómez Pablos Maristany, su padre, que trabajó siempre en medios escritos, como el ABC y La Vanguardia. “No sé si él influyó en mi vocación, aunque me maravilla la buena pluma que tenía. Era muy ducho con las palabras, jugaba con ellas. Por otro lado, tuve la suerte de tener un padrastro publicista, que fue como mi padre y mi mentor, muy diestro también con los mensajes. Esas influencias cruzadas, que vienen de ambos, son las que deben haber influido”, dice Amaro, quien se crió con su mamá y a los 13 años partió a Venezuela, luego a Estados Unidos y finalmente a Chile con su nueva familia, a la que se habían sumado Daniela y Rebeca, sus medias hermanas.

¿Nunca tuvo celos tu padre de tu padrastro? ¿No resintió que te refirieras a él como tu “mentor”? Mi madre, cuando se separó, tuvo la virtud y la sabiduría de nunca meterme ponzoña en la cabeza. Nada que favoreciera ningún tipo de juicio negativo sobre lo sucedido entre ellos. Yo los consideré a ambos mis modelos masculinos y conté con ellos siempre -responde Amaro y es inevitable no entrar a la acusación de violencia psicológica intrafamiliar que presentó en su contra hace un par de meses Amaya Forch, su segunda mujer y madre de Julieta (10) y Alonso (3), sus hijos. Si bien los tribunales la desestimaron y ha podido seguir viendo regularmente a los niños como hace desde su separación, producida hace tres años, el tema le cambia la expresión. Lo devasta.

“Cuesta mucho asumir la condición de padre y de hombre separado. Al principio piensas que no será posible. Cuesta, apena, duele no estar en la mañana, no tomar desayuno con ellos, no darles un beso y leerles un cuento por las noches. Por eso me parece tan importante la tuición compartida. En Chile se tiende a ver al padre sólo como un proveedor, no como un cuidador hábil. Me parece que eso es de un sexismo horrible. Es un concepto anacrónico y lesivo de la igualdad de condiciones que procuran muchas mujeres, porque al final estás encasillando al hombre en un rol que no se condice con los tiempos modernos”.

Hecha esta introducción, se desahoga contra la acusación de violencia intrafamiliar. Sostiene: “Me parece que el sistema judicial en Chile en esta materia es muy poco ecuánime. Es increíble que se pueda hacer cualquier imputación, mentir abiertamente, y no sufrir ninguna consecuencia. Yo fui afortunado, porque la acusación fue desestimada por el tribunal, pero conozco decenas de situaciones injustas en que padres pasan meses sin poder ver a sus hijos. Creo que cuando se miente en esto, se burla al sistema y se ofende a las mujeres y a los niños que de verdad padecen violencia familiar”.

No se atreve a especular qué consecuencias podrían tener estas disputas públicas entre él y su ex mujer en sus hijos. “Debo observar en el largo plazo ese efecto”, reflexiona, cabizbajo.

Desde hace un año, Amaro convive con la venezolana Marly Aponte, con quien pololeaba desde hace dos. “La conocí en una cobertura periodística en Venezuela. Ella es la encarnación de la alegría. No es modelo, pero pasa por tal, por lo guapa que es. Tiene 30 años. Pero lo mío por ella no es físico, se relaciona con la felicidad, con la alegría que ella transmite”.

Me imagino que tendrán hijos…  No -responde, definitivo. Y agrega: -Estoy feliz con los hijos que tengo. Alonso, el chiquitín, es canchero, divertido, con una gran personalidad. Julieta es una intrépida aventurera. Fuimos juntos a Marruecos en busca del avión de Antoine de Saint-Exupéry, luego de leer El Principito. Buscamos a los hombres tuareg, los nómades azules del desierto, cabalgamos en camellos, acampamos en carpa en las dunas, para preguntarles si habían oído la risa del Principito. Fue un viaje realmente maravilloso -cuenta, entusiasmado, y busca en su celular unas fotos preciosas de él y su hija sobre una duna recortados contra un atardecer en el Sahara. “Fíjate que Julieta está parada, en la misma posición que lo hacía el Principito”. No hay nada que lo entusiasme más que hablar de viajes, ojalá a destinos remotos e intocados, aventuras para las que -lamenta- probablemente le faltará vida. Un pendiente es Irian Jaya, la zona más inexplorada de Nueva Guinea, y Fidji, en un plano más idílico. Calcula que ha estado en más de 50 países. Y le gusta hacer la diferencia entre ser turista y ser  viajero. “Los primeros tienen pasaje de ida y vuelta; los segundos, nunca saben dónde terminarán”, concluye este rubio, dado a las sentencias.

¿ESPEJO O VENTANA?

¿Tienes algún rollo con la proximidad de los 50?  No, para nada. Reconozco ciertas fallas de material ad portas de los 50. Estoy más viejo; tengo mucha juventud acumulada, como decía una señora de 75. Fuera de bromas, no soy pretencioso, tampoco me interesa “alolarme”. Soy quien soy, y cuando me veo las canas, me sonrío. No soy un hombre de boto. En octubre de 2015, el anchor man de 24 Horas , el noticiero central de TVN, durante 10 años, se despidió en pantalla. Fue un momento emotivo en que a Mónica Pérez se le quebró la voz y él terminó siendo aplaudido por sus compañeros del departamento de prensa.

