Alan Faena

EL EMPRESARIO ARGENTINO QUE REDEFINIO EL LUJO Y CONQUISTO MIAMI

“TAREA, LABOR U OCUPACIÓN POR LLEVARSE A CABO. PROVENIENTE DEL LATÍN ‘FACIENDA’: “COSAS POR HACER”. ESA ES LA DEFINICIÓN DE LA PALABRA QUE LLEVA POR APELLIDO ALAN FAENA, EL EMPRESARIO ARGENTINO QUE SE ROBA LOS SUSPIROS DEL MUNDO ENTERO TRAS LEVANTAR NO UN EDIFICIO, SINO TODO UN BARRIO EN MIAMI BEACH, CATALIZANDO UN MOVIMIENTO QUE TERMINÓ POR CONSAGRAR A LA LLAMADA CAPITAL DE LATINOAMÉRICA COMO UN POLO CULTURAL DEL CALIBRE DE VENECIA O BERLÍN.

PENSAR, CREAR, CONSTELAR, PERO ADEMÁS CONCRETAR: LAS IDEAS DE ESTE PORTEÑO NO QUEDAN EN GRANDILOCUENTES PROYECTOS SIN EJECUCIÓN, SINO QUE, CONTRA VIENTO Y MAREA, CRISIS O BONANZA, SE HACEN REALIDAD DE LA FORMA MÁS ESPECTACULARMENTE IMAGINABLE. REY MIDAS, VISIONARIO, GENIO. EN FIN; ES FÁCIL TIRARLE FLORES, PORQUE EFECTIVAMENTE LLEVA EL APELLIDO BIEN PUESTO, UN HOMBRE DE MUCHOS VERBOS, PERO FINALMENTE MOVIDO POR EL SIMPLE HECHO DE “HACER”.


Texto Richard Sharman Fotos Archivo Alan Faena

De mirada penstiva y cejas expresivas, vestido íntegramente de blanco y con su característico sombrero sobre la cabeza, a los 53 años la figura de Alan Faena es una que inspira no sólo admiración, sino innegable intriga. Le han llamado el Gran Gatsby Latino, y efectivamente parece serlo: cómodamente extravagante, extrañamente lumínico. Una especie de mito que se pasea con merecida autoridad por las calles de las ciudades donde ha desplegado su imperio.

La historia de su éxito no es reciente. A los 18 años fundó ‘Via Vai’ junto a su socia creativa y ex mujer, Paula Cahen D’Anvers. La marca de ropa fue una de las primeras de la Argentina post dictadura, y en poco tiempo se consagró como un clásico en todo el país, definiendo gran parte de lo que sería una de las industrias de moda más fuertes del continente. Tras recorrer los titulares de cuanta revista trasandina paparazzi existe, en el año 2002 transformó la cara de Buenos Aires cuando comenzó la construcción del Faena Art District en el alicaído barrio de Puerto Madero, hoy uno de los más exclusivos spots de la capital argentina.

Más que un simple hotel, lo que Alan se traía entre manos era todo un universo, calles incluidas: un oasis de tecnología, arquitectura sostenible, naturaleza, arte y creatividad distribuido en cinco complejos residenciales (The Aleph, Los Molinos, El Porteño, La Porteña I y La Porteña II), el Faena Arts Center, y el magnífco Faena Hotel + Universe.

Tras este hit inmobiliario, a fines de 2015 revolucionó South Beach junto a su socio ucraniano Len Blavatnik, inaugurando un barrio de siete manzanas distribuidas sobre la tradicional Collins Avenue entre la 32 y la 36. El Faena District Miami está integrado por seis complejos: Faena House, un condominio de 18 pisos con diseño de Foster+Partners; el Faena Art, una organización dedicada a las artes y la cultura; el Faena Forum, espacio para el arte y la cultura; el Faena Versailles, dos torres residenciales contiguas; Casa Claridge’s, una exclusiva casa junto a la playa; y Faena Bazaar, un espacio de compras ad-hoc al paraíso del retail en que se emplaza.

Faena, Faena, Faena, Faena, Faena. Todo parece llevar su nombre en una ciudad cuyo único apellido lo lleva justamente la tradicional Collins Avenue, bautizada así en honor a su fundador. Además del Faena District, el único otro barrio de Miami con, por así decirlo, “denominación de origen”, es el Art Deco District. Y es que efectivamente Faena ya resuena como muchísimo más que un apellido o un hotel, consagrándose como una filosofía y forma de vivir.

¿Te consideras un hotelero?
En absoluto. Soy un constructor de comunidades. La hotelería es parte de un todo mucho más amplio. El objetivo tras cada uno de mis proyectos es generar no sólo una infraestructura material, sino además dotarla de contenido que enriquezca la vida tanto de quienes lo utilicen directamente como de todos a quienes rodea. Pensar en un proyecto inmobiliario como una obra finita y exclusiva de sus propietarios, es una mirada cortoplacista y absolutamente egoísta. Estos proyectos transforman las ciudades y por lo tanto a las personas. Depende de uno, como gestor, que esa transformación sea para bien y no para mal.

