Alberto Fuguet

DUEÑO DE SU PLANETA

QUE YA LE DA IGUAL LO QUE OPINEN DE ÉL. QUE “VHS”, SUS ÚLTIMAS MEMORIAS, LAS PENSÓ A PROPÓSITO CON PELÍCULAS “CUTRES”, BASURA, CINE B. QUE QUIERE SEGUIR CONTANDO SU BIOGRAFÍA EN PRÓXIMOS LIBROS, Y QUE SE SIENTE ORGULLOSO DE SU OBRA, PORQUE TODO LO QUE HA HECHO, TANTO EN LITERATURA COMO EN EL CINE, ES PARTE DE UN MISMO LUGAR: EL “PLANETA FUGUET”.


Texto Carlos Loyola Lobo Foto Pato Mardones Agradecimientos Hotel Luciano K

Ext. Terraza Hotel Luciano K – Atardecer 
Alberto lleva un bolso maletín de tela con correas delgadas. De esos muy hipsters. Los pantalones le quedan ajustados. Sin embargo, no hay producción previa. O al menos eso quiere parecer. Lo cierto es que no. Viene saliendo de una reunión en Penguin Random House, su casa editorial. Carga bajo el brazo una muy bonita y voluminosa edición antológica de la escritora argentina Alejandra Pizarnik. Hace calor en Santiago, la primavera está desatada, la temperatura en el iPhone marca los 32 grados. Perfectamente podría ser uno de esos días que ocurren en “Sudor”, su anterior novela.

Alberto está agotado, a poco de empezar a filmar un mediometraje para el que está revisando locaciones y audicionando a sus protagonistas. Pero nos reunimos en esta terraza con pisos de mosaico y a una cuadra de Plaza Italia para hablar de su último libro “VHS (unas memorias)”, lanzado hace dos meses y también, porqué no, para hacer un repaso por ese Planeta Fuguet, como él le llama, por sus años como escritor y cineasta, sus obsesiones, recuerdos, sus cuentas saldadas y lo que tiene pendiente.

Leyendo “VHS” podemos darnos cuenta que es un libro que dialoga y se conecta con toda tu bibliografía, tanto de ficción como de no-ficción. Es como una piedra angular. ¿Eso fue algo pensado o te resultó así?
Yo creo que los libros, una obra, no van en orden necesariamente. Se escribe en orden, porque no hay otra manera de hacerlo, porque la vida va en orden cronológico, supongo que para bien, excepto Benjamin Button, pero eventualmente los libros y las películas se van mezclando. Lo que sí pasa es que un libro se va volviendo más angular que otros.

Quizás “VHS” va a ser mucho más importante en el futuro de lo que pensábamos y, probablemente, va a ir al medio de la obra. Me pasó que cuando hice “Missing”, después yo saqué otro libro llamado “Aeropuertos”, y el libro fue muy rechazado por la crítica y ahí me di cuenta que para muchos la vida va realmente en orden y quizás no se esperaban eso.

¿Sentías que estabas escribiendo algo importante cuando estabas escribiendo “Missing”, el que ha sido tu libro más unánimemente elogiado?
No, y el libro del que más me molesta hablar es de “Missing”, justamente porque se asocia al libro más maduro, al mejor, el más difícil de escribir. Lo pasé súper bien escribiendo. Yo pensé que me iban a sacar la chucha, pero las críticas me sorprendieron. Pensé que iban a decir que era fuguetiano, que mucho Estados Unidos, que mucho inglés, que dale con que va a llover; sin embargo, fue considerado como que yo por fin era un escritor. Yo creo que fui escritor con “Sobredosis”, a lo mejor menos bueno, pero no creo que la gente cambie tanto ni madure tanto. Obviamente es distinto escribir un libro a los 20, que a los 30 o a los 40.

Una de las grandes gracias de “VHS” es recuperar ese Santiago olvidado en las salas de cine antiguas. Es una mirada nostálgica de Santiago, de una forma de ocupar el espacio público, del ritual de ver películas rotativas, de los miércoles populares y de todo eso ya perdido. ¿Hay una añoranza de ese tiempo?
Claramente hay una nostalgia. Creo que ha cambiado. No sé si añorar es la palabra, es que uno estaba obligado a salir a la calle y era más un evento social, incluso si uno iba solo, porque uno estaba obligado a salir de la casa, uno veía a gente, uno vitrineaba, era parte de un paseo. El cine era como el carrete de los nerds, y si bien yo no vivía tan lejos del centro, para mi ir al centro era un paseo. Yo, en parte de“VHS”, vivía en Ricardo Matte Pérez, en Salvador con Rancagua, entonces a veces iba a pie, otras en micro. El centro tenía su onda.