¿Por qué se acabó esa etapa?  Decidí renunciar porque estaba dejando de ser reportero, de salir a terreno y hacer investigación. No he sido nunca un tipo frente a un teleprompter. Hacer sólo eso me habría aburrido soberanamente. Siempre antepuse mi condición de reportero a la de conductor del noticiero, e hice cosas importantes, como el reportaje a las cárceles de Guantánamo. Eso no era una imposición contractual; era una autoexigencia. Lo que más me amargaba en el último tiempo era la falta de agenda global, internacional, del noticiero. Siento que Chile es uno de los países más ensimismados que he conocido. En fin, al cambiar la administración del canal (se refiere a cuando asumió Ricardo Solari), me empecé a sentir amarrado, sin posibilidades de desarrollo. Cuando pasa eso, no queda otra que tomar tu camino. Y eso hice. No se fue peleado, de manera que ahora mismo está en las pantallas de TVN, junto a Consuelo Saavedra, conduciendo Y tú qué harías , programa al que define como de “experimentos sociales”. Este año con su fundación 4ChangeMedia hizo una serie de seis reportajes que transmitió Canal 13 en horario prime. Labstar , se llamó, y tuvo el mérito de juntar en un capítulo al biólogo Humberto Maturana con el Dalai Lama. Una notable manera de relevar a nuestros Premios Nacionales en Ciencia, que ahora busca distribuir como material de estudio en las escuelas de Chile.

¿Cómo evalúas el actual estado de la televisión abierta?  Uf. Hoy formo parte de los que ven poco y nada de televisión abierta, la que tal cual la conocemos va directo al despeñadero. Frente a Netflix, que te saluda al despertar y te hace sugerencias de películas, documentales, series, la tele abierta te considera parte de una masa anónima y amorfa.

Y te desprecia con contenido que muchas veces es basura. Ciertamente hay una evidente subestimación de la audiencia. Yo me niego y me he negado siempre a menospreciar al público; eso lo ofende y devalúa nuestro oficio; es algo contra lo que hay que batallar. Y a eso obedece Labstar, que se convirtió en trending topic y tuvo un nada despreciable rating, pese a tratar de ciencia, de científicos.

¿Ves algún cambio de tendencia en los canales locales?  No, ninguna. Por ahora el desafío es lograr que la torta publicitaria se reparta mejor y no se la coma toda Mega. Como simple ciudadano de a pie, siento que hay un gran contenido allá afuera que la TV abierta no toca. Me refiero a ir más allá de la protesta, que es lo que vende y se muestra, y ocuparse de la propuesta. Se entusiasma hablando de “Camiseteados”, otro proyecto de su fundación que consiste en la busqueda a través de la web de chilenos extraordinarios que se la jueguen por hacer cambios sociales positivos en su comunidad. Ahora están en la fase de constatación de los méritos de los “camiseteados” propuestos, para que un jurado haga la selección definitiva. Con sus historias grabará una serie de programas inspiradores.

-Chile está sumido en un capitalismo salvaje, en una sociedad muy mercantilizada y no hay nadie promoviendo las virtudes cívicas. De eso se trata “Camiseteados”. Los chilenos se comportan siempre bajo la lógica del consumidor. Incluso cuando marchan a La Moneda, lo hacen como dirigiéndose a la oficina de reclamos de una tienda del retail, pidiendo la gratificación inmediata: la devolución de la plata, el cambio del producto, la compensación por la falla. La actitud es “el cliente siempre tiene la razón”, por lo tanto, no hay argumentos ni razones, sólo la invocación de derechos y ninguna responsabilidad.

¿Cuánta culpa le cabe en esta actitud a los medios? Esta es una cuestión que los medios no están detectando y me parece una falencia mayor. Existe mucha protesta y cero propuesta en lo que se cubre. Al mostrar sólo lo malo se cae en un espiral y en un círculo vicioso. Los medios pueden informar, pero también pueden deformar.

¿Cuánto deforma el medio a sus “rostros”? ¿Existe eso que Los Prisioneros en una canción llaman “personalidad televisiva”? La televisión es un ambiente muy competitivo. Una hoguera de vanidades. No sabes quién es quién. Es como estar en el Festival de Venecia; hay mucha máscara, pero yo nunca me distraje con eso. Yo me dedicaba a lo que me encanta hacer y no soy ambicioso. Nunca trabajé para ser el number one, sino porque me gusta. A veces la figuración pública te puede desnaturalizar, pero si no te crees el personaje, que es mi caso, no pasa nada. Yo salí del 24 Horas  y camino por la calle como uno más, con soltura y naturalidad. Nunca entendí la televisión como un espejito.

Espejito, espejito, dime quién es el más bonito, sino como una ventana. Es curioso que el programa que hicimos con Santiago Pavlovic, que ganó el premio más importante que ha logrado la televisión chilena y es lo más lindo que he hecho, se llame justamente así: 360, ventana al mundo . A sus proyectos audiovisuales, el activo Amaro acaba de sumar un emprendimiento dulce y castizo: “Soy churro”, se llama. Y es una pasteleríaheladería especializada en churros y chocolate caliente, que vio en Australia, su país favorito, y decidió copiar. “Si ellos adoptaron los churros, imagínate lo que va a pasar con nosotros”, afirma, entusiasmado, aunque la instalación del negocio no ha sido fácil. “Pese al capitalismo salvaje de Chile, su burocracia es soviética. No sabes cuánto ha tardado la otorgación de los permisos”.

¿No ha agilizado el trámite tu condición de personaje conocido? No, para nada. Yo hago la cola como cualquier otro.

Que el negocio se llame “Soy churro”, ¿es por ti?  No embromes. Ya te dije: no soy autorreferente ni egocéntrico.

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