En Chile, lamentablemente, nos enfrentamos a desarrolladores inmobiliarios que no miden el impacto de sus obras sobre la comunidad, y efectivamente quien sufre es la ciudad y sus habitantes.
Son cosas distintas, tampoco soy desarrollador inmobiliario. Un desarrollador, a secas, y con sus razones propias, busca simplemente el beneficio en cada proyecto en que se involucra. Nosotros buscamos la transformación comunitaria en cada ciudad donde Faena aterriza, eso es lo que nos mueve. Por nuestro nivel de excelencia, pero también por nuestra mirada radicalmente distinta a la de otras compañías, nuestros proyectos se convierten, sin falta, en los más exitosos de la ciudad. Estos resultados vienen porque encaramos las problemáticas de manera distinta, y en mi opinión el encare lo es todo. El desarrollador inmobiliario típicamente tiende a la repetición, y si me preguntan a mí, en la repetición se pierden las utilidades. Es en la creación, que al proponer un nuevo punto de vista tiene mucho más riesgo, donde está la utilidad mayor. Play big, win big. En Buenos Aires proyectar algo en un lugar descampado como lo era Puerto Madero, parecía absurdo. La ciudad crecía hacia el norte, y esto quedaba hacia el sur. Seguir hacia el norte habría sido caer en la repetición, en el huir del riesgo, y te aseguro que habría generado pérdidas. Lo que planteamos nosotros, según todo el mundo “una locura”, fue hacer todo: desde edificios, a calles y árboles, que tampoco habían. ¿Riesgoso? MUY, pero el resultado meramente tangible de lo que generó ese riesgo, es que el metro cuadrado más caro de la ciudad, está hoy en Puerto Madero.

En cuanto al hotel mismo, pensar en competir con el Alvear y con la tradición que caracterizaba al mercado hospitalario porteño, era también otra idea aparentemente “absurda”. Riesgos, riesgos, riesgos. Pensar distinto tiene más riesgo y requiere de más huevos, pero una vez que lo haces, y si es que no corrompes en lo más mínimo la excelencia de la ejecución, las cosas andan.

El éxito de Faena responde también a nuevos mercados y nuevas generaciones. ¿Cómo es el proceso de constante adaptación a este escenario?
La gente busca, en mercados saturados, propuestas interesantes de dinamismo constante. No buscan una misma experiencia perpetua, sino algo que mantenga la excelencia pero que esté vivo, que proponga, que potencie. Nunca tuvimos que, por ser nuevos, poner ofertas ni bajar nuestros precios. Todo lo contrario. Al estar conscientes de que nuestra propuesta de valor era justamente el ser interesantes, pensantes y vanguardistas -pero además excelentes- pudimos mantener los precios más caros y lograr que la gente quisiera quedarse en nuestro hotel como parte de su experiencia en la ciudad. No buscamos ser un oasis que contradiga la esencia del lugar donde nos emplazamos, sino acompasarnos a su identidad y realzarla de forma genuina: estar en Faena es estar en Miami, es estar en Buenos Aires.

Lo más importante es entender que esto no es una fachada de genialidad que realmente funciona igual que todo lo demás. No. Esto no es cualquier compañía y por eso el éxito tampoco ha sido cualquiera.

En Miami, Faena House rompió los records históricos de venta de todo el estado de Florida. ¿Qué se siente ser del sur y dar cátedra en el norte? ¿Llevas tu latitud a cuestas?
Llevo toda la región a cuestas. Me encanta ser el primer proyecto latinoamericano que llega con bombo y platillo del sur al norte, y siento que el norte efectivamente necesita más voces y talentos del sur. En mi opinión, Latinoamérica tiene uno de los acerbos de talento más grandes del mundo. Tiene mentes capaces de superar la adversidad, adaptarse al cambio y crear a como dé lugar. Esa es una de nuestras grandes riquezas como región. El problema es que efectivamente la infraestructura no está dada para ayudar a quienes piensan distinto. La creatividad, las ideas y la pasión están impecables. Falta generar una forma de facilitar y apoyar este talento, que lo haga volar y que lo posicione como nuestro baluarte regional de exportación. Faena es un ejemplo de esto: yo aquí no llegué solo, sino que me traje artistas, pensadores, creativos de Latinoamérica y les sumé otros del mundo entero. Si bien digo que llevo la región a cuestas, creo que no existen las banderas sino las ideas.

Reservado, pero rodeado de las mentes creativas más poderosas de nuestra era, Faena es especialista en constelar talentos a través de los cuales da vida a sus ideas. Esta constelación faénica no es algo etéreo, sino absolutamente concreto, y lleva el nombre de Faena Collaborative, una multitalentosa armada conformada por, entre otros, Sir Norman Foster, Francis Mallmann, Rem Koolhaas, Sho Shigematsu, Baz Luhrmann, Juan Gatti, Philippe Starck y Paul Qui.