¿Es posible entender “VHS” como el cierre de una trilogía que coincide con tu “salida del clóset” y que empieza con “No ficción”, sigue con “Sudor” y que termina acá?
¿Qué significa salir del clóset? ¿literariamente? ¿mediáticamente? ¿sexualmente? Yo te podría decir que los tres libros arman un paquete, no tengo tan claro cuál es, pero te podría decir que los tres son homoeróticos, pero que dialogan súper bien con otros libros míos también. “Sudor” se escapa un poco, quizás sea el libro menos mío, o a lo mejor está adelantando cosas que voy a escribir después. Por otro lado, “VHS” conversa súper bien con “Las películas de mi vida”, aunque “VHS” está en clave gay. Para mi lo gay va por el lado de la testosterona, que los lazos y los cariños sean entre hombres, en mundos que habiten pocas mujeres. Y en ese sentido me alegro haber hecho una carrera literaria y también cinematográfica, donde nada se haya escapado de este planeta personal, y creo que yo tenía planeado ese planeta desde “Por favor, rebobinar”.

Con todo el prejuicio que dices que siempre se ha tenido sobre ti, ¿Te costó mucho pararte en el ambiente literario chileno y decir “esto es lo que soy”?
Claro. A ver, si tú me preguntas si me costó decir que era gay públicamente, nada. Si me costó decir que yo era el escritor de “Mala Onda”, claro que sí. Mi rollo nunca ha sido sexual, mi rollo ha sido mediático, de odio, de no sentirme querido ni tomado en cuenta. Todas cosas que las he superado, pero en un momento me costó tener la piel dura. Lo que ocurrió con “Mala Onda” fue tremendo. Cosas que me da lata recordar, sentimientos súper pencas, a pesar de que vendí 40 mil ejemplares, pero que yo no se lo deseo a nadie. Y pienso escribir un libro sobre ese tema. Además, en el Chile de esa época uno tenía que definirse. Sexualmente no, porque no había más que ser zorrón, pero políticamente era ser de izquierdao derecha, en cine te tenía que gustar Fassbinder y Godard y no Spielberg. A mí me ha provocado más rollo adherir a Spielberg que ser gay, porque a través de esas cosas te sentías o no aceptado. La decisión más difícil que yo he tomado y de la que no me arrepiento, aunque la dudé por muchos años, fue por qué me quedé acá en este país, por qué escribo en este idioma infecto y que ahora no considero infecto. Me pasaba que Esquire se escribe en inglés, GQ se escribe en inglés, Tarantino se hace en inglés, todas las canciones están en inglés, entonces una de las cosas por las que quise escribir “Sudor” es porque sentí que no había un libro escrito sexualmente usando el español para que fuera horny. Entonces, a partir de libros como “The time of my life” de Hadley Freeman, que habla sobre películas de los ochenta y que habla del cineasta John Hughes como en un capítulo de “VHS”, sentí que siempre he habitado en un planeta que no es solamente Chile y en ese sentido me hace sentirme un outsider. Ahora ser outsider es súper bueno para ser escritor y para ser creativo.

Cuando miras tu biblioteca y te paseas por los lomos de tus libros ¿Te sientes orgulloso de tu obra?
Me siento orgulloso de lo que he hecho. Para citar un cliché: I did it my way. O sea, apoyando a los críticos y al pelambre y al odio, me parece que está bien. Siento que la crítica y el pelambre que es parte de la crítica, está bien que exista, porque de alguna manera es como boxear y parte de la labor de un escritor o un artista es mantenerse en pie. A la larga, creo que un boxeador se hace, que no te peguen, que no te knockeen. Entonces cuando veo mi biblioteca con mis libros, siento que pude haber tirado la toalla y no la tiré, eso me da orgullo. Y que he escrito libros que yo he querido y me los han publicado y se han traducido algunos y que han funcionado. No terminé escribiendo libros de historia, ni me tuve que ir a hacer teleseries.

En tus últimos libros se te lee desprejuiciado, explícito, directo, sin temores, poco dado al eufemismo, y desde ahí quizás más auténtico, verdadero ¿Es algo que responde a los años o a un proceso creativo?
Creo que es una opción más estética que ética, y lo de desatado tiene que ver con que ya no me da vergüenza el “Planeta Fuguet” ni narrar como lo hago, tiene que ver con la edad y con tener ya una cierta obra. Yo creo que cuando somos más chicos uno cree que el arte es más importante y te va a salvar. Hoy me doy cuenta que la vida y el mundo se arma con otras cosas también, que el arte ya no es todo.

Uno antes también era más cauto de no ofender a nadie, y creo que a partir de “Missing” ya me da lo mismo lo que la gente opine de mí a nivel estético. Porque sobre lo que opinan de mí lo he sabido toda la vida: me han tratado de cuico, de gringo, de maraco, de light, desde antes de publicar y ya no tengo rollo con eso.

¿Lees autores de la llamada “literatura gay”? ¿Cuáles libros o autores habría que leer o seguir, tanto nacionales como extranjeros? 
A mi me interesa mucho la literatura “de clóset” por así decirlo, las grandes obras han ido por ahí, me interesa mucho Christopher Isherwood, pero de él me interesa mucho más “Historias de Berlín”, que fue la base de la película Cabaret, que “A Single Man”, por ejemplo. Me gusta mucho E. M. Forster y ahí me gusta más “Una Habitación con Vista” o “Howard’s End” que “Maurice”, que es su obra más gay. Me gusta mucho Edmund White, que es mucho mejor como cronista que novelista y tiene un libro increíble que se llama “State of Desire”, donde hace un recorrido sexual por Estados Unidos, pre Grindr, pre todo. De David Leavitt me gusta el primero, “Un lugar en el que nunca he estado” y sus cuentos. En Chile, creo que José Donoso es inevitable, me interesa Jorge Marchant Lazcano.  Pero la literatura gay, así con etiqueta, es un concepto que se diluye y es poco precisa. “La Beatriz Ovalle” de Marchant Lazcano no es en esencia una novela gay, pero en el fondo sí lo es. Sin embargo, mi mamá en los 80’s no la leyó con esos ojos. Yo lo pasé muy bien leyéndola, es muy del estilo Manuel Puig y me muero de ganas de leerla de nuevo, pero ojalá no sea leída como camp y sí con el valor que tiene.

¿Te sientes más cómodo escribiendo libros o dirigiendo películas?
Escribiendo. Lo que me molesta de dirigir es que uno lucha contra los tiempos, contra las energías. O sea, si uno no tiene ganas de escribir, no escribe. Dirigir es súper íntimo y súper personal, es colectivo, pero a la larga yo gano. Ayer estuve ensayando tres horas y al final la meta es que los actores terminen haciendo cosas que yo quiero que hagan o digan cosas de la manera que quiero que las digan, entonces no es tan colaborativo como se podría creer. Son cosas distintas, aunque se parecen muchísimo y creo que para ser escritor, no soy mal cineasta. Y a la larga siento que es mi planeta, que mis películas se parecen a mis libros, todo se relaciona, los actores, los mundos, el relato.

Estás preparando “Cola de mono”, un mediometraje que podría ser la extensión audiovisual de “VHS” ¿Cómo ocurre esa idea? ¿Dónde tienes pensado mostrarlo y para cuándo se podría ver?
Era una idea que aparecía en “VHS” y mi editor Vicente Undurraga me la hizo sacar porque este era un libro súper literario y no correspondía meter un guión. “Cola de mono” es un mediometraje, obviamente que quiero mostrarlo pero hay que ver cómo. Aprendí con “Invierno” que el cine ya no es un lugar para mostrarlo, quizás más allá de hacer una fiesta, algunas presentaciones raras o subirlo a la red, quizás se puede mostrar en festivales, pero sí quiero mostrarlo. Pero más allá del terror o la sangre que se va a ver, es una historia sobre la represión. Es una película política también, es sobre la idea de que Pinochet no era el único represor que hubo en los 80’s y que la única represión que hubo en Chile no fue sólo la política, que es algo que está bien captado en un libro de Jorge Marchant Lazcano, de ahí se me ocurrió la idea de “Cola de mono”. Y bueno, el guión lo tenía listo hace algunos años y ahora estoy viendo locaciones y haciendo castings y vamos a filmar en un par de semanas más.

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