¿Qué grado de involucramiento tiene el Faena Collaborative con la ejecución de cada proyecto?
Tiene total involucramiento. Faena es mucho más que una marca. Somos un movimiento en base a grandes pensadores, exploradores urbanitas y aventureros epicúreos quienes nos juntamos en una misma plataforma interdisciplinaria. El Faena Collaborative es un centro para la imaginación, un lienzo sobre el cual los participantes presentamos, desarrollamos y ejecutamos nuevos conceptos e ideas destinados a construir comunidades.

¿Cual es la importancia que tienen las ideas en la filosofía Faena?
Las ideas son motores que transforman la manera en la cual vivimos y pensamos. Son herramientas potentes con la facultad de cambiar el mundo por completo. Por esta convicción es que considero fundamental la existencia del Faena Collaboratory como “think tank” creativo; un verdadero laboratorio de ideas de donde germinan proyectos y se concretan realidades.

¿Como logras contagiar pasión a individuos creativos, con sus respectivos egos, bajo una misma idea?
Esto no es un sueño mío, sino de un montón de gente que empuja para el mismo lado con sus ideas. Me toca trabajar con mentes muy grandes y claro, con mucho ego, pero tienen en común que respetan las buenas ideas y ven su participación no como algo mayor ni menor, sino como algo que es parte de un todo. La gente inteligente respeta las ideas claras. Baz Luhrmann, por ejemplo, entiende que dentro de Faena está un storytelling, y eso es justamente lo que el hace: trabaja con guiones, con imágenes.

Juan Gatti, diseñador de Almodóvar y Spinetta entre muchos otros grandes, se refiere al Collaborative como “los nuevos románticos”. ¿Que hay de cierto en esto?
Mucho. Soy, por sobre todo, un storyteller. Me gusta contar historias y llevarlas a la vida. De eso es que se trata Faena: de hacer participes a distintas personas de una historia a través de ritmos, con sonidos, imágenes, colores y sabores. De una experiencia holística memorable.

¿Qué es para ti el lujo?
El lujo, para mí, es encontrar la sintonía de la vida. Las distintas facetas vitales, bien ecualizadas, generan el valor del instante, encauzan la atención al presente. Cuando uno logra transmitir eso, cuando la persona valora el segundo que está viviendo gracias a la instrumentalización de elementos en la justa medida, eso es lujo, y eso es el Universo Faena. Lo clave en el lujo es la impecabilidad y el cálculo en todo orden de cosas. Para mí no existe lo mayor y lo menor. No importa si haces una remera o un edificio, pero si lleva la misma impecabilidad, esfuerzo y excelencia ambos pueden generar el mismo impacto en una persona.

¿Hay algo en particular que te dé miedo?
Los miedos son parte de la realización. Si te dijera que no los tengo, sería mentira. Pero sí considero que los miedos me mantienen concentrado y atento. El miedo, como todo, es una sensación no del todo negativa, siempre y cuando uno sepa que no puedes sucumbir a él. El miedo bien puede ser el mar sobre el cual navegas, y lo que cohesione a tu equipo a llegar a puerto.

¿Vives hacia el próximo proyecto, o hacia el que está?
El proyecto que está, ya está; y el proyecto que viene es el hoy. Sé que tengo varios proyectos que se vienen, pero lo que más me motiva es disfrutar el proyecto del hoy. Lo que pasó ya fue, y lo que viene vendrá. No me quedo ni en el pasado ni pretendo estar en el futuro. El futuro está construido de presentes.

¿Una de las keyword que la prensa ha acuñado en torno a tu imagen, es “excéntrico”. ¿Qué opinas de esa caracterización?
Eso es algo que se ve desde afuera. Yo soy yo. Aprendí haciendo lo que hice gracias a ser quien soy. Nunca he sido otro. Mis ideas vienen de mi personalidad, de mi entendimiento vital, que permea todo: desde cómo me muevo, a cómo me visto y cómo pienso. Decir que alguien es excéntrico es subjetivo, y viene desde el punto opuesto, que es la normativización de todo. ¿Qué es raro? ¿Qué es excéntrico? Que me lo diga el que no lo sea. Todos debiésemos ser libre pensantes, todos debiésemos ser excéntricos. ESOS son los agentes de cambio, los que no se quedan achunchados en lo estándar. Los que empujan los límites, se atreven, se arriesgan y ganan. Faena, como lugar, tanto en Buenos Aires como en Miami, también responde a eso: un centro al que confluye gente que valora la individualidad y que entiende que todo puede ser distinto, todo puede ser mejor.

La decoración de interiores de Faena Buenos Aires estuvo a cargo del arquitecto y diseñador Philippe Starck, quien tomó inspiraciones criollas mezclándolas con vanguardia internacional

Con una superficie de 25.000 m2, el “Porteño Building” fue construido en 1900 con ladrillos traídos de Manchester, Inglaterra. Su función original era almacenar granos y cereales en la zona de Puerto Madero Este.

 